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miércoles, 20 de agosto de 2014

DESASTRE MINERO EN CANADA.

DESASTRE MINERO EN CANADA

EXTRACTIVISMO

(AW) En la Columbia Británica de Canadá, colapsó el dique de colas de la mina Mount Polley, El colapso de la presa derramó 15 millones de metros cúbicos de aguas residuales, lodos y metales pesados, lo que equivale a 6 mil piscinas olímpicas vertidas al arroyo Hazeltine que desemboca en el lago Quesnel. Esta mina es propiedad de la empresa Imperial Metals Corp y del petrolero Murray Edwards, una de las personas más ricas del país, quien vio desplomar las acciones de su empresa un 44 por ciento en la Bolsa de Toronto.

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Comunicado del Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero
Ante el peor desastre minero de Canadá

Rebelión

Este 4 de agosto de 2014 se ha registrado uno de los desastres mineros más grandes de la historia de Canadá cuando colapsó el dique de colas de la mina Mount Polley, en la provincia de Columbia Británica. Esta mina es propiedad de la empresa Imperial Metals Corp y del petrolero Murray Edwards, una de las personas más ricas del país, quien vio desplomar las acciones de su empresa un 44 por ciento en la Bolsa de Toronto.
El colapso de la presa de jales derramó 15 millones de metros cúbicos de aguas residuales, lodos y metales pesados, lo que equivale a 6 mil piscinas olímpicas vertidas al arroyo Hazeltine que desemboca en el lago Quesnel.
Las autoridades canadienses prohibieron el uso de agua de aguas superficiales y subterráneas a los pobladores locales. El impacto sobre la producción de salmón podría ser irreversible así como otros daños ambientales. Según el Inventario de Medio Ambiente del Consejo Canadiense de Emisiones Contaminantes, la mina Mount Polley generó solo durante 2013, 403 mil kg de arsénico, 38 mil kg de plomo y 600 kg de mercurio, entre otras sustancias tóxicas. Se calcula que tan solo por compensación a los daños ambientales podría superar varios cientos de millones de dólares. El presidente de la empresa ha admitido públicamente que no tiene los recursos económicos disponibles para cubrirlo.
La mina a tajo abierto de cobre, oro y plata opera desde 1997 en medio de otras 50 minas en la provincia donde ya se habían registrado otros derrames y preveía producir durante 2014 alrededor de 47.000 onzas de oro, 44 millones de libras de cobre y 120.000 onzas de plata.
El desastre de la mina Mount Polley casi en el mismo momento que acontecieron otros dos lamentables episodios: el rebalse del dique de colas de la empresa minera Santiago Apóstol, ubicada en Potosí, Bolivia, el cual derramó cerca de 30 mil toneladas de desechos minerales a lo largo de 20 km, y aún no se tiene certeza respecto a cuánto de ese material tóxico llegó hasta el río Pilcomayo. El otro evento se produjo cuando empresa Buenavista del Cobre ubicada en el mexicano estado de Sonora registrara una “falla” en la tubería de una represa denominada Tinaja, derramando 40 mil metros cúbicos de desechos de lixiviados llenos de residuos químicos que afectan directamente las aguas de los ríos Bacanuchi y Sonora, en el norte del país.
Cada uno de estos “accidentes” demuestran los altísimos daños que el Modelo Extractivo Minero ocasiona. Demuestra también el falso discurso “verdes y sustentable” de los empresarios mineros y la nula “responsabilidad social corporativa”, cuando prácticamente desde los inicios las comunidades donde se implantan crean graves enfermedades a la población y terribles conflictos sociales y de inseguridad. Otra conclusión que podemos sacar de estos hechos es la deficiente regulación que ostentan tanto el gobierno canadiense como de los gobiernos de Latinoamérica en materia minera, quienes solapan y protegen a este tipo de megaproyectos en beneficio de las empresas y no de sus poblaciones.
En esas condiciones ¿Qué podemos esperar de los gobiernos y sus regulaciones? ¿Qué podemos esperar de su modelo de “desarrollo”? Y la respuesta es impunidad, corrupción y violaciones a los derechos humanos y colectivos.
Por eso las y los integrantes del Movimiento Mesoamericano contra el Modelo extractivo Minero – M4 manifiesta su enérgico y total rechazo a este modelo de extracción de metales; manifestamos también nuestro repudio y exigimos se les rinda cuentas a los dueños, funcionarios y directivos operadores de las empresas Imperial Metals Corp, Santiago Apóstol y Buenavista del Cobre del Grupo México por los gravísimos daños ocasionados por su negligencia y falta de supervisión.
Denunciamos también la irresponsabilidad de los gobiernos de Canadá, Bolivia y México por la omisión de las leyes nacionales e internacionales en materia de los derechos humanos y colectivos, recurrentemente violentados. En especial hacemos un enérgico señalamiento al gobierno canadiense, quienes a través de sus embajadores y embajadoras en todo el mundo son copartícipes de los engaños y mentiras de las empresas mineras inspcritas en Canadá, a la vez que ponderan y facilitan el enriquecimiento de las mismas y viven plenamente el desinterés por la protección del ambiente y los derechos humanos.
El M4 nos solidarizamos con el pueblo canadiense, boliviano y mexicano y en especial con los pueblos indígenas, que sabemos el daño a su territorio irremediablemente ocasiona a la vez el daño a la vida misma de su etnicidad y cultura.
Hacemos un llamado para seguir fortaleciendo el establecimiento de Territorios Libres del Modelo Extractivo Minero. Redoblemos esfuerzos de los trabajos preventivos para evitar el arribo de la depredación de las empresas mineras en nuestros territorios. Defendamos la vida frente a estos proyectos de muerte. Detengamos este crimen de estado y este crimen corporativo enfrentándolos con la unidad de los pueblos.
De la Patagonia hasta Canadá ¡LA MINERIA NO VA!
Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero (M4)
Ver vídeo magnitud del desastre en Canadá

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lunes, 3 de febrero de 2014

La crisis del panamericanismo.

ECOS DE LA CUMBRE DE CELAC

POR PEDRO DE LA HOZ

La concertación puesta en marcha con la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, cuya II Cumbre tuvo lugar en La Habana, recuerda por contraste la crisis del panamericanismo, instrumento concebido por Estados Unidos en las postrimerías del siglo XIX para ejercer la hegemonía imperial en el continente.

Vástago de la Doctrina Monroe proclamada tempranamente en 1823 ?América para los (norte)americanos?, comenzó a delinearse en la Conferencia Internacional Americana de Washington, que transcurrió entre1889 y1890, y en la cual EE.UU. disimuló sus apetencias neocoloniales mediante el establecimiento de la Oficina Internacional de las Repúblicas Americanas, que veinte años después en Buenos Aires, siempre bajo el control de la Secretaría de Estado, derivaría en la Unión Panamericana.


José Martí

Tempranamente el genio político de José Martí, quien a la sazón fungía como Cónsul del Uruguay, advirtió las reales pretensiones de la cita continental en la capital norteamericana, sobre las que escribió en una crónica publicada en dos partes por el diario bonaerense La Nación.

Para Martí "jamás hubo en América, de la independencia a acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo".

Profundo conocedor de la realidad norteamericana y de la evolución social y económica de esa nación, Martí desmonta uno a uno los argumentos con que Washington intenta seducir a los gobernantes de los países al sur del Río Bravo y plantea como cuestión de fondo: "De una parte hay en América un pueblo que proclama su derecho de propia coronación a regir, por moralidad geográfica, en el continente (... ) mientras pone la mano sobre una isla y trata de comprar otra, que todo el Norte de América ha de ser suyo, y se le ha de reconocer derecho imperial del Istmo abajo, y de otra están los pueblos de origen y fines diversos, cada día más ocupados y menos recelosos, que no tienen más enemigo real que su propia ambición, y la del vecino que los convida a ahorrarles el trabajo de quitarles mañana por la fuerza lo que le pueden dar de grado ahora".

Ese pretendido derecho imperial se manifestó a lo largo del siglo XX mediante la penetración financiera y económica, los manejos diplomáticos (el panamericanismo propiamente dicho) y la injerencia directa, que apeló al uso de la fuerza (invasiones y ocupaciones militares) y la manipulación y apoyo a estamentos castrenses o civiles locales (golpes de estado y gobiernos títeres), práctica desembozada por décadas, hasta que en tiempos más recientes pusieron de moda operaciones encubiertas por parte de la comunidad de inteligencia, agencias gubernamentales y organizaciones pantalla.

La Doctrina Monroe, que enarboló a principios de la pasada centuria el Big Stick y se travistió luego con el ropaje del Buen Vecino, permeó la esencia de la diplomacia norteamericana en las Conferencias Interamericanas y Reuniones de Consulta llevadas a cabo entre 1910 y 1945, año este en que durante el cónclave efectuado en México, ante unos Estados Unidos triunfantes en la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos de la región, salvo la Argentina peronista excluida de la cita, se pliegan al interés de Washington por liderar el orden mundial. Dos años después, en Río de Janeiro, coincidiendo con los primeros aires de la guerra fría, nació el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), instrumento que facilitó el intervencionismo militar estadounidense, y en 1948, en una Bogotá convulsionada por el asesinato del político liberal nacionalista Jorge Eliecer Gaitán, se fundó la Organización de Estados Americanos (OEA), escenario diplomático propicio para el ejercicio de la dominación por parte de la Casa Blanca.

El ejemplo más evidente de la asimétrica relación de EE.UU. con el resto del continente en el seno de la OEA se dio cuando Cuba, donde había triunfado la Revolución, fue suspendida de la organización en 1962 debido a las presiones de Washington sobre sus su-puestos pares, que con la honrosa excepción de México, unos primero y otros después, se adhirieron a los deseos del vecino del Norte.

Justamente la Revolución Cubana encendió la alarma de los gobernantes y el gran capital norteamericano. Había que hacer algo que pareciera, aunque fuese en realidad una operación cosmética, ventajoso para los países de Amé-rica Latina y el Caribe.

Fue así como la administración Kennedy implementó la Alianza para el Progreso en 1961. Proyectada para diez años y con un monto financiero de 20 000 millones de dólares, la oferta se concretó en Punta del Este, Uruguay, en agosto de1961. Cuba, que todavía se hallaba en la OEA, denunció la estratagema imperial y no firmó el acta final. Su representante en el foro, el comandante Ernesto Che Guevara, se convirtió en la figura más aclamada por los pueblos.

Algunos analistas atribuyen el fracaso de la Alianza para el Progreso a la falta de apoyo al programa por parte de las administraciones que sucedieron al asesinado presidente, cuando lo cierto fue que su alcance estaba condenado a no tomar vuelo desde su propia concepción, debido a los perfiles demagógicos de la mayoría de los gobiernos imperantes, la mediación interesada del sector privado y la ineficacia de los mecanismos puestos en juego por la Alianza.

Como se sabe, la última gran tentativa norteamericana por asegurarse el dominio económico de la región tampoco resultó: el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA). De acuerdo con la lógica imperial, una lectura de los años 90 del pasado siglo indicaba que era el momento de subsumir las economías de los pueblos de la región en el nuevo orden planetario que se suponía sucediese a la bipolaridad norteña. Con las izquierdas tradicionales replegadas y el apogeo de las doctrinas neoliberales, se lanzó la iniciativa del ALCA en el transcurso de la agenda de las Cumbres de las Américas, que comenzaron su andadura en 1994. Pero esa lógica, como era de esperar, no contó con el fracaso del modelo neoliberal, ni con el renacer de las fuerzas progresistas en el continente, ni con las perspectivas de nuevas posibilidades de asociación entre los países latinoamericanos y caribeños ajenos a la tutela. Ni con la inclaudicable firmeza y resistencia del pueblo cubano, ni con la emergencia de un líder de la talla de Hugo Chávez, que al reanimar el ideario bolivariano contribuyó a construir un escenario diferente para los pueblos de nuestra América.

En el 2005, la IV Cumbre de las Américas expidió el certificado de defunción del ALCA, suscrito por las posiciones insobornables de Chávez, el anfitrión Néstor Kirchner, el uruguayo Tabaré Vázquez, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y el clamor de los movimientos sociales convocados por la Cumbre de los Pueblos, a la que asistió el futuro presidente de Bolivia, Evo Morales. El mandatario norteamericano salió literalmente con el rabo entre las piernas de Mar de Plata.

Ese fue el fin de más de un siglo del panamericanismo made in Washington, que se ha quedado con la fórmula de los tratados bilaterales de libre comercio como herramienta para ejercer la hegemonía. La espiral ascendente emprendida por mecanismos de integración como el ALBA, MERCOSUR, la Asociación de Estados del Caribe, incluyendo valiosos antecedentes como el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), ha venido demostrando que es posible un entendimiento intrarregional independiente.

Ahora en un ámbito mucho mayor e inclusivo corresponde a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) dar un impulso definitivo al proyecto de integración propia.

martes, 29 de enero de 2013

El vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, leyó una carta de Hugo Chávez, quien aseguró que presta singular atención al desarrollo de la cumbre de la Celac y la UE.



“Es un acto de justicia, luego de más de 50 años de resistencia al criminal bloqueo imperial de los Estados Unidos”, dijo Chávez en referencia a la presidencia pro tempore de Cuba en el bloque.
Y agregó: “América Latina les está diciendo que todos los intentos por aislar a Cuba han fracasado y fracasarán”.
Y parafraseó al historiador argentino Jorge Abelardo Ramos: “Existe una cuestión nacional sin resolver: América Latina no se encuentra dividida porque es subdesarrollada, es subdesarrollada porque está dividida”.
Chávez subrayó la necesidad de dar cumplimiento a los compromisos sociales asumidos en la Celac.
El presidente destacó “el desarrollo del programa latinoamericano y caribeño de alfabetización y el plan para la erradicación del hambre”.
“La gran política supone un aprendizaje permanente, aprender a convivir con diferencias, aceptarlas, procesarlas y complementarlas”, aseveró además en la carta.

miércoles, 18 de abril de 2012

SALUDO DECISION ARGENTINA.

EN BOLIVIA

por Luis Oporto Ordóñez (Bolivia)

La determinación del gobierno de Cristina Fernández de expropiar las acciones de la transnacional REPSOL española, ?socia? de YPF, muestra la tendencia de Latinoamérica de recuperar la dignidad perdida en dos décadas de experimentos neoliberales, luego de la negra noche de las dictaduras, cuyas secuelas aun no cicatrizan del todo. A diferencia de lo que aconteció en Bolivia, en el caso de Argentina la privatización fue total, es decir, se enajenó la riqueza del subsuelo a favor de una transnacional. En Bolivia, la Constitución Política del Estado impidió ese extremo, pues la riqueza del suelo y subsuelo es patrimonio de las y los bolivianos. En el caso argentino, es propiedad de las empresas transnacionales, lo que es inadmisible. Quienes han firmado esa ley privatizadora deben ser juzgados por delitos económicos contra el Estado. Para matizar, desde la Constitución de 2009, ese tipo de delitos en Bolivia es imprescriptible.

La reacción del gobierno del presidente Mariano Rajoy, en Madrid, era de esperar, pues se manifestó con gestos de intolerancia y torpeza, dirigiéndose en tono amedrentador a un país soberano.  El Ministro de Exteriores José Manuel García Margallo ha anunciado medidas ?claras y contundentes? a tiempo de acusar a Argentina de hostilidad a la Madre Patria.

Nada detendrá esa medida, salvo un golpe de mano a los que está acostumbrado, muy acostumbrado, el capitalismo. Las invasiones de los países del norte de África, son el mejor ejemplo de lo que está decidido en hacer el poder imperial, cuando sus intereses entran en riesgo.

Cristina Fernández analizó por mucho tiempo antes de tomar la decisión de expropiar las acciones de esa empresa. Nada mejor, como lo ha hecho Bolivia, redistribuir la riqueza que antes fluía a mano rota a las arcas de los países extranjeros, como en el pasado colonial, cuando nuestras riquezas metalíferas fueron trasladadas hasta Europa. Ahora se trata de negar que semejante riqueza ha levantado a la Europa del Medioevo de su situación atrasada, como lo hace hoy con el oro negro.

La dignidad de los pueblos está antes que el interés por el lucro desmedido que caracteriza al capitalismo salvaje. Los intereses de grupo, en este caso de capitalistas que especulan con sus acciones, deben supeditarse al interés colectivo.

El modelo redistributivo argentino ha dispuesto que del 51% de acciones expropiadas el 51% irá al control del Gobierno nacional y el restante 49% a las diez provincias, lo que quiere decir que el gobierno contará con el 26.01% del capital final y los gobernadores el 24.99%.

Los gobiernos latinoamericanos están de acuerdo en trabajar con las empresas transnacionales, pero como socios, no como patrones, es decir en el marco del respeto mutuo y sobre todo en medio del respeto de los más altos intereses de las mayorías nacionales. Aun con esta nacionalización del siglo XXI, REPSOL y cualquier otra empresa, siguen obteniendo grandes ganancias.

Nos solidarizamos con el gobierno de Cristina Fernández por devolverle la dignidad perdida a su pueblo.