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jueves, 13 de febrero de 2014

Muertes en Ceuta.

MIGRANTES

por Ilka Oliva
(Para Resumen Latinoamericano)

10 febrero, 2014
La muerte de 15 inmigrantes subsaharianos indocumentados en la frontera de España y Marruecos ha puesto  nuevamente  a la Guardia Civil española en el ojo del huracán.

Sucedió en la valla de la ciudad fronteriza de Ceuta. La mañana del jueves 06 de febrero  más de 400 emigrantes subsaharianos intentaron cruzar la frontera, se lanzaron en masa al mar  por el lado de la playa del Tarajal con la finalidad de entrar por el lado de la ciudad autónoma de  Ceuta y trepar la maya que se adentra varios metros en el mar,  la Guardia Civil los sorprendió e intentó impedir que cruzaran, utilizando material anti disturbios en los que se cuentan balas de goma y gases lacrimógenos .  La misma negó haberlos utilizado pero testigos de ambos lados de la frontera denunciaron los hechos, lo que obligó a las autoridades a aceptar su mal procedimiento.

Valla de alambrado de púas en Melilla

Los cuerpos fueron encontrados en el mar del lado Marruecos.  21 organizaciones pro migrantes han interpuesto una denuncia antes la Fiscalía General del Estado para que investigue los hechos y si hay delito cometido en el procedimiento de las autoridades exigen dan con los culpables penales de las muertas.

No es la primavera vez que mueren emigrantes intentando cruzar hacia España. La frontera de Melilla es la vergüenza de las autoridades xenófobas, han llegado a colocar a lo largo de doce kilómetros de triple malla fronteriza y que consta de seis metros de altura,  objetos punzocortantes para hacer desistir de su intento de saltarla a emigrantes subsaharianos que solo buscan en Europa, una oportunidad de desarrollo que en sus países de origen no tienen. En la frontera de Melilla se pueden ver claramente: cuchillas y alambre de púas. Docenas de inmigrantes han sufrido heridas de gravedad, ya han muertos varios desangrados.

Los medios de comunicación  oficiales  no informan lo que está sucediendo en la frontera con Marruecos, a ninguna autoridad española interesa la vida de quien la arriesga para buscar una oportunidad de trabajo, comida.  De los migrantes indocumentados  se hace negocio, las niñas, adolescentes y mujeres  que logran cruzar la frontera y llegar a  tierra española son explotadas sexualmente en casas de citas, bares y cantinas,  como sucede en la frontera de Tapachula, entre México y Guatemala y en las ciudades fronterizas de Tijuana, Ciudad Juárez, entre México y Estados Unidos. El aumento de niños y adolescentes que son secuestrados con fines de explotación sexual, también es alarmante.

Pero no sucede solo en España, Italia y su política migratoria y la cantidad de emigrantes africanos que han muerto en los mares fronterizos son un ejemplo claro que Europa niega rotundamente la bienvenida a los emigrantes sin documentos. Los  golpean, los humillan, los torturan, los deportan. En el caso de Italia que se atreven a burlarse de ellos  otorgándoles ciudadanía  solamente a quienes fallecen en sus tierras, mientras que quienes logran llegar con vida son torturados y deportados.

Lo cierto es que si las autoridades de países europeos agreden a los emigrantes indocumentados por su parte los traficantes de los mismos también hacen de las suyas, llegar a la frontera de Marruecos no es cosa fácil.  En acuerdo con las autoridades marroquíes los asaltan, golpean, violentan sexualmente antes de deportarlos o cobrarles fuertes sumas de dinero para dejarlos llegar hasta la frontera de Melilla o Ceuta.

No importa en qué frontera del mundo se encuentra una persona emigrante sin documentos, las autoridades no respetan sus Derechos Humanos sea este un país en desarrollo o egoístamente llamado potencia mundial, de humanidad no tienen nada las leyes migratorias y la mayoría de quienes las ejercen tampoco.

El maltrato va desde el traficante de personas, policía migratoria y  entidades gubernamentales que ven a quien no tiene documentos como un ser digno se ser explotado, violentado y asesinado o desaparecido.

El reciente hallazgo de 500 cuerpos en fosas clandestinas en Coahuila, México, tiene en alerta a organizaciones pro emigrantes que saben perfectamente que el crimen organizado en conjunto con autoridades policiales y gubernamentales han encontrado en los emigrantes indocumentados  un negocio millonario, en los que el fin de explotación  sexual ocupa el primer lugar, el segundo es el tráfico de órganos.

Recientemente Agentes del grupo interinstitucional, encabezados por la Fiscalía Especializada  para la Atención contra Delitos Cometidos contra Inmigrantes, rescataron a 24 indocumentados en los que se encontraban guatemaltecos y somalíes. De ellos 16 guatemaltecos que se encontraban  encerrados en un cuarto de una pensión en San Cristóbal de las Casas,  y 8 hombres y 2 mujeres somalíes en la ciudad de Palenque.

Lo triste de la historia es que se trata de un peregrinaje continuo y no es ningún consuelo que autoridades gubernamentales ?los rescaten? porque se sabe de sobra que las mismas están en mancuerna con el crimen organizado. Solo que ya con la intervención de éstas todo es más fácil pues son las que acreditan el papeleo que hace de los invisibles y clandestinos las fresca carne de la explotación indocumentada. Queda claro pues que tercermundista o potencia mundial el clandestino sigue siendo amedrentado, violentado y explotado. Los infiernos de la explotación laboral y sexual son de ley, su primera instancia.

Seguramente con el caso de la Guardia Civil  y los emigrante subsaharianos ahogados en la frontera de Ceuta se hará lo mismo de siempre: decorarlo con tinta sangre de impunidad.

sábado, 11 de enero de 2014

Panamá celebra día de heroísmo y amor a la patria.

PANAMÁ

 Contrainjerencia


LUIS MANUEL ARCE * / PL ? Panamá celebra quizás con más amor que nunca el 50 aniversario de una de las gestas patrióticas más hermosas y sublimes de la historia del país, como fue la defensa de su bandera nacional el 9 de enero de 1964. Aunque se ha escrito mucho de aquellos hechos, vale la pena recordarlo, en especial en esta jornada realizada cuando ya la fecha no es un mero día de descanso turístico al cual la habían reducido cuando la convirtieron en día puente, feriado, para que la gente se fuera a la playa y no tomara en cuenta lo que se conmemoraba.

Ahora, tras una ley exigida por las grandes mayorías y aunque firmada con reticencia y atraso por el gobierno, el 9 de enero dejó ser de asueto y vuelve a ser Día de duelo nacional en homenaje a sus héroes y mártires.

Cuando se mira hacia lo alto de Cerro Ancón desde cualquier punto cardinal de la ciudad, se ve flamear entre la fronda virgen una bandera de Panamá que llama la atención por sus enormes dimensiones, pero hay un simbolismo muy fuerte en ella.

Fue izada allí el 1 de octubre de 1980, cuando entraron en vigor los acuerdos Torrijos-Carter de 1977 que devolvieron a Panamá, 20 años más tarde, en 1999, el Canal y su Zona Militar.

Y he aquí donde se imbrica una linda historia de heroísmo y amor a la patria que da contenido especial a esa imagen con la cual se levantan y acuestan día a día los capitalinos, pues por ley la bandera de Cerro Ancón siempre está izada.

La historia, conocida como Día de los Mártires, tiene su desenlace el 9 de enero de 1964, aunque sus antecedentes más remotos datan de 1903, cuando las cuadrillas de estadounidenses comienzan a construir las obras del Canal de Panamá, culminadas 11 años después.

El Canal -y su posterior vigilancia militar- permitió que en una larga franja de cinco millas de ancho a uno y otro lado de la vía interoceánica se asentaran núcleos familiares que, siendo estadounidenses por cultura, costumbres y defectos, se manifestaran como un grupo humano aparte, aunque también involucraron a otras personas de origen no estadounidense.

Fue así que adoptaron hasta un gentilicio, ?zonians? (en inglés) o zoneítas (en español), para diferenciarse de los estadounidenses radicados en su país natal, y de los ciudadanos panameños.

Los ?zonians?, en su raíz con muchos puntos conceptuales en común con los ?afrikanders? de Sudáfrica, vivían un régimen de apartheid y en sus dominios, delimitados en toda su extensión por cercas perimetrales, no se permitía la presencia de nadie que no fuesen ellos.

La discriminación era absoluta, y no solamente hacia fuera de la zona, sino hacia su interior también, pues la colonia de negros que convivían con ellos, principalmente antillanos, empleados del Canal o servidumbre, eran tan discriminados como los de Louisiana y el resto del sur de Estados Unidos.

Estados Unidos consideraba ese pedazo de territorio nacional panameño como suyo dentro de la República y, por lo tanto, la única bandera que podía flamear en toda la Zona era la estadounidense.

Por allí comenzaron los problemas. Después de muchas presiones los panameños lograron que el gobernador de la zona aceptara que junto a la estadounidense se izara también la bandera nacional, excepto en las bases militares.

Pero los zoneítas desestimaron dicho acuerdo y continuaron enarbolando solamente la estadounidense.

Enterados de la negativa de izar el pabellón nacional, un grupo de 200 estudiantes panameños del Instituto Nacional hablan con la gobernación y obtienen permiso para izar su bandera y cantar el Himno Nacional al lado del asta frente a la Escuela Superior de Balboa, dentro de la zona.

Pero al marchar hacia allí son detenidos por agentes de policía zoneístas, con quienes acuerdan que sólo una delegación de cinco estudiantes llegue hasta el plantel a cumplir la misión para la cual habían recibido autorización.

Los cinco estudiantes tratan de cantar el Himno en el lugar de ceremonias, rodeados por más de dos mil estudiantes y padres de familia zoneístas de ese colegio, pero son abucheados y agredidos para arrebatarles la bandera.

El ataque es tremendo. Los muchachos se aferran a la bandera para no dejársela quitar, pero es casi imposible. Los zonians tiran de ella, la rompen, tiran sus despojos al suelo y los pisan en una danza desenfrenada que llena de ira a los cinco institutores, quienes tratan de rescatar los jirones a puñetazo limpio.

Los agentes de policía de la Zona, en lugar de protegerlos de aquella enloquecida jauría gringa, los repelen a palazos, y con lágrimas de impotencia corren hacia donde están sus compañeros, perseguidos por los zoneítas pero abrazados a la bandera rescatada.

Están en minoría frente a los atacantes y se repliegan hacia una avenida cercana, la 4 de Julio, donde se atrincheran para hacerles resistencia con piedras y palos. Mucha gente conoce la afrenta a la bandera y marchan hacia el teatro de los hechos, donde son recibidos con disparos y empiezan a caer heridos.

Un valeroso joven, Ascanio Arosemena, desafía los tiros para auxiliar a sus compañeros heridos de bala, y en esa tarea cae mortalmente abatido por un disparo de fusil.

    
Ascanio Arosemena, ayudando a los heridos, antes de caer abatido

Es el primero de los 23 jóvenes asesinados por el ejército estadounidense en aquella jornada patriótica.

Cae la noche y la hostilidad continúa. Suman miles los panameños que salen de todos los puntos de la ciudad a apoyar a sus jóvenes y defender la bandera mancillada. La policía zoneísta es doblegada y piden la ayuda del ejército acantonado en la zona.

El general Andrew P. O?Meara, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, asume la autoridad y despliega la Brigada de Infantería 193 a las ocho de la noche con armas pesadas y de largo alcance.

Los fusiles y ametralladoras se imponen, las orugas de los tanques hollan el suelo patrio y todo el sector limítrofe de la zona se convierte en un infierno.

El hospital Santo Tomás queda abarrotado de heridos y no tiene espacio para más víctimas. Pide apoyo a otros centros para que atiendan los heridos.

Amanece igual que anocheció, con la variante de que hay nuevos heridos. Se reúnen la OEA y el Consejo de seguridad de la ONU, donde las denuncias de Panamá son apoyadas pero sin efecto práctico alguno. Para entonces los muertos sumaban más de una veintena y los heridos más de 500.

Tuvieron que pasar muchos años para que en la Zonal del Canal, hoy zona revertida, flotara en solitario y soberana la bandera que con tanto amor y patriotismo defendieran aquellos cinco jovencitos en la escuela superior de Balboa, y por la cual diera su vida Ascanio Arosemena.

Han pasado 50 años desde entonces, y hace ya 14 que el Canal y su Zona son enteramente panameños. Los zonians, quienes al final de cuentas no pasaron de ser una entelequia, ya no existen y apenas si pueden ser calificados criaturas de un pasado bochornoso felizmente superado.

Aquella avenida ensangrentada pasó a llamarse avenida de los Mártires, y es precisamente donde está enclavado un largo muro que artistas populares de El Kolectivo han tratado de usar como mural para recordar la gesta patria y el gobierno se los impide.

Cada vez que pintan obras alegóricas, el Ministerio de Obras Públicas las borra por orden expresa del presidente, Ricardo Martinelli. Tampoco en las escuelas se imparte ya la materia Relaciones Panamá-Estados Unidos, la cual fue sustituida en 2012 por Historia Departamental y Republicana de Panamá.

Pero gracias a aquellos jóvenes y a otros muchos como ellos, los panameños de hoy pueden mirar cada día con orgullo hacia la cima del Cerro Ancón y ver cómo flota libre y única la bandera que defendieron con el alma y con la vida.

sábado, 5 de mayo de 2012

Antonio Castela, de 72 años, es el taxista que ‘cree que él recogió a Madeleine McCann la noche después de su desaparición, pero no fue tomado en serio cuando reportó el incidente a la policía’.



Castela, dijo que “está seguro de que  la niña era la pequeña Madeleine con  pijama rosa junto a  cuatro adultos, el 4 de mayo de 2007”.
Mientras tanto, la búsqueda de Maddie continúa en la localidad española de Nerja, donde,  Rose Johnson, de 70 años, volvió a ver a la niña jugando en la playa de  Penoncillo el verano pasado.
El vocero de los  McCann dijo que “Esto es profundamente chocante ya  que nunca se entrevistó al Sr. Castela acerca de su posible avistamiento de la niña desaparecida”.
El taxista dijo que “fue a la Polícia Judiciária (PJ), Portugal CID, después de ver a  tres hombres, una mujer y una niña parecida a Madeleine que subió a su taxi en la noche del 4 de mayo de 2007 en el Algarve, el viaje duró cerca de una hora de Praia da Luz, donde desapareció Maddie la noche anterior”.
Castela dijo al Evening Standard: “Después me fui a la policía, nunca he oído nada de ellos otra vez. No me parece que lo tomaran en serio”.
“Me sorprende que han pasado cinco años y nadie me ha preguntado lo que vi esa noche. Estoy absolutamente seguro de que era ella”.
Clarence Mitchell, portavoz de la familia McCaan dijo: “El señor Castela hizo lo correcto en el momento de la presentación de informes de su avistamiento a la PJ”.
“Está claro que es muy sorprendente que ahora nos dice que no ha sido entrevistado por un detective, una vez en cinco años”.
En declaraciones en  la página web de noticias de la prensa española, Rose Johnson, de 70 años, dijo que “vio a Maddie, mientras comía  en el restaurante Merendero con una pareja en agosto del año pasado”.
Y que: “Nos sorprendió bastante cuando la vimos en la playa, era igual a  Maddie”.
Johnson describió a la gente: “Eran de  piel oscura en contraste con la tez blanca de la niña”.
“Los  vio posteriormente en grupo al cruzar la calle y entrar en un coche con matrícula portuguesa. Fue muy, muy extraño. Ella tenía unos ocho años y parecía de un cuento de hadas, y en un mundo propio”.
La noticia surgió cuando Gerry y Kate McCann revelaron que el hermano y la hermana de Madeleine McCann querían  unirse a la búsqueda de la niña cuando crezcan.
Pero a medida que se cumple el quinto aniversario de la desaparición de su hija, Kate y Gerry McCann desean  proteger a los gemelos de asumir la ‘carga’ que viven todos los días.