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domingo, 25 de agosto de 2013

Paracaidista de la Legión Extranjera y capellán… la vida de película del padre Lallemand.

Del Congo, al Líbano, Chad…

Paracaidista de la Legión Extranjera y capellán… la vida de película del padre Lallemand
El padre Lallemand hizo casi 1.000 saltos
Javier Lozano / ReL  
La vida del padre Lallemand es la de un sacerdote que siempre ha vivido al límite, de aquellos que no han dudado en arriesgarlo todo para ayudar al prójimo. Y este espíritu aventurero y amante del riesgo queda más aún de manifiesto al ser el capellán católico de la Legión Extranjera francesa y estar siempre donde están sus chicos. Es uno de sus paracaidistas y ha cuidado durante décadas de las almas de cientos de jóvenesque se enfrentaban a diario a la muerte. Toda una institución en el cuerpo.
 
Su vida le ha llevado por muchos caminos. Ha visto desde la cara amable de la camarería a tener que cuidar a sus compañeros moribundos y muertos en el campo de batalla. Pero su vida da todavía para mucho más.

Su llegada a la Legión Extranjera 
Este sacerdote es toda una leyenda en la temida Legión Extranjera. Inició su estancia con ellos en 1955 cuando todavía estaba en el Seminario. Ocurrió en Argelia y allí ya pudo ver la dureza de la guerra, tal y como cuenta a Famille Chretienne. Una vez ordenado, su obispo intentó que se quedara en la Diócesis pero este sacerdote tenía claro que su sitio estaba en otro lugar, dando asistencia espiritual a los jóvenes soldados. Fue destinado a varios regimientos y allí los legionarios le dijeron algo de lo que quizás más tarde se arrepintieran. “Si no saltas con los legionarios, no eres digno de ser nuestro capellán”. Nunca dejó de serlo. Desde ese momento, el primero en saltar era el jefe del regimiento y él segundo siempre fue él.
 
Desde aquel salto se sucedieron otros cientos, concretamente 980 saltos más. Según cuenta este sacerdote castrense, muchos de ellos tenían sólo de especial su oración a San Miguel. Otros, sin embargo, fueron muy distintos y fueron marcando su vida. En 1978 saltaron sobre la ciudad congoleña de Kolwezi. Él saltó tras el oficial pero “antes recuerdo especialmente el asombroso silencio de los legionarios.Aterricé sobre un cadáver, los había en todas partes y los perros estaban allí merodeando”, recuerda. Su función fue cuidar de los muertos y darles la dignidad que se merecían. Algo muy duro.

Beirut, su momento más duro
Pero algo peor estaba por pasar. El puesto de los paracaidistas franceses en Beirut fue víctima de un atentado. Murieron 58 personas. A todas las conocía a la perfección. Se dedicó a desenterrar los cuerpos y a hacer presente la esperanza cristiana en medio de la muerte. Pese a ello, él estaba roto: “¿puedes imaginar a un padre que ve morir a sus hijos?”, se preguntaba. Celebró el funeral en Beirut y desapareció.
 
De allí fue a dos misiones en Chad donde los franceses debían bloquear la progresión de Gadafi. Aquí se produjo el hecho que más marcaría su vida. En el norte del país descubrió grupos de cristianos hambrientos y harapientos. Eran médicos, maestros, funcionarios que habían nacido en el sur y que habían sido allí enviados y abandonados. Llevaban años sin ver a un sacerdote.

Su amor a los cristianos abandonados en África 
En ese momento el padre Lallemand tomó la decisión de dejar el Ejército y comenzar una nueva vida de servicio a estos cristianos del desierto. Allí consiguió la plenitud en su ministerio pese a las dificultades. “Fui llamado allí por el Espíritu Santo”, recuerda y destaca el entusiasmo de este pequeño grupo de cristianos hambrientos físicamente y también de Dios. A veces no comían en días pero este hecho no le hizo dar marcha atrás.
 
Diez años estuvo el sacerdote francés en Chad. Esta obra del Espíritu Santo, como la define él, iba creciendo. Poco a poco fueron rehaciendo la comunidad cristiana. Reconstruyeron 20 iglesias y mientras tanto veía florecer los frutos. Empecé con dos fieles bajo un árbol y pronto estábamos 200. Él se movía por bastos territorios para poder atender a todos.“Durante los viajes no tenía ni un momento libre. Los fieles venían con decenas de bautismos y confesiones”, recuerda.

La Adoración, la clave de su vocación 
Pero él también necesitaba alimentar su alma. Allí experimentó como nunca la presencia de Jesús en la Eucaristía. África es el lugar “donde descubrí lo que es la soledad y la adoración. Fue la adoración lo que me permitió mantenerme allí”.
 
En 1996 volvió a Francia. ¿Qué legado mantuvo de ese periodo? Tras esa experiencia de soledad y adoración necesitaba también este alimento en su país por lo que desde entonces pasa tres días cada mes en silencio en el monasterio benedictino de Notre Dame en Ganagobie. Considera que la clave de su vitalidad está precisamente en el Santísimo.
El padre Lallemand es muy querido por los jóvenes legionarios 
Su labor quedaba ya dirigida a las nuevas generaciones de legionarios. Muy distintas a las que encontró en el desierto en lo externo pero similares en el interior de su alma: esa búsqueda del amor y la felicidad que sólo Dios puede dar.

Su nueva misión con los jóvenes legionarios 
A cada legionario le regalaba un Nuevo Testamento y les prestaba todo el tiempo del mundo para escuchar sus alegrías pero también sus miedos y frustraciones. “El padre Lallemand es un verdadero padre para nosotros, que de una manera u otra somos huérfanos”, destaca uno de estos legionarios.
 
Los años han pasado también para él y su vitalidad se dirige ahora a los enfermos  y ancianos así como a tantos compañeros mutilados de la Legión Extranjera a los que sigue acompañando décadas después. “Siempre me he guiado por las palabras del Evangelio: yo era extranjero y me acogisteis”. ¿Y qué opina de su vida como capellán y paracaidista? Su respuesta es muy clara y concisa: “No me arrepiento de nada, nada de nada”.

domingo, 21 de octubre de 2012

La iglesia de San Francisco, la más antigua de la Arquidiócesis de Karachi (Pakistán), fue atacada el 12 de octubre por una turba de unos 600 radicales islámicos, generando la preocupación de la comunidad cristiana local.


Unos 600 extremistas islámicos atacan iglesia en Pakistán


ROMA, 18 Oct. 12 / 06:21 am (ACI/EWTN Noticias).-

Según informó este miércoles la agencia Fides, los fundamentalistas arrasaron con el patio, pero no lograron derribar la puerta principal del templo. Los dos monjes franciscanos que viven allí, el P. Victor Mohan y el P. Albert Jamil; así como las religiosas que prestan servicio "tiene miedo, temen nuevos ataques, pero confían en la Providencia de Dios".

"El P. Víctor acababa de celebrar una boda, cuando oyó ruidos y gritos desde el recinto de la iglesia. Inmediatamente todos los fieles, mujeres y niños fueron puestos al seguro, en la casa parroquial. Los radicales, gritando consignas anti-cristianas, irrumpieron dentro del recinto devastando todo: coches, motos, jarrones de flores. Rompieron una capillita y se llevaron la estatua de la Virgen. Trataron de forzar la puerta de la iglesia, lanzando piedras y destruyendo las ventanas”, relató un sacerdote.

El hecho duró una hora hasta que llegó la policía y dispersó a la turba. Las fuentes de Fides no descartan que el ataque tenga relación contra la película La Inocencia de los Musulmanes o cualquier otra cuestión relacionada con un acto de blasfemia.
Unos 600 extremistas islámicos atacan iglesia en Pakistán

Días después el Arzobispo de Karachi, Mons. Joseph Coutts, encabezó una marcha pacífica con cientos de sacerdotes, religiosas, laicos, miembros de la Comisión "Justicia y Paz" y de activistas de los derechos humanos.

"La iglesia de San Francisco siempre ha servido a los pobres a través de una escuela y una clínica médica dirigida por las hermanas. Durante casi 80 años cumple un humilde servicio a la humanidad, sin distinción de casta, etnia o religión. ¿Por qué entonces estos actos? ¿Por qué no estamos a salvo?", preguntó el Prelado.

Mons. Coutts pidió al Gobierno dar seguridad a la comunidad local. También invitó a los ciudadanos de Pakistán "a respetar todas las religiones, para que podamos vivir en armonía y paz".