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viernes, 10 de enero de 2014

Argentina en la Antártida.

Tensión en la Antártida

Historia. Hace más de 60 años, un conflicto entre fuerzas británicas, argentinas y chilenas estuvo a punto de quebrar la paz del continente blanco.


Primero de febrero de 1952: militares argentinos del Destacamento Naval Esperanza, en la Antártida, evitan mediante fuego de ametralladora el desembarco de una fuerza británica que, a bordo del buque John Biscoe y desoyendo sus advertencias, buscaba reconstruir una base destruida por un incendio en 1948. El 15 de febrero de 1953, infantes de marina británicos armados con ametralladoras, rifles y gas lacrimógeno desembarcan en la Isla Decepción, destruyen instalaciones chilenas y el refugio argentino “Teniente Cándido de Lasala” expulsando a sus ocupantes. Estos hechos, silenciados en su momento por las cancillerías –lo que llevó a los historiadores antárticos a referirse a ellos como a “la guerra silenciosa de la Antártida”– fueron picos de la tensión entre fuerzas británicas, argentinas y chilenas registrada en el continente blanco entre 1939 y 1958.
Para el historiador Pablo Fontana, que puso la lupa en los primeros diez años de ese período, el detonante de esas tensiones fue la campaña antártica emprendida en 1939 por el Tercer Reich con el objetivo de obtener aceite de ballena. Fontana, que es licenciado en historia por la UBA y actualmente prepara un libro sobre este momento de la historia antártica, postula que Gran Bretaña utilizó como excusa esa campaña y hechos posteriores, como la captura de la flota ballenera noruega por el corsario alemán Pinguin, en 1941, para desplegar flota en la zona e instalar bases que sustentaran futuros reclamos de soberanía. Y afirma que lo hizo con un objetivo imperial frente al avance argentino en la región: la mayor presencia británica en la Antártida, sobre el final de la Segunda Guerra y el principio de la posguerra, coincidió con un momento en que Alemania estaba en fuerte retroceso primero y definitivamente vencida después, mientras que la acción de corsarios del Tercer Reich que interceptaban balleneros de otros países se desarrollaba a cientos de kilómetros del lugar donde se desplegó la iniciativa de Gran Bretaña, que coincidió con aquellos sitios donde se habían establecido puestos argentinos.
Fontana expuso recientemente sus investigaciones en el XIII° Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos en Ushuaia organizado por el Museo Marítimo de esa ciudad y la Comisión Antártica de Tierra del Fuego. Entre los aspecto más novedosos de su trabajo destaca el peso que atribuye a las acciones del Tercer Reich en la Antártida como detonante del período de conflicto. Y el postulado según el cual la Operación Tabarin, una acción militar británica de carácter secreto entre 1943 y 1945, no tuvo como objetivo (como oficialmente se sostuvo) defenderse de los alemanes, sino evitar la presencia argentina en la Antártida.
Aquella campaña del nazismo obedecía a un doble propósito: geoestratégico y económico. Alemania, que había perdido sus colonias en la Primera Guerra Mundial y con ellas sus principales fuentes de grasas animales, consumía en los años 30 la mitad de la producción mundial de aceite de ballena. En 1935, a dos años de la asunción del gobierno nacionalsocialista, se creó una flota ballenera que en 1936 zarpaba desde Hamburgo hacia la Antártida logrando economizar el 30% del consumo de margarina y el 8% de grasas.
La campaña de 1938/39, ya en medio de un clima de guerra, apuntó a sentar las bases para la obtención de un territorio antártico alemán donde poder obtener ballenas sin pagar impuestos y contar con un punto de gran importancia geopolítica. El interés se centraría en el Territorio de la Reina Maud, despertando las quejas inmediatas de Noruega, Gran Bretaña y Australia, desoídas por los alemanes. El estallido de la guerra obligó a cancelar la siguiente parte del plan, de instalar una base alemana permanente en la Antártida. Con todo, durante la Segunda Guerra distintos barcos alemanes concretaron misiones en la Antártida. Entre ellos, los corsarios: buques mercantes transformados en interceptores artillados de balleneros de otras naciones.
Las campañas alemanas, el estallido de la guerra y el accionar de los corsarios nazis provocaron una fuerte avanzada británica en sus reclamos territoriales, que iba a colisionar con los reclamos de soberanía del gobierno argentino, con presencia en la zona desde 1904, y también con los del gobierno chileno.
Las primeras diferencias entre argentinos y británicos se basaron en cuestiones cartográficas. A partir de estas disputas, los argentinos reforzaron sus reclamos a través de ex- pediciones a los sectores en discusión: en 1942 la campaña antártica incluyó el jalonamiento de puntos en conflicto con objetos como banderas, faros, balizas y material de estudio. Todos estos elementos fueron retirados un año más tarde por fuerzas británicas que los reemplazaron por otros similares, pero propios. En la siguiente campaña antártica argentina, los buques serían escoltados a distancia prudencial por naves británicas que los tuvieron “a tiro de cañón” durante toda su travesía. A pesar de eso, retiraron elementos ingleses y colocaron en su lugar otros argentinos.
Según Fontana, “alarmado por las actividades argentinas, el gobierno británico respondió con la operación Tabarin (1943/1945), una acción militar secreta que consistió en el patrullaje de la península Antártica y de las islas adyacentes además de la instalación de cuatro bases permanentes en la región”. La operación fue llevada a cabo por el almirantazgo bajo la orden de la Colonial Office con el argumento de evitar la utilización de puertos antárticos por parte de buques alemanes. Sin embargo, apunta el autor, buscaba cumplir el requisito legal de ‘ocupación efectiva’, el cual sería útil si la disputa con los argentinos se sometía a arbitraje.
Con el fin de la guerra las tensiones llegaron a su punto máximo. La Operación Tabarin continuó bajo el nombre de “Falkland Islands Dependencies Survey” y se produjo el mayor despliegue militar de toda la historia antártica.
La emisión de sellos postales británicos con la península Antártica bajo el título de Falkland Islands Dependencies y la consiguiente protesta de la cancillería argentina; la instalación de bases de ambos países en puntos estratégicamente sensibles para el otro y el episodio del barco argentino Fournier –que presentó conflictos de asentamiento con los británicos– fueron algunos de los hechos que generaron tensión. La decisión de Perón de reforzar la presencia militar en la zona en 1947/48 llevó al gobierno británico a “discutir la posibilidad de expulsar a las dotaciones argentinas utilizando a las fuerzas armadas, mientras el Departamento de Estado estadounidense temía que estallara un conflicto armado entre los tres países implicados”, dice Fontana.
En 1948, Perón envió a la flota de mar a la Antártida mientras los cancilleres argentino y chileno mandaban notas a los servicios diplomáticos británicos en las que consideraban ilegítima la soberanía británica en el sector antártico de ambos países.
La firma de un acuerdo naval entre los tres gobiernos en pugna, en el que se proponían no enviar a la zona en discusión naves mayores a una fragata ni hacer demostraciones navales al sur del paralelo ‘60, contribuyó a bajar la tensión. Esa tregua antártica, renovable anualmente, posibilitó una tensa convivencia.
Sólo la firma del Tratado Antártico, en 1959, terminaría definitivamente con el mayor período de tensiones entre argentinos, británicos y chilenos en la historia del continente blanco.

jueves, 3 de enero de 2013

La presidente Cristina Kirchner, envió una carta abierta al primer ministro británico David Cameron, reiterando la solicitud para que Reino Unido acate los llamados para que ambos países negocien sobre la soberanía de las islas Malvinas.



La carta es con fecha 3 de enero, cuando se cumplen 180 años de la usurpación de las fuerzas británicas a las islas, y cuando será publicada por los periódicos británicos.
Copia de la  misiva, se envió al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.
Cristina Kirchner menciona  en la carta:  ‘las Malvinas se encuentran a 8.700 millas (14.000 kilómetros) de Londres y  la Marina británica expulsó a los argentinos que originariamente habitaban el archipiélago reemplazándolos por británicos, en un ejercicio evidente de colonialismo en el siglo XIX’.
Además agrega  que, ‘tras esa expulsión, comenzó un proceso de implantación de población similar a la aplicada a otros territorios bajo dominio colonial, y desde entonces Reino Unido se ha negado a devolver los territorios’.
También  resaltó que: ‘el reclamo argentino por las Malvinas es una causa abrazada por América Latina y por una gran mayoría de los pueblos y gobiernos de todo el mundo que rechazan el colonialismo’.
Y  recordó el llamado de la ONU a: ‘zanjar el colonialismo en todas sus formas y manifestaciones y mensajes que otros organismos han dictado para pedir una negociación sobre el conflicto por este tema’.
‘En 1960 la ONU llamó a poner fin a todas las formas de colonialismo, mientras que en 1965 la Asamblea General de ese organismo adoptó una resolución considerando que Islas Malvinas es un caso de colonialismo e invitó a los dos países a negociar una solución al diferendo’.

jueves, 16 de febrero de 2012

En el día de ayer, el gobierno de Barack Obama admitió que “no le preocupa la militarización del Atlántico Sur” denunciada por Argentina ante las Naciones Unidas la semana pasada.



Además, dejo en claro que “no tiene razones para cuestionar las explicaciones británicas respecto de su presencia militar en la zona de Malvinas”, con el argumento de que “es la normal para esta época del año”.
Esto es también un revés para el Gobierno argentino que hace pocos días tuvo la intención de involucrar más a los Estados Unidos en el conflicto con Gran Bretaña por la posesión de las islas.
Victoria Nuland, vocera de Hillary Clinton, admitió que para Washington “no hay motivo de preocupación ante la supuesta militarización de la zona” y que “no tiene motivos para dudar de las explicaciones de Londres al respecto” luego de que un periodista le preguntase sobre el tema.
“Gran Bretaña nos ha dejado claro a nosotros y a los argentinos que su presencia naval en la zona es la normal y la esperable para esta época del año” aseguró Nuland, concluyendo “no tenemos razones para cuestionar eso”.
La definición del Departamento de Estado se conoció apenas horas después de que el presidente Barack Obama tuviera un contacto telefónico con el primer ministro británico, David Cameron. De todas maneras, y según fuentes de la Casa Blanca, no parece que Malvinas haya sido el tema; al parecer hablaron de Siria y de Afganistán.
De todas formas, Cameron hablo sobre las Malvinas con el presidente de Chile, Sebastián Piñera, aunque no trascendieron detalles de tal conversación.
Que Estados Unidos no se involucre en la cuestión pone en riesgo la prosperidad de la denuncia argentina ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sin el apoyo de los EE.UU. el tema restará importancia en el órgano internacional.
Además, la administración de Obama advirtió de que “se trata de una cuestión bilateral que tiene que ser solucionada entre las partes”.