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miércoles, 13 de enero de 2016

19.000 migrantes cruzan el Mediterráneo.

Casi 19.000 refugiados han llegado a Europa por mar en los primeros 11 días del nuevo año, en un promedio de 1.700 al día, informó la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). También se han registrado ya las primeras muertes en el Mediterráneo. De momento, el número de bajas asciende a 53. Seis de ellos perecieron entre Libia e Italia, una ruta que se cobró la vida de más de 3.000 migrantes en 2015.


La OIM aseguró que las autoridades italianas habían recuperado el cuerpo de una mujer ahogada que presuntamente habría sido lanzada al mar por los traficantes de personas. Otros 37 somalíes lograron llegar a salvo a la costa en la misma embarcación, aunque otros 8 siguen desaparecidos.

En ese periodo, unos 220 migrantes fueron rescatados en el mar de camino a Italia, calcula la OIM. Este grupo incluía a mujeres y hombres que pretendían cruzar desde Turquía. Parece que los contrabandistas les obligaron a saltar al mar y nadar hasta la orilla, incluso a los que no llevaban chalecos salvavidas. Las mujeres que quisieron resistirse fueron golpeadas.

El naufragio más grave hasta ahora se produjo en abril del año pasado, cuando perdieron la vida 800 refugiados, lo que contribuyó a que 2015 terminase como el año con más muertes en el Mediterráneo desde que existen registros, según la OIM. ONU

viernes, 29 de agosto de 2014

Cascos azules.

política

El ministro de Defensa, Agustín Rossi, encabezó en Campo de Mayo el acto de despedida de 248 cascos azules que partirán rumbo a Chipre, para integrar la misión de paz dispuesta por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en esa isla del Mediterráneo.

“Esta misión de nuestras Fuerzas Armadas es una muestra más del compromiso del país con la paz en el mundo”, subrayó el ministro Agustín Rossi durante la ceremonia en la Plaza de Armas del Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz (Caecopaz).

El funcionario aseguró que la “Argentina ha ratificado la conveniencia de que los conflicto entre países se resuelvan pacíficamente, y estas misiones reafirman ese concepto”, y recordó la participación en la misión de paz en Haití.

Rossi se dirigió a los efectivos que cumplirán misiones en Chipre y los incitó a que “realicen las tareas con pasión, convicción y vocación”. Y agregó: “Representan en el exterior a las FFAA y al conjunto del pueblo de nuestro país, deben sentirse orgullosos por participar de esta experiencia enriquecedora, que va a redundar positivamente en el desarrollo de sus carreras”. Allí, el titular de la cartera recordó su visita a Chipre en mayo último, y dijo: “Nos llevamos las mejores de las impresiones, la tarea argentina es altamente reconocida a nivel internacional. Nuestras FFAA y la política de defensa han definido como un eje estratégico la participación en las misiones de paz”.

La Fuerza de Tarea Argentina 44 partirá el próximo 30 de agosto para relevar a los efectivos que se encuentran en la isla desde marzo pasado. El teniente coronel Ricardo Fresta es el jefe de este contingente integrado por 248 cascos azules, entre los cuales se encuentran 12 mujeres. Dentro del contingente se suman efectivos de Brasil, Chile y Paraguay.

domingo, 15 de abril de 2012

La Federación Rusa en la prueba del multipolarismo.


Geopolítica

Por Tiberio Graziani*


La estructuración del nuevo sistema multipolar está principalmente condicionada por la capacidad que dispone Rusia de ejercer un papel directivo en dos cuadrantes importantes a nivel mundial. Estos son el de Asia Central y el del Mediterráneo. Moscú, para cumplir eficazmente con esta función debe reforzarse en su frente interno. Putin, hace poco reelegido a la presidencia de la Federación, se verá obligado a enfrentar contemporaneamente desafíos muy importantes, en particular, aquellos que tienen que ver con la paz social, los procesos de modernización del sistema económico-productivo nacional y el ajuste del aparato de defensa.


Veinte años de Federación rusa

Han transcurrido tan sólo dos décadas desde la implosión de la Unión Soviética y del contextual desenlace del sistema bipolar que surgió después de haber finalizado el segundo conflicto mundial. Por lo general, veinte años son un lapso de tiempo muy exiguo para efectuar un análisis de carácter geopolítico; sin embargo, la confirmación de Rusia como actor global en tan sólo doce años merece una reflexión apropiada, necesaria para la evaluación de las direcciones que emprenderá la futura política exterior de Moscú y, sobre todo, su práxis geopolítica en particulares áreas del planeta.

La federación rusa nació de las cenizas de la Unión Soviética, después de una primera década de inestabilidad ha recobrado eficazmente su propio rol de gigante internacional. En el delicado y fugaz contexto unipolar – caracterizado por la progresiva expansión norteamericana en la masa eurasiática (por otra parte impulsada por la práxis de las guerras “humanitarias” en los Balcanes, en Irak y en Afganistán) – Moscú, una vez superadas sus dificultades iniciales, ha recuperado de lleno su prestigio ya sea en las naciones de los ex países soviéticos, ya sea ante los actores globales emergentes, en particular con China, India, África del sur y Brasil.

El prestigio recobrado ante las nuevas naciones independientes ha permitido la actuación de un equilibrio sustancial – apenas ofuscado por la crisis georgiana del 2008 – del inmenso espacio ex soviético. En este nuevo orden que podemos definir “grande regional” y pro euroasiático, la Federación rusa, lejos de asumir una posición hegemónica, ha privilegiado los aspectos cooperativos tendientes al desarrollo socioeconómico y a la seguridad colectiva de todo el área. La práxis cooperativa adoptada por Moscú ha también caracterizado las sucesivas relaciones entrelazadas con los nuevos países emergentes – Brasil, India, China y África del sur. Como es notorio, en la actualidad Rusia representa junto con estos países una formidable agrupación geoeconómica denominada BRICS, cuyo destino es el de repercutir de forma cada vez más profunda en las futuras escenas globales.

Por consiguiente, la confirmación de Moscú en el marco internacional mundial ha sido posible gracias a dos factores principales: en primer lugar, gracias a la conciencia de la clase dirigente rusa liderada por Putin por lo que concierne al papel fundamental de la relación que pasa entre la cohesión interna y losassett estratégicos del país y, en segundo lugar, gracias al restablecimiento de nuevas y adecuadas relaciones internacionales con el “vecino exterior”.

La transición uni-multipolar y la hipoteca militar

El resurgir de Rusia como actor principal en las dinámicas internacionales, por otra parte muy sólido debido a una serie de acuerdos que agrupan a las mayores naciones asiáticas (OTSC, EURASEC, OCS, la recién Unión Aduanera eurasiática entre Rusia, Bielorrusia y Kazakistan) y Brasil (BRICS), constituye uno de los elementos esenciales que caracterizan la actual fase de transición del sistema unipolar al multipolar. Hoy en día, en el contexto de la estructuración del nuevo orden multipolar, la Federación tiene, sin embargo, que enfrentar importantes desafíos en el plano interior y, como es evidente, en el internacional. Los desafíos del “frente interno”, bajo ciertos aspectos análogos a los que posee Rusia, debido a las difíciles condiciones de su entorno, espléndidamente superados durante los dos primeros mandatos presidenciales de Putin, tienen que ver principalmente con la paz social, la renovación de la estructura pública, la modernización de los procesos industriales y el ajuste del aparato de defensa. Las de tipo internacional tienen que ver, sin embargo, con la consolidación del status de Rusia como nación-continente y, en particular, la función que ésta desempeña en la aceleración del proceso multipolar.

Las pruebas que la nueva presidencia rusa se apresta a enfrentar están estrictamente relacionadas. La superación de los desafíos internos, en particular, los que se refieren a la modernización del sistema de defensa, constituyen, de hecho, la precondición para la estructuración de un nuevo sistema multipolar. Como ya se sabe el sistema geopolítico occidental, liderado por los norteamericanos, se está expandiendo por evidentes razones geoestratégicas en dos áreas de “interés” del planeta: el Mediterráneo y Asia Central. Por lo que se refiere al Mediterráneo, los EE.UU y sus principales aliados (Gran Bretaña, Francia e Israel) practican este tipo de expansión por medio de acciones militares directas o encubiertas, así como se ha observado en los recientes y aún actuales casos de Libia y Siria. El objetivo inmediato que persiguen los estrategas del Pentágono es la debilitación, a través de su fragmentación, de “la cremallera mediterránea”, para asegurarse un canal de acceso hacia el espacio centroasiático, definido por los euroatlánticos como los “Balcanes eurasiáticos”. El hecho de que los norteamericanos insistan en sus intentos de resolver las tensiones internacionales mediante el empleo de la presión militar, directa e indirecta, atestigua por un lado la dificultad en la que se halla la actual administración dirigida por Obama y por la Clinton en querer gestionar por vía diplomática las dinámicas geopolíticas en curso, es decir la transición uni-multipolar, por el otro, la ineficacia de las soluciones hasta ahora adoptadas por Washington para superar la persistente crisis económico-financiera que ha arremetido a todo el sistema occidental. La tenacidad con la que Washington utiliza el alistamiento militar revela también, sin embargo, la presencia de otro elemento: la inadecuación de los sistemas de defensa de Rusia, China e India. Esta inadecuación se demuestra, en particular, en la sede del Consejo de Seguridad de la ONU, en donde después de las primeras y motivadas denegaciones, Moscú y Pequín se hallan prácticamente obligados a tener que sufrir la iniciativa occidental. En concreto, parece que los EE.UU., bajo algunos aspectos, intente jugar bien sus cartas a través de la disuasión militar, así como ya lo habían experimentado en el contexto del bipolarismo.

Estas cartas, sin embargo, no comportarán en el medio plazo una jugada ganadora, ya que el nuevo panorama geopolítico, sumamente dinámico, a través de las agrupaciones arriba mencionadas, adquiere una fisionomía cada vez más de signo multipolar que tiende a limitar las presunciones norteamericanas incluso en el plano militar.


*Tiberio Graziani, presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios Geopolíticos y Ciencias Auxiliarias, director de Geopolitica, revista del IsAG.

www.istituto-geopolitica.eu  -  www.geopolitica-rivista.org