Mostrando entradas con la etiqueta caribeños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta caribeños. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de febrero de 2014

Puerto Rico: celebran el apoyo de la Celac a la descolonización.

ECOS DE LA CUMBRE DE LA CELAC

El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) defendió hoy que la declaración aprobada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) es ?un extraordinario paso para la descolonización? de este Estado Libre Asociado a EE.UU.

Así lo defendió hoy el presidente del PIP, Rubén Berríos, quien añadió que los artículos 38, 39 y 40 de la declaración que resultó de la segunda cumbre de la Celac, celebrada en La Habana esta semana, son también ?fundamentales? en la carrera hacia la ?liberación nacional? de Puerto Rico.

?Los Jefes de Estado y Gobierno de la América Latina y el Caribe, representando todo el espectro ideológico de la región, aprobaron una declaración histórica respecto a Puerto Rico en la que pasan de la palabra a la acción?, afirmó el político en un comunicado.

En ese sentido, explicó que ?no sólo reafirmaron como algo prioritario en la agenda de la Celac la resolución del caso colonial de Puerto Rico?.

También ?le encomendaron a una comisión compuesta por cuatro países (Costa Rica, Cuba, Ecuador y Trinidad y Tobago) impulsar la descolonización de Puerto Rico en la ONU y los foros internacionales pertinentes?, puntualizó Berríos, para que el que este punto es ?fundamental?.

?Dicho en palabras sencillas, de ahora en adelante la América Latina como bloque impulsará la agenda de descolonización y la independencia para Puerto Rico?, celebró.

En su opinión, ?nunca en la historia se había tomado una determinación de esta naturaleza, suscrita por los presidentes y jefes de Estado de los países latinoamericanos y caribeños, sin distinción ideológica alguna?.

Esta determinación, sobre la que el Gobierno de Puerto Rico -partidario de mantener el estatus actual- no ha querido pronunciarse oficialmente, constituye para los independentistas ?un factor de enorme presión internacional sobre EE.UU. para que cumpla con su obligación descolonizadora?.

En la declaración de la Celac sus miembros dicen que ?reiteramos el carácter latinoamericano y caribeño de Puerto Rico y, al tomar nota de las resoluciones sobre Puerto Rico adoptadas por el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas, reiteramos que es asunto de interés de Celac?.

En artículo 39 añaden que ?los países miembros de la Celac nos comprometemos a seguir trabajando en el marco del Derecho Internacional, y en particular, de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 14 de diciembre de 1960, para lograr que la región de América Latina y el Caribe sea un territorio libre de colonialismo y colonias?.

En el siguiente ?encomendamos al Cuarteto de la Celac para que, con la participación de otros Estados miembros que deseen sumarse a este mandato, presenten propuestas para avanzar en lo señalado en el párrafo 38 de esta Declaración?.

Puerto Rico fue una colonia de España hasta 1898, cuando pasó a ser una jurisdicción de EE.UU., cuyo Congreso concedió la ciudadanía estadounidense a sus ciudadanos en 1917.

Su estatus es desde 1952 el de Estado Libre Asociado, lo que limita su autonomía en varios asuntos, como las relaciones internacionales.

En el último referéndum celebrado en noviembre de 2011 entre los puertorriqueños de la isla, y pese a lo confuso del planteamiento de las preguntas, se observó un rechazo al estatus actual y un apoyo mayoritario a la anexión a EE.UU. como un estado más.

Recientemente, el Congreso federal aprobó una partida presupuestaria para apoyar la organización de un plebiscito cuyos resultados no puedan ser sospechosos de responder a intereses partidistas, tal y como ocurrió en el anterior.

La crisis del panamericanismo.

ECOS DE LA CUMBRE DE CELAC

POR PEDRO DE LA HOZ

La concertación puesta en marcha con la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, cuya II Cumbre tuvo lugar en La Habana, recuerda por contraste la crisis del panamericanismo, instrumento concebido por Estados Unidos en las postrimerías del siglo XIX para ejercer la hegemonía imperial en el continente.

Vástago de la Doctrina Monroe proclamada tempranamente en 1823 ?América para los (norte)americanos?, comenzó a delinearse en la Conferencia Internacional Americana de Washington, que transcurrió entre1889 y1890, y en la cual EE.UU. disimuló sus apetencias neocoloniales mediante el establecimiento de la Oficina Internacional de las Repúblicas Americanas, que veinte años después en Buenos Aires, siempre bajo el control de la Secretaría de Estado, derivaría en la Unión Panamericana.


José Martí

Tempranamente el genio político de José Martí, quien a la sazón fungía como Cónsul del Uruguay, advirtió las reales pretensiones de la cita continental en la capital norteamericana, sobre las que escribió en una crónica publicada en dos partes por el diario bonaerense La Nación.

Para Martí "jamás hubo en América, de la independencia a acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo".

Profundo conocedor de la realidad norteamericana y de la evolución social y económica de esa nación, Martí desmonta uno a uno los argumentos con que Washington intenta seducir a los gobernantes de los países al sur del Río Bravo y plantea como cuestión de fondo: "De una parte hay en América un pueblo que proclama su derecho de propia coronación a regir, por moralidad geográfica, en el continente (... ) mientras pone la mano sobre una isla y trata de comprar otra, que todo el Norte de América ha de ser suyo, y se le ha de reconocer derecho imperial del Istmo abajo, y de otra están los pueblos de origen y fines diversos, cada día más ocupados y menos recelosos, que no tienen más enemigo real que su propia ambición, y la del vecino que los convida a ahorrarles el trabajo de quitarles mañana por la fuerza lo que le pueden dar de grado ahora".

Ese pretendido derecho imperial se manifestó a lo largo del siglo XX mediante la penetración financiera y económica, los manejos diplomáticos (el panamericanismo propiamente dicho) y la injerencia directa, que apeló al uso de la fuerza (invasiones y ocupaciones militares) y la manipulación y apoyo a estamentos castrenses o civiles locales (golpes de estado y gobiernos títeres), práctica desembozada por décadas, hasta que en tiempos más recientes pusieron de moda operaciones encubiertas por parte de la comunidad de inteligencia, agencias gubernamentales y organizaciones pantalla.

La Doctrina Monroe, que enarboló a principios de la pasada centuria el Big Stick y se travistió luego con el ropaje del Buen Vecino, permeó la esencia de la diplomacia norteamericana en las Conferencias Interamericanas y Reuniones de Consulta llevadas a cabo entre 1910 y 1945, año este en que durante el cónclave efectuado en México, ante unos Estados Unidos triunfantes en la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos de la región, salvo la Argentina peronista excluida de la cita, se pliegan al interés de Washington por liderar el orden mundial. Dos años después, en Río de Janeiro, coincidiendo con los primeros aires de la guerra fría, nació el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), instrumento que facilitó el intervencionismo militar estadounidense, y en 1948, en una Bogotá convulsionada por el asesinato del político liberal nacionalista Jorge Eliecer Gaitán, se fundó la Organización de Estados Americanos (OEA), escenario diplomático propicio para el ejercicio de la dominación por parte de la Casa Blanca.

El ejemplo más evidente de la asimétrica relación de EE.UU. con el resto del continente en el seno de la OEA se dio cuando Cuba, donde había triunfado la Revolución, fue suspendida de la organización en 1962 debido a las presiones de Washington sobre sus su-puestos pares, que con la honrosa excepción de México, unos primero y otros después, se adhirieron a los deseos del vecino del Norte.

Justamente la Revolución Cubana encendió la alarma de los gobernantes y el gran capital norteamericano. Había que hacer algo que pareciera, aunque fuese en realidad una operación cosmética, ventajoso para los países de Amé-rica Latina y el Caribe.

Fue así como la administración Kennedy implementó la Alianza para el Progreso en 1961. Proyectada para diez años y con un monto financiero de 20 000 millones de dólares, la oferta se concretó en Punta del Este, Uruguay, en agosto de1961. Cuba, que todavía se hallaba en la OEA, denunció la estratagema imperial y no firmó el acta final. Su representante en el foro, el comandante Ernesto Che Guevara, se convirtió en la figura más aclamada por los pueblos.

Algunos analistas atribuyen el fracaso de la Alianza para el Progreso a la falta de apoyo al programa por parte de las administraciones que sucedieron al asesinado presidente, cuando lo cierto fue que su alcance estaba condenado a no tomar vuelo desde su propia concepción, debido a los perfiles demagógicos de la mayoría de los gobiernos imperantes, la mediación interesada del sector privado y la ineficacia de los mecanismos puestos en juego por la Alianza.

Como se sabe, la última gran tentativa norteamericana por asegurarse el dominio económico de la región tampoco resultó: el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA). De acuerdo con la lógica imperial, una lectura de los años 90 del pasado siglo indicaba que era el momento de subsumir las economías de los pueblos de la región en el nuevo orden planetario que se suponía sucediese a la bipolaridad norteña. Con las izquierdas tradicionales replegadas y el apogeo de las doctrinas neoliberales, se lanzó la iniciativa del ALCA en el transcurso de la agenda de las Cumbres de las Américas, que comenzaron su andadura en 1994. Pero esa lógica, como era de esperar, no contó con el fracaso del modelo neoliberal, ni con el renacer de las fuerzas progresistas en el continente, ni con las perspectivas de nuevas posibilidades de asociación entre los países latinoamericanos y caribeños ajenos a la tutela. Ni con la inclaudicable firmeza y resistencia del pueblo cubano, ni con la emergencia de un líder de la talla de Hugo Chávez, que al reanimar el ideario bolivariano contribuyó a construir un escenario diferente para los pueblos de nuestra América.

En el 2005, la IV Cumbre de las Américas expidió el certificado de defunción del ALCA, suscrito por las posiciones insobornables de Chávez, el anfitrión Néstor Kirchner, el uruguayo Tabaré Vázquez, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y el clamor de los movimientos sociales convocados por la Cumbre de los Pueblos, a la que asistió el futuro presidente de Bolivia, Evo Morales. El mandatario norteamericano salió literalmente con el rabo entre las piernas de Mar de Plata.

Ese fue el fin de más de un siglo del panamericanismo made in Washington, que se ha quedado con la fórmula de los tratados bilaterales de libre comercio como herramienta para ejercer la hegemonía. La espiral ascendente emprendida por mecanismos de integración como el ALBA, MERCOSUR, la Asociación de Estados del Caribe, incluyendo valiosos antecedentes como el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), ha venido demostrando que es posible un entendimiento intrarregional independiente.

Ahora en un ámbito mucho mayor e inclusivo corresponde a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) dar un impulso definitivo al proyecto de integración propia.

sábado, 25 de mayo de 2013

La presidente de la Asamblea Nacional de Ecuador, Gabriela Rivadeneira, exaltó el legado del líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, y al expresidente argentino, Néstor Kirchner, durante su discurso que abre los actos de toma de posesión del mandatario Rafael Correa para el período 2013-2017.

Caracas, 24 May. AVN.- 

Durante un vibrante discurso que se extendió por casi una hora la diputada Rivadeneira recordó el sueño del Libertador Simón Bolívar de la ?liberación de esta América india?, para construir sobre ella ?una gran nación unida, una gran nación diversa pero hermanada?.

?Ahora esa utopía de Bolívar es también la utopía de (Salvador) Allende, de (Augusto) Sandino, de Manuel Ugarte, esa utopía de Fidel (Castro), de (Hugo) Chávez y de Néstor (Kirchner)?, resaltó Rivadeneira, reconocimiento que suscitó un largo y sostenido aplauso de los presentes en el hemiciclo.

Recordó que con la ayuda de mandatarios como Chávez y Kirchner, así como Evo Morales de Bolivia, y del propio Rafael Correa se constituyó la  Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

Calificó a estas instituciones como ?columnas vertebrales de una nueva América Latina descolonizada, a diferencia de las viejas instituciones que sólo sirvieron para desintegrar nuestra esperanza?.

Agregó que los nuevos organismos de integración ?son los puntos nodales de la nueva América Bolivariana que estamos construyendo?.

Rivadeneira señaló: ?Nos corresponde a las actuales generaciones revolucionarias no sólo continuar este proceso sino terminarlo de fraguar para que nunca más nuestro continente vuelva a ser colonia de ningún imperio?.

viernes, 8 de febrero de 2013

Discursos de Raúl Castro Ruz y Hugo Chávez Frías en la I Cumbre de la CELAC.

LATINOAMÉRICA



(AW) La constitución de la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) constituye un hecho de la mayor relevancia histórica, en la geopolítica mundial y de Nuestra América. La profecía martiana avanza en su cumplimiento, para bien de todos los pueblos del mundo. Al mismo tiempo, la presidencia por témpore de Cuba (que asumió de manos de Chile en la última cumbre realizada el lunes 28 de enero en Santiago de Chile) es una realidad política de alta significación histórica y es la culminación simbólica de la victoria internacional de la estrategia de la Revolución Cubana contra los intentos imperialistas de aislamiento de la misma. La Agencia Wlash ofrece a sus lectores los discursos íntegros de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Cuba, Rául Castro, los más eminentes representantes y protagonistas de estas rutilantes victorias.

fidel-castro-hugo-chavez-raul-castro


Mensaje del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, a la I Cumbre de la CELAC
Hermanas y hermanos:
En nombre del Pueblo de Venezuela, reciban un fervoroso saludo bolivariano junto con el vivo testimonio de hermandad hacia cada uno de los Pueblos de la Patria Grande. En realidad y en verdad, lamento no poder acudir a esta cita en Santiago de Chile. Como es del conocimiento de todas y todos ustedes, desde diciembre del año pasado estoy batallando nuevamente por mi salud en la Cuba revolucionaria y hermana. Por eso, estas líneas son la manera de hacerme presente en esta Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños; son la manera de reafirmar, hoy más que nunca, el compromiso vivo y activo de Venezuela con la causa histórica de la Unión.

Hugo_Chvez_entrevista_en_Miraflores

Imposible no sentir a Simón Bolívar palpitando entre nosotros en esta Cumbre de la Unidad. Imposible no evocar a Pablo Neruda, a Pablo de Chile y de América, en esta tierra y en este presente de Patria Grande del que estamos hechos: Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos./ La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,/ de nuestra joven sangre venida de tu sangre/ saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.
Bolívar, siempre Bolívar. En este 2013 estamos conmemorando el Bicentenario de la Campaña Admirable: 200 años de aquella prodigiosa gesta bolivariana. El 14 de mayo de 1813 un Ejército de neogranadinos y venezolanos partió desde Cúcuta al mando del entonces Brigadier Simón Bolívar, avanzando con una prodigiosa rapidez, combatió y venció en Niquitao, Los Horcones y Taguanes para liberar el centro y el occidente de Venezuela, entrando triunfalmente el 6 de agosto de aquel año de gloria en Caracas. La victoria militar de los patriotas tuvo una trascendente consecuencia política: el nacimiento de la II República de Venezuela.
Por eso con un recuerdo vivo, quiero compartir con ustedes una certeza: gracias a la CELAC ya nos vamos pareciendo a todo lo que una vez fuimos y a todo lo que quisimos ser pero nos fue arrebatado; nos vamos pareciendo a la Pachamama, a la cintura cósmica del Sur, a la reina de las Naciones y la madre de las Repúblicas.
El espíritu de la unidad ha vuelto con toda su fuerza; es el espíritu de nuestros Libertadores y Libertadoras que ha reencarnado en los Pueblos de Nuestra América Latino Caribeña; es el espíritu en el que confluyen muchas voces para hablar con una sola voz. Fue el entrañable espíritu de la Cumbre de América Latina y del Caribe que le dio nacimiento a la CELAC en Caracas; es el entrañable espíritu de esta Cumbre en Santiago de Chile.
Desde aquel diciembre de 2011, cuando fundamos en Caracas la CELAC, los acontecimientos mundiales no han hecho más que ratificar la extraordinaria importancia del gran paso hacia adelante que dimos. Ahí está la crisis golpeando a EEUU y a Europa y arrojando a la miseria a miles de seres humanos. Miles de mujeres, hombres, niñas y niños han perdido sus casas, sus empleos, su seguridad social, sus más elementales derechos. Mientras que EEUU y Europa, parafraseo al eminente filósofo Ernesto Laclau, están cometiendo un suicidio colectivo, nosotros estamos capeando el temporal, y lo vamos a capear definitivamente. Somos, hoy por hoy, ejemplo para el mundo de unidad en la diversidad, en función de la justicia, el bienestar social y la felicidad.
A un año y casi dos meses de su constitución en Caracas, la CELAC ha sabido plantarse con un carácter y una personalidad bien definidas, lejos de cualquier dictamen o pretensión ajena a sus principios y postulados. Hoy más que nunca podemos decir que cuando afirmamos que hemos reemprendido real y verdaderamente El Camino De Nuestros Libertadores, lema que identifica a esta Comunidad, no estábamos haciendo una retórica y vana declaración. Ahora bien, tan trascendente lema exige que lo llenemos cada día de más y más contenido histórico, político, económico y social.
Por eso hoy ratificamos la denuncia y la condena del vergonzoso bloqueo imperial a la Cuba martiana y revolucionaria; la continua colonización y, ahora, la militarización progresiva de las Islas Malvinas, ambos hechos son violatorios de todas las resoluciones que ha emitido ONU para salvaguardar los derechos de los Pueblos cubano y argentino, pero sin voluntad alguna de parte de este organismo supranacional para hacerlas cumplir. La justicia está incontestablemente del lado de Cuba y de la Argentina. Si somos una Nación de Repúblicas, nuestra soberanía es la de toda la Patria Grande, y debemos hacerla respetar.
Cuando resuena el fúnebre sonido de los tambores de la guerra en el mundo, cuánto valor tiene que los Estados de América Latina y el Caribe estemos creando una zona de paz donde se respete celosamente el derecho internacional y se reivindique la solución política y negociada de los conflictos. Tenemos el deber de anteponer a la lógica de la guerra una cultura de la paz, sustentada en la justicia y en la igualdad.
La CELAC es el proyecto de unión política, económica, cultural y social más importante de nuestra historia contemporánea. Tenemos todo el derecho de sentirnos orgullosos: la Nación de Repúblicas, como la llamaba el Libertador Simón Bolívar, ha comenzado a perfilarse como una hermosa y feliz realidad.
Cómo no recordar, otra vez, la voz de Neruda cuando nos dice desde su memorable poema Alturas de Machu Picchu: Sube a nacer conmigo, hermano. Subamos, hermanas y hermanos, porque ha llegado la hora de nacer de nuevo, con toda la memoria y todo el porvenir iluminando el presente.
Los sagrados propósitos, las relaciones fraternas, y los intereses comunes que unen entre sí a las Repúblicas de Nuestra América Latino Caribeña, tienen en la CELAC una base fundamental no sólo para garantizar la estabilidad de los Gobiernos que nuestros Pueblos se han dado, sino la soberanía y, digámoslo con Jorge Luis Borges, la perpetuidad de cada una de nuestras Patrias.
Largo y difícil ha sido nuestro común transitar desde que nos enfrentamos al imperio español en el siglo XIX. Y la lucha por la Independencia, la lucha que hoy continúa, estuvo ligada indisolublemente ligada, en el pensamiento y la acción de nuestros Libertadores y Libertadoras, a la lucha por la unidad; por la construcción de la Patria Grande sobre los más sólidos cimientos. Recordemos a Bolívar: Una sola debe ser la patria de todos los americanos, ya que en todo hemos tenido una perfecta unidad. Pero las oligarquías le cerraron el paso al proyecto histórico unitario, y el costo todavía lo estamos pagando. Tiene razón el escritor argentino Norberto Galasso: Lo que pudo ser la victoria de la Patria Grande se convirtió en las veinte derrotas de las patrias chicas. Esta historia no debe repetirse. Pongo toda mi convicción al reiterar unas palabras que dije en Caracas el histórico 2 de diciembre de 2011 al nacer la CELAC: ¡O somos una Patria, o no seremos Patria! ¡O hacemos la única Patria Grande, o no habrá Patria para nadie en estas tierras!
Cómo no reconocernos en estas palabras que el Libertador Bernardo O'Higgins, el gran discípulo del inmenso Francisco de Miranda, le escribiera a Bolívar en 1818: La causa que defiende Chile es la misma en que se hallan comprometidos Buenos Aires, la Nueva Granada, México y Venezuela, o, mejor diríamos, es la de todo el continente de Colombia.
Todo cuanto hagamos por la unidad no sólo estará justificado por la historia sino que además se convertirá en el más luminoso legado que podamos dejarles a las nuevas generaciones. Igualmente, estaremos honrando activamente la memoria de nuestros Libertadores y Libertadoras. En la CELAC, como quería Bolívar, hemos vuelto a ser una sola Patria.
Quiero evocar con ustedes unas palabras del sabio Andrés Bello, tan entrañablemente chileno como venezolano, quien no sólo fue el pionero del Derecho Internacional en Nuestra América, sino, también, el primer jurista en el mundo en darle cuerpo doctrinal a los organismos multilaterales de integración y unidad. Desde el siglo XIX, este gran forjador de nuestra Independencia intelectual nos sigue marcando el camino: La tendencia del siglo que vivimos es a multiplicar los puntos de contacto entre los pueblos, a unirlos, a fraternizarlos, a hacer de todo el género humano una sola familia. Resistir esa tendencia es descender en la escala de la civilización. Mi convicción es que la tendencia del siglo XXI debe ser la misma que la enunciada, con tanta lucidez, por Bello.
La gran política tiene en la CELAC un sólido espacio para su realización. Se ha puesto elocuentemente de manifiesto que Nuestra América Latino Caribeña es capaz de verse y pensarse a sí misma y al mundo con plena autonomía, y de actuar conjuntamente.
La gran política supone un aprendizaje permanente: es aprender a convivir con nuestras diferencias, aceptarlas y procesarlas, buscando siempre la mejor manera de complementarnos. La gran política impide que la intriga nos divida. No olvidemos aquella dolorosa advertencia de Bolívar: Más hace un intrigante en un día que cien hombres de bien en un mes.
Pero estoy persuadido de que, en esta hora estelar de nuestra historia, fracasarán quienes intenten desviarnos; que prevalecerá, lo digo con Bolívar, el bien inestimable de la unión; que el monroísmo desaparecerá definitivamente como instrumento de opresión, dominación y desunión en este lado del mundo.
Estas iluminadoras palabras, en una línea claramente bolivariana, del gran pensador argentino Jorge Abelardo Ramos en su Historia de la Nación Latinoamericana (1968), deben llamarnos a la reflexión: El subdesarrollo como dicen ahora los técnicos o científicos sociales, no posee un carácter puramente económico o productivo. Reviste un sentido intensamente histórico. Es el fruto de la fragmentación latinoamericana. Lo que ocurre, en síntesis, es que existe una cuestión nacional sin resolver. América Latina no se encuentra dividida porque es "subdesarrollada" sino que es "subdesarrollada" porque está dividida. El subdesarrollo es hijo de la división, y, por eso mismo, es decisivo resolver la cuestión nacional nuestroamericana en los próximos años. Hoy contamos con todas las condiciones objetivas y subjetivas para hacerlo.
Queridos hermanos y hermanas:
Me voy a detener brevemente en algunos puntos de la agenda de la CELAC. Dejo otros por fuera para no alargar más este mensaje.
Pienso que es del todo decisivo darle el más riguroso cumplimiento a dos grandes compromisos sociales, incluidos dentro del Plan de Acción de Caracas, para que la CELAC tenga valor de existencia para nuestros Pueblos: hablo del desarrollo del Programa Latinoamericano y Caribeño de Alfabetización y del Programa Latinoamericano y Caribeño de Erradicación del Hambre.
La única respuesta a la crisis que han encontrado los países del Primer Mundo ha sido el recorte del gasto social y de la inversión pública. Desde la CELAC, nosotros podemos sostener el crecimiento económico con una fuerte inversión social, acordando una agenda común para la igualdad y para el reconocimiento al derecho universal que tiene cada uno de nuestros ciudadanos, sin exclusión, a recibir salud y educación gratuitas.
Igualmente, urge consensuar acuerdos que nos permitan crear y llevar adelante una agenda energética común. Contamos con una fortaleza, de entrada, para enfrentar el panorama extremo de un mundo donde las fuentes energéticas tienen sus días contados. Ingentes son los recursos de la región: sólo tenemos que crear políticas adecuadas que estén a la altura de los dones que la naturaleza nos ha prodigado. Allí está la experiencia exitosa de PETROCARIBE para demostrar que sí es posible construir una alianza energética con base en la reciprocidad.
Quiero parafrasear a Bolívar: lo que hemos hecho es apenas un preludio de la gran tarea a cumplir para consolidar a nuestra CELAC. Nunca antes habíamos contado con un escenario tan apropiado. Multipliquemos los efectos sensibles y los esfuerzos bien dirigidos, lo digo con Bolívar, para convertir a la CELAC en centro de irradiación del nuevo sistema de unión de los países de América Latina y el Caribe.
Queridos Jefes de Estado y de Gobierno:
Nos hemos comprometido en darle todo el apoyo a Cuba que ocupa, a partir de esta Cumbre de Santiago, la Presidencia Pro Témpore de nuestra Comunidad. Es un acto de justicia luego de más 50 años de resistencia al criminal bloqueo imperial. América Latina y el Caribe le están diciendo a Estados Unidos con una sola voz que todos los intentos por aislar a Cuba han fracasado y fracasarán.
Quiso el azar, y así quedara en la historia, que precisamente el día de hoy, en que Cuba asume la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, se conmemoren 160 años del nacimiento del apóstol de la independencia Cubana, y uno de los más grandes bolivarianos de todos los tiempos: José Martí.
Sus proféticas palabras aun resuenan: "pueblo y no pueblos, decimos de intento, por no parecernos que hay más que uno del bravo a la Patagonia. Una ha de ser, pues que lo es. América, aun cuando no quisiera serlo; y los hermanos que pelean, juntos al cabo de una colosal nación espiritual, se amarán luego."
Ha llegado el tiempo de ese amor de Martí, de ese amor de Bolívar, el amor nuestroamericano.
Por eso, desde mi corazón bolivariano, hago votos por el rotundo éxito de esta Cumbre de la CELAC. Aquí en La Habana estaré pendiente de su desarrollo. Con toda la luz de la Patria Grande que irradia hoy con más fuerza en Santiago de Chile, vaya un infinito y fraterno abrazo para todas y todos.
Hugo Chávez Frías
Presidente de la República Bolivariana de Venezuela
Hasta la Victoria Siempre
Que Viva la Unión de Nuestros Pueblos
Que Viva la CELAC

Mensaje del presidente de Cuba, Raúl Castro Ruz, a la I Cumbre de la CELAC
Excelentísimo Señor Sebastián Piñera, Presidente de la República de Chile:
Estimados Presidentes, Primeros Ministros y Jefes de Delegaciones:
Pueblo hermano de Chile:
Sea mi primer pensamiento para honrar la memoria de Salvador Allende, insigne latinoamericano y patriota que entregó su vida por la independencia de su nación y la justicia social. Pensamos como él, cuando dijo: "la historia es nuestra y la hacen los pueblos".
La existencia de la CELAC nos permitió encarar los desafíos del 2012 con más conciencia de quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos, en medio de circunstancias convulsas y complejas.

raul-castro-asume-cuba-presidencia-de-celac-en-chile-enero-de-2013-580x384

Vamos construyendo, en la dura realidad, trabajosamente, el ideal de una América Latina y Caribe diversa, pero unida en un espacio común de independencia política, de control soberano sobre nuestros enormes recursos naturales para avanzar hacia el desarrollo sostenible, la integración regional y el enriquecimiento de nuestra cultura.
Los obstáculos no han sido ni serán menores. Las amenazas a la paz son crecientes y la injerencia en los asuntos de nuestra región continúa. Las trasnacionales, fundamentalmente norteamericanas, no renunciarán al control de los recursos energéticos, hídricos y minerales estratégicos en vías de agotamiento. La concepción estratégica de la OTAN es cada vez más agresiva y se orienta claramente en ese sentido. A dos décadas del fin de la Guerra Fría, crecen los enormes arsenales nucleares y convencionales que, como ha dicho Fidel, no podrán matar el hambre ni la pobreza.
El orden económico internacional es injusto y excluyente, atrapado en una crisis global a la que, por ahora, no se vislumbra solución. El cambio climático avanza inexorablemente ante la falta de voluntad política de los gobiernos de los países desarrollados.
Sin nuestra unidad, nada sería posible y todo lo logrado se perdería. En la llamada Cumbre de las Américas de Cartagena, Nuestra América dio un paso decisivo, asentada en el sólido cimiento de Mar del Plata, donde en el 2005, fue derrotada el ALCA. Disipados los cantos de sirenas de Estados Unidos en la Cumbre del 2009, en Trinidad Tobago, América Latina y el Caribe brillaron por su solidez e independencia cuando reclamaron que las Malvinas son argentinas y que el bloqueo y la exclusión de Cuba deben cesar, acontecimiento que el pueblo cubano guardará siempre, con profunda gratitud, en su memoria.
El ejercicio de la autodeterminación y la soberanía de los pueblos y la igualdad soberana de los Estados son principios irrenunciables de la CELAC, establecidos en la Declaración de Caracas.
Sabemos que entre nosotros hay pensamientos distintos e, incluso, diferencias, pero la CELAC ha surgido sobre el acervo de doscientos años de lucha por la independencia y se basa en una profunda comunidad de objetivos. No es la CELAC, por tanto, una sucesión de meras reuniones ni coincidencias pragmáticas, sino una visión común de la Patria Grande latinoamericana y caribeña que solo se debe a sus pueblos.
Los incuestionables triunfos obtenidos por las fuerzas patrióticas en las elecciones presidenciales y regionales celebradas en Venezuela y las movilizaciones recientes demuestran el extraordinario liderazgo del presidente Hugo Chávez Frías, y el enorme respaldo popular al proceso venezolano. Junto al dolor y la preocupación por la salud del Jefe de la Revolución Bolivariana, ese hermano pueblo está dando, junto a los dirigentes chavistas un destacado ejemplo de lealtad, convicción y unidad para profundizar sus irreversibles conquistas.
El gobierno bolivariano está enfrentando una permanente campaña de intriga y descrédito por parte del imperio y de la oligarquía golpista; pero ha continuado su obra, consagrado a la defensa de los legítimos intereses de los trabajadores y de todos los venezolanos patriotas, de la Constitución y de su democracia revolucionaria.
Desde aquí le reiteramos a Chávez nuestro afecto, respeto y admiración, al igual que a su valiente pueblo que lucha por la mayor suma de estabilidad política, de seguridad social y la mayor suma de felicidad, como lo soñó el Libertador Simón Bolívar.
Compartimos y apoyamos la resolución y oportunidad con que UNASUR ha actuado frente al golpe parlamentario en Paraguay. En una región que ha sufrido décadas de dictaduras sangrientas, impuestas y sostenidas por los Estados Unidos, no puede permitirse impunidad a los sectores violentos y golpistas.
Nuestra Comunidad estará incompleta mientras falte en ella el escaño de Puerto Rico, nación hermana genuinamente latinoamericana y caribeña que padece una situación colonial.
No podemos olvidar que cerca de 170 millones de latinoamericanos y caribeños viven en la pobreza, de ellos 75 millones de niños, 66 millones de personas en la región están en pobreza extrema, de los cuales 34 millones son menores. ¿Qué puede significar para ellos la CELAC?
Es cierto que hemos avanzado en el desarrollo de programas económicos y de desarrollo social al interior de varios países, como Brasil. La experiencia del ALBA y PETROCARIBE en la cooperación solidaria y en la complementariedad entre nuestras naciones, es considerable.
La CELAC está en condiciones de trazar su propio concepto de cooperación, adaptado a nuestras realidades y a las mejores experiencias de la última década.
Pese a lo avanzado, podríamos hacer más en apoyo a Haití, cuyo gobierno necesita recursos para la reconstrucción y el desarrollo. Es posible hacerlo entre todos, bajo las decisiones del gobierno haitiano.
Estamos obligados a alcanzar progresos considerables en la educación como base del desarrollo económico y social. Nada de lo que nos proponemos, desde la disminución de la inequidad hasta la reducción de la brecha tecnológica y digital, sería posible sin ello. La eliminación del analfabetismo, como meta primaria, es totalmente alcanzable. Con políticas adecuadas y cooperación regional, para proveer un mínimo de recursos a los más necesitados, podríamos dar un salto en pocos años.
Debemos ser capaces de promover una arquitectura regional propia, adecuada a las particularidades y necesidades de la América Latina y el Caribe.
Podemos también conjugar nuestros esfuerzos contra la drogadicción, como se ha planteado en estos dos últimos días de la reunión, y el tráfico ilícito de estupefacientes.
Ayer se habló aquí de que había drogas en todos los países del continente, quiero aclarar que en Cuba no hay drogas, intentaron introducirla, existen más de 250 detenidos(*) extranjeros de diferentes países del continente por intentar introducir drogas. Solo un poquito de marihuana que se cultiva hasta en una maceta en cualquier balcón de cualquier ciudad de Cuba; pero drogas no hay ni habrá.
Solo quiero expresar -fuera de texto- sobre este tema, que se pueden tomar medidas.
Como se sabe, Cuba no es un país atractivo para la droga, para los traficantes; pero cuando empezó a incrementarse el turismo, y el propio año pasado ya nos aproximamos a los 3 millones de visitantes extranjeros, sí se convirtió en un objetivo de los traficantes. Además, empezaban a arribar por las costas, sobre todo por la costa norte, los paquetes de diferentes tamaños o peso, de kilogramos de cocaína que arrojaban los traficantes cuando eran presionados y perseguidos por los norteamericanos, se arrimaban a nuestras costas, eran perseguidos por nosotros y los arrojaban al mar, y las diferentes corrientes, sobre todo la del nordeste, los depositaban por las playas; en menor cuantía también por el sur. Empezó a adquirir fuerza el consumo y hasta hubo ciudadanos de algunos países de América Latina que empezaban a entregar gratuitamente dosis individuales, regaladas.
Personalmente, tuve una reunión con todos los organismos que tienen que ver con este problema y tomamos una decisión: "Vamos a combatir la droga, que nos está empezando a amenazar, a sangre y fuego." Se coordinaron todos los factores en estos aspectos, utilizamos nuestras organizaciones de masa, vinculadas estrechamente con el pueblo, con nuestro Partido gobernante y con el gobierno, dígase Central de Trabajadores de Cuba, Asociación Nacional de Campesinos, Federación de Mujeres Cubanas, Comités de Defensa de la Revolución, y se apeló a las familias, que hacía falta la colaboración de todo el país para ubicar y proceder legalmente contra los que empezaban a tratar de introducir en nuestra juventud desde marihuana hasta algunas dosis de cocaína, como dijimos.
Fueron arrestados. Si queremos vencer, estos son tipos de problemas que hay que enfrentarlos cuando son pequeños o, mejor, cuando son nonatos. Es el mejor momento, si dejamos que cojan fuerza -decíamos y razonábamos-, ahí tienen el ejemplo de varios países hermanos del continente, y, por lo tanto, esta batalla tiene que ser a sangre y fuego.
Nuestras leyes permiten la pena de muerte, está suspendida, pero está de reserva, porque una vez la suspendimos y lo único que hicimos con ello fue estimular las agresiones y los sabotajes contra nuestro país a lo largo de estos 50 años, como todos ustedes conocen.
Les razonaba a mis compañeros: ahí está el caso de México. A México lo amamos profundamente, decimos: México es México, su historia, su vinculación con nosotros. Allí recibimos asilo generoso durante 1955 y 1956; de allí salió nuestra expedición, cierto es que violando algunas leyes mexicanas, pero no violamos nunca la amistad con México, y ellos ejercieron su derecho y arrestaron a todos los compañeros, incluyendo a Fidel. Yo fui uno de los pocos que pude escaparme, y bajo la natural presión que sentíamos ya próximos a salir para Cuba, salimos en medio de una pequeña tormenta, de un poderoso norte que estuvo a punto de hacernos naufragar y conducirnos a la muerte a los 82 expedicionarios que ahí veníamos. Solo hubo un día de mar tranquilo por el sur de las islas de Gran Caimán. Tal era la tormenta que un marinero experimentado que trataba, desde la proa, esa noche tormentosa del desembarco, de ver si veía el faro de Cabo Cruz al suroeste de Cuba, una ola se lo llevó; perdimos casi una hora en su recuperación, hasta que nos lanzamos a la costa y desembarcamos en un pantano horroroso, y antes de salir de él ya estaba encima de nosotros la aviación del dictador Batista.
Yo les razonaba a los compañeros: me rompo la cabeza pensando qué solución puede tener lo de México, que no es casual que sea México, no porque los mexicanos propicien esa situación, sino ya lo dijo un expresidente mexicano en el siglo pasado: "¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!" Es ahí donde está el problema, el problema fundamental, para donde se mandan las drogas, que nunca he leído en la prensa de una gran operación en Estados Unidos contra los traficantes, nunca he leído eso; solo películas de pequeñas bandas de traficantes. Y por el mismo lugar por donde entran las drogas, pasa el armamento para la venta, ese es el problema.
Yo hablé este tema con el presidente Calderón en la reunión de Sauipe, en Brasil, en el año 2008, donde ya se estaba gestando, esta organización magnífica que en estos días celebra su primera reunión, además de la reunión fundacional en Venezuela, y hablé profundamente de estos temas con el presidente Calderón, y hemos seguido, seguimos preocupados. Pero ese problema avanza como una marea terrible hacia el sur: problemas en Guatemala, problemas en los demás países de Centroamérica. Y solo puedo dar una opinión a los países a los que todavía no les ha llegado esa marea nefasta y trágica, porque es verdaderamente trágica, donde los drogadictos, como ustedes conocen, son capaces de matar hasta a un familiar para obtener dinero para comprar droga. Por eso nuestra población apoyó esa medida y nos resultó fácil capturar a cerca de 5 000, juzgados con todo lo que permitían las sanciones del Código Penal, y nos equivocamos en muy pocos casos, que fueron resueltos inmediatamente.
¿Por qué?, por la colaboración de la población, que era la más interesada en que ese problema no se extendiera. Y estos problemas -es la moraleja que podemos sacar de ello, y la sugerimos a los países que todavía no son víctimas de este flagelo- son de los tipos de problemas que hay que enfrentar cuando están naciendo y mejor, como les decía, cuando son nonatos. Por eso, en Cuba no hay drogas ni las habrá.
Perdonen este paréntesis que abrí sobre este tema.
Como ustedes ven, yo también improviso discursos hasta de dos y tres horas, pero no quiero hacer eso, lo hacía antes cuando era joven, pero prefiero ya, a esta altura, leer mis intervenciones. No critico que los demás los improvisen, el primer improvisador es mi Jefe, Fidel Castro, y el que pronuncia los discursos más largos en la ONU, tiene un récord que ni Chávez se lo ganó (Risas).
No podríamos renunciar a la protección de nuestros inmigrantes, víctimas del orden actual de la xenofobia, y de la discriminación que proliferan en el mundo industrializado.
Tenemos también la posibilidad real de constituirnos, sobre bases apropiadas y concretas, en una zona de paz, en la que complementemos nuestro tradicional rechazo a las armas nucleares de exterminio en masa y a las cada vez más avanzadas y letales que se desarrollan hoy, con la expresa y firme voluntad de resolver todas nuestras diferencias por la vía pacífica, de la negociación y el diálogo.
Concluyo con un emocionado homenaje a José Martí, hoy -como decía el compañero Maduro-, en el 160 aniversario de su natalicio. De su pensamiento aprendimos que, en tiempos difíciles como estos, "¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes".
Muchas gracias (Aplausos).
(*) De la cifra mencionada, 114 permanecen actualmente en privación de libertad

Tiempos de larga duración.

LATINOAMERICA




(AW)- En tiempos de crisis económicas, de cumbres y foros mundiales, como la recientemente realizada I Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), surge inexorable la necesidad de la conformación de fuertes regionalismos, pero también de identidades integradoras como fueron las luchas que marcaron historia desde las primeras colonizaciones. Theotonio dos Santos expresa a modo de ejemplo e impulso, la integración de los pueblos ancestrales que fueron divididos por el poder colonizador. "Pero se sabe también que 'la maldita abundancia fácil' del continente americano, a decir de un comprometido historiador argentino, fue la gran tentación para expoliar y dividir". Convencido de que la integración es de largo aliento, el autor concluye: "...por la participación de un Estado de base popular en la atención de las necesidades humanas".

whipala


por Theotonio dos Santos, profesor emérito de la Universidad Federal Fluminense, Presidente de la Cátedra UNESCO-ONU sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible

Con este artículo pretendemos demostrar una tesis central: la integración suramericana -que se convirtió en el principal objetivo de la actual política externa brasileña- es más que una cuestión económica, la integración es un fenómeno de larga duración, expresión de un destino histórico. El continente americano, antes de la llegada truculenta de Cristóbal Colón, albergaba una población de cincuenta a setenta millones de habitantes que estaban relativamente integrados, sobre todo a través de las conquistas Aztecas en el sur de América del Norte y del avance del imperio Inca en la región Andina. Hoy sabemos también que la región amazónica comprendía cerca de cinco millones de habitantes y había una alta comunicación de estos imperios en su interior, entre ellos y entre los pueblos que no estaban incorporados a ellos.
La violenta colonización española y portuguesa (además de las incursiones de otros centros imperiales europeos) buscó administrar esta vastísima región articulándola demográfica, económica, social y culturalmente bajo una dirección única, a la vez que reorientó sus economías hacia el mercado mundial en expansión del siglo XV al XVIII bajo la égida del capitalismo comercial-manufacturero. En las regiones de menor densidad habitadas por poblaciones originarias, asistimos al fenómeno del comercio de esclavos, traídos de África en condiciones infrahumanas.
La lucha por la liberación de las Américas rompió esta dimensión continental. Las colonias inglesas consiguieron su liberación en el siglo XVIII, inspiradas en una ideología liberal y republicana que vino a revolucionar el mundo a finales del siglo, a través de la Revolución Francesa y su expansión por toda Europa y sus colonias, particularmente en el Caribe. La onda democrática por ella desencadenada llegó a la América española y portuguesa bajo la forma de la invasión napoleónica que condujo a la gesta independentista que cumple ahora 200 años. A pesar de iniciarse en los cabildos de las colonias españolas, ella recorrió toda la región con una concepción unitaria de la cual Bolívar fue el intérprete máximo. En Brasil con la llegada de la corte portuguesa en 1808 se mantuvo la unidad en torno al príncipe portugués que declaró la independencia.
No debemos olvidar las variadas rebeliones indígenas como la tentativa de Tupac Amaru de reconstruir el imperio Inca o las revueltas afro-americanas bajo la forma de los quilombos, cuya expresión más representativa fue la de Zumbi de los Palmares. No faltaron tampoco brotes de rebeldía contra la colonización o incluso propuestas independentistas lideradas por una ya poderosa oligarquía local (Tiradentes).
Dos proyectos
América Latina surgió unida, pero se dejó dividir por los intereses de las oligarquías exportadoras locales, de la expansión británica sobre el comercio de la región y en función de los intereses de Estados Unidos recién formados. El conjunto de estas fuerzas vino a fortalecer las articulaciones regionales orientadas hacia el comercio y apoyadas en el liberalismo económico.
La región se dividió así entre dos grandes doctrinas. De un lado, el bolivarismo buscó preservar la unidad continental en la búsqueda de la formación de una gran nación, por lo menos suramericana. Del otro lado, la doctrina Monroe buscó alejar la presencia británica y europea en general bajo la consigna de "América para los americanos".
De un lado, Bolívar fue derrotado, pero el bolivarismo continuó desarrollándose como expresión de esta historia secular y multidimensional (hoy día, los descubrimientos arqueológicos de la ciudad sagrada de Caral nos remiten a una civilización altamente desarrollada hace cinco mil años, cuya continuidad es realmente impresionante al ser preservada, aunque secretamente, por sus descendientes indígenas actuales).
Del otro lado, Estados Unidos no pudieron ser fieles a su pretensión pan-americana. Cumpliendo la previsión de Bolívar, según la cual los Estados Unidos estaban destinados a confrontar a América Latina, invadió México en la mitad del siglo XIX y se apropió de la mitad de su territorio; realizó varias intervenciones militares en Centroamérica y en el Caribe (la participación de Estados Unidos en la guerra de independencia de Puerto Rico y Cuba dio origen a la incorporación de Puerto Rico como una colonia y, al fracasar la ocupación de Cuba, al establecimiento de la base militar de Guantánamo, la mayor de sus miles de bases militares esparcidas por el mundo).
El mismo papel desempeñó la construcción del canal de Panamá que separó esta región de Colombia y tantas otras intervenciones brutales en la región que fueron desplazándose inclusive a América del Sur en la medida en que las ambiciones imperialistas de Estados Unidos se fueron ampliando. Fue así como Estados Unidos tuvo que renunciar en la práctica a su doctrina panamericana convirtiéndose en el monstruo que Martí, Hostos, Mella, Sandino y otros tantos pensadores latinoamericanos identificaron.
Nuestras oligarquías exportadoras o aquellas ligadas al capital internacional perciben a Estados Unidos como un aliado casi incondicional pero los pueblos de la región se sienten mucho más identificados con la visión bolivariana. Así también se sienten los nuevos empresarios, sobre todo industriales, inclinados al mercado interno de la región. Continúan actuando así las fuerzas que aspiran a una mayor integración de la región. Fueron ellas las que, en 1947, se unieron en torno a la idea de formar en las Naciones Unidas una Comisión Económica de América Latina (CEPAL), a la que se opuso inútilmente el gobierno estadounidense. La CEPAL no solamente sirvió de base para iniciativas diplomáticas sino que se convirtió en el centro de un pensamiento alternativo que se diferenciaba teórica y doctrinariamente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Fue bajo su inspiración que se creó la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en 1960. Iniciativa a la que Estados Unidos responde con la creación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con la Alianza para el Progreso, la USAID y otras iniciativas diplomáticas y de seguridad (contra insurgencia).
A partir de este momento podemos contar una historia muy interesante de la resistencia latinoamericana más o menos radical. Varios estudios nos cuentan buena parte de esta historia al presentar de manera didáctica los antecedentes y las perspectivas de un esfuerzo integracionista regional que avanza a pasos agigantados a pesar de la tentativa sistemática de un pensamiento dependiente y subordinado que insiste en ignorar todos estos pasos que forman una interesantísima acumulación de experiencias que ganó una intensidad extremadamente rica estos últimos años, que en parte es consecuencia de la pérdida de hegemonía de Estados Unidos sobre la economía mundial. Es así que asistimos, inclusive, a una presencia constante de otras regiones antes totalmente ausentes de nuestra historia como la de China, que se está convirtiendo en el principal socio comercial e incluso inversor de casi todos países de la región.
Brasil y América Latina
La creciente incorporación de Brasil en este frente latinoamericano, tan despreciada históricamente por nuestra oligarquía, es un factor decisivo para viabilizar este proyecto histórico. Toda la región espera de Brasil que asuma un liderazgo histórico a favor de la integración regional. Una parte significativa de la población brasileña ya adhirió a esta idea y el gobierno Lula da Silva consiguió concretar esta meta histórica con la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el apoyo al Banco del Sur y el asumir posiciones políticas siempre favorables a los intereses regionales.
El gobierno Dilma Rousseff viene dando continuidad a estos cambios, buscando darles mayor eficiencia y eficacia. La Constitución brasileña ya había consagrado nuestra definición estratégica por una relación privilegiada con América Latina, seguida de África. Caminamos así hacia una política de Estado a favor de la integración regional así como fortalecemos nuestra decisión histórica de ejercer un papel unificador de las dos orillas del Atlántico Sur.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil está buscando definir con mayor precisión lo que llama como las prioridades de nuestra política de integración. Él define la relación con la Argentina y, consecuentemente, con el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) como prioridad "A". Le sigue, como prioridad "B", la integración de América del Sur, que tiene como su máxima expresión a la UNASUR, en pleno proceso de institucionalización. Así también debería priorizar el Banco del Sur, pero éste viene sufriendo la oposición del capital financiero nacional e incluso de los bancos públicos de inversión del país que aspiran a financiar directamente las inversiones, sobre todo para infraestructura de la región. En tercer lugar, encontramos la integración de Latinoamérica y el Caribe en su conjunto, que encuentra en la CELAC su expresión máxima y que podría dar pasos significativos con el restablecimiento de la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México, pues le será muy difícil abandonar, en esta coyuntura, la postura programática histórica de este partido a favor de la unidad latinoamericana. Se debe tomar en cuenta que los problemas emigratorios con los Estados Unidos y las dificultades registradas en las relaciones comerciales preferenciales con ese país y, finalmente, las dificultades surgidas de la demanda estadounidense de las drogas y la acción singular de la DEA en el "combate" al tráfico de drogas, todo esto lleva al PRI a la necesidad de rever su desvío derechista hacia el neoliberalismo que le desplazó del poder.
Se abre pues un contexto cada vez más favorable para la integración regional. Falta, sin embargo, que nuestras universidades y nuestra enseñanza en general tomen en serio su papel en la creación de una conciencia regional. De la gran prensa podemos esperar poco. Ella es propiedad de las más retrógradas oligarquías regionales, que se oponen radicalmente a la integración regional y al avance de ésta, a toda costa. La oligarquía tradicional y la oligarquía financiera, que tienen especial interés en la dispersión de los intereses regionales a favor de los centros de poder financiero mundial, se parecen muy claramente a las oligarquías regionales que, en las puertas de la independencia de la región, continuaban atrapadas en la sumisión a los imperios ibéricos. Estos sectores económicos están cada vez más ausentes de las necesidades de la población de sus países y tienden a perder liderazgo ante un enfrentamiento serio con ellos.
Es hora que las fuerzas progresistas de la región se unan para promover un nuevo estilo de desarrollo socioeconómico, ecológicamente sostenible, con profundo sentido social y humano. Para esto, además de los avances políticos y económicos, tienen que crear y articular una prensa escrita, hablada y virtual que cuide de los intereses de la región y de sus pueblos. El ejemplo de la Telesur ha demostrado la utilidad de esta propuesta, a pesar del poco apoyo que ha recibido de gobiernos como el brasileño.
Establecer un gran frente
Las tareas son cada vez más complejas, pero esto es una consecuencia de los avances que hemos tenido. Pues, mientras avanzamos moderadamente en la integración de las zonas de predominio de políticas de altas concesiones a nuestro pasado colonial y a la decadente ofensiva neoliberal, vemos que la propia CEPAL reconoce los resultados positivos alcanzados por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). La unión de los países de orientación socialista en la región, inspirados sobre todo en la cooperación y la solidaridad, presenta una ventaja derivada de la unidad política de estos países y del peso de sus políticas públicas en todos los campos.
Para espanto de los economicistas "realistas", apoyados en el individualismo posesivo del siglo XVIII, son los "idealistas" y románticos colectivistas los que presentan mejores resultados. Ellos no aprendieron nada de la victoria del Socialismo sobre el Nazismo en la Segunda Guerra Mundial, que afectó tan intensamente las políticas económicas de la posguerra, ni del Movimiento de Liberación Nacional anti-colonial y anti imperialista. Regresaron en los años 70 del siglo pasado con su carga reaccionaria a favor del "libre" mercado y del llamado "Estado mínimo" y con el canto de sirena del "equilibrio" de los fundamentos del mercado como el gran objetivo económico.
Tras reinar por 30 años entraron en una crisis definitiva: el legado de sus políticas fue un Estado deudor máximo, sumergido en una crisis fiscal colosal para defender la supervivencia de una esfera financiera especulativa que vive a costa de la transferencia de recursos públicos; nos entregaron un mundo de crisis económicas y de déficits comerciales, fiscales y de anarquía monetaria.
Si no dejamos que nos tomen las reservas financieras que acumulamos los últimos años y aplicamos nuestros recursos a la creación de un poderoso mercado regional, sustentado por políticas industriales que reestructuren nuestra participación en la división internacional del trabajo, al lado de las zonas emergentes en el mundo, estaremos listos para dar un salto civilizatorio que nos coloque al frente de la articulación de una nueva economía mundial. Esta afirmación tendría que complementarse con nuevos estudios sobre los cambios civilizatorios que se imponen en el mundo contemporáneo.
Ellos crearon, por lo tanto, las condiciones para establecer un gran frente, similar al que se creó a partir de 1935 contra el fascismo y por la participación de un Estado de base popular en la atención de las necesidades humanas. Las interacciones regionales son una parte esencial de este cambio político al esparcir por todo el mundo una nueva fase de desarrollo científico y tecnológico en la cual las nuevas naciones podrán ejercer un papel cada vez más activo. La promesa de los BRICS de convertirse en polos económicos cada vez más importantes se hace realidad cada día.
Y una América Latina unida podrá hacer mucho más. Si las oligarquías no están dispuestas a cumplir este papel, los sectores populares no dudarán un sólo instante en asumirlo. Esta es la tarea fundamental para transformar en realidad el sueño histórico de nuestros antepasados.