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lunes, 7 de octubre de 2013

Carta del Comandante de las FARC a una periodista de la revista "Semana".

COLOMBIA

Viernes, 04 Octubre 2013 

El máximo comandante de la insurgencia de las FARC EP, Timoleón Jímenez, en una carta de respuesta a la columnista de la revista "Semana", María Jimena Duzán, afirma entre otras cosas que:

Por el tono emocional de su misiva, y sus precisas condiciones, debo entender que mis manifestaciones al país no le parecen ni provechosas ni amigables. Cada quien tiene el derecho a valorar las cosas según su criterio, el cual a su vez expresa un interés de clase?.


En su columna en la edición del pasado 21 de septiembre de la mencionada revista, Duzán, envió un mensaje al máximo comandante de las FARC EP, Timoleón Jiménez,  donde, desde su punto de vista muy particular, se fue lanza en ristre contra ese ejército insurgente y contra los diálogos de paz que se adelantan en La Habana.


A continuación la respuesta de Timoleón Jiménez y después el enlace a la columna de Duzán:


A María Jimena Duzán

Comunicado


Por: Timoleón Jiménez. FARC-EP

En varias ocasiones ha manifestado usted su interés en un intercambio epistolar  conmigo. Ahora, tras una andanada mucho menos amable que cuando valoraba mi estilo, vuelve a la carga, y con dos condicionamientos además, que sea productivo y que no sirva para sembrar cizaña



Por el tono emocional de su misiva, y sus precisas condiciones, debo entender que mis manifestaciones al país no le parecen ni provechosas ni amigables. Cada quien tiene el derecho a valorar las cosas según su criterio, el cual a su vez expresa un interés de clase.


Habría que preguntar a los estudiantes de la MANE o a los campesinos movilizados en la MIA, a quienes usted ubica tan ajenos a nuestro pensamiento, cuanta indignación o simpatía les despierta nuestra palabra.  ¿Dirían la verdad con el riesgo que eso entraña en Colombia?


¿Sí es el país o la abrumadora mayoría, quien ha perdido la credibilidad en nuestra vocación de paz? Si usted, que posa de analista franca y objetiva, lo asegura de modo categórico, es probable que induzca a otros a pensar igual, aunque ello no necesariamente significa que sea cierto.


Si lo afirman casi tomados de la mano los grandes medios, prósperas empresas vinculadas públicamente a los núcleos económicos, sociales y familiares que giran en torno al poder, cabe preguntarse si no son esos círculos los desencantados.


La verdad es que en las alturas siempre se ha concebido la paz como la simple terminación del alzamiento armado, sin ningún cambio importante en las estructuras económico sociales o el régimen político del país. Algunas prebendas personales al precio de la rendición y entrega.


Nuestra posición es distinta. Colombia requiere hondas trasformaciones, sus instituciones están podridas. El Estado colombiano ha devenido en garante del enriquecimiento del sector más pudiente, y en máquina para someter violentamente la inconformidad. Eso debe cambiar.


Nuestra palabra es ignorada de manera olímpica. Manipulada o interpretada de acuerdo con las conveniencias inmediatas. Como cuando especulan que el discurso de Oslo tuvo por objeto satisfacer  la galería o calmar los ánimos de los guerrilleros descontentos.


O que no hay que pararle bolas a lo que las FARC digamos por fuera de la Mesa, dando a entender que en ella asumimos una posición completamente distinta. De ese modo se genera y patrocina la idea de que cuanto decimos es falso o interesado.


Indicar que nuestra delegación de paz en La Habana ha sido autorizada para presentar un informe público sobre lo que ocurre verdaderamente en la Mesa, cosa que todo el mundo en este país reclama, se titula y comenta como una amenaza que pone en peligro la continuación del proceso.


Publicada mi Adenda necesaria, Caracol radio la presenta así, Timochenko dice que revelar avances de la mesa no es una amenaza. Usted en su nota pregunta si he calibrado las amenazas expresadas en mis últimas cartas acerca de echar por la borda la confidencialidad.


Muchos de quienes se nos acercan, temen ser absorbidos por nuestra lógica. Reconocen una posición de compromiso absoluto con las clases oprimidas y no quieren involucrarse de ese modo, resulta demasiado riesgoso para su vida y su tranquilidad personal.


Allí radica en el fondo la clave del actual conflicto. Quienes ponen en duda la legitimidad del orden de cosas y asumen en serio la tarea de trabajar conjuntamente con los más afectados por éste, con el propósito de superarlo, terminan conociendo y sufriendo el lado brutal del régimen.


Vivimos y luchamos porque ese rostro y esa mano criminal desaparezcan para siempre. Los horrores vividos en Colombia desde hace más de seis décadas por cuenta de la violencia oficial abierta o disfrazada no tienen nombre. Esa verdad pretende soslayarse a costa nuestra.


Lo hemos dicho,  no tenemos reparos para dar la cara a las víctimas del conflicto, para reconocer nuestra cuota en las consecuencias de la guerra. Lo que no significa que asumamos la responsabilidad por la generación, el escalamiento y la degradación de esta.


Eso tiene que quedar claro. Ahora aparecen los restos de Fidel Castaño y el país se entera de que murió en un enfrentamiento con las FARC en San Pedro de Urabá. ¿Por qué en más de 30 años de paramilitarismo no hubo un solo enfrentamiento entre el Ejército y ellos?


Las eternamente lamentables víctimas de Bojayá, perecieron en medio de un combate de varios días contra una estructura paramilitar tolerada y apoyada por las fuerzas armadas. Las centenares de masacres paramilitares contra la población inerme o el exterminio de la UP son otra cosa.


La paz supone que salgan a flote tales claridades. Como la de las vinculaciones del narcotráfico  con las fuerzas militares y de policía, el paramilitarismo, el sector financiero y la clase política. Eso no puede esquivarse con el pretexto de nuestra relación con él, que podemos explicar sin pudores.


Hablar así equivale, para ciertos sectores del país, a nuestra pérdida de credibilidad. Quisieran que el resto de colombianos los siguiera. Si así fuera, sería imposible construir una Colombia más incluyente, lo que menos quieren los devotos de la guerra y las rendiciones incondicionales.


La democracia colombiana es tan intolerante y violenta, que trabajar de manera consecuente por la paz y la reconciliación ha sido elevado a oprobio, linda con las páginas del código penal. Por eso  fue privada de sus derechos políticos la senadora Piedad Córdoba.


Y por eso, pese a sus más de treinta años de lucha por hacer posible una solución política al conflicto colombiano, se pone en la picota pública al doctor  Álvaro Leiva. Creí escuchar que la politóloga y periodista Claudia López salió a toda prisa del país. ¿Imagina por qué?


María Jimena, artículos como el suyo, o como los de Marta Ruíz o León Valencia, al igual que los de tantos columnistas que se pronuncian a diario sobre el proceso de La Habana, ponen de presente  la inmensa expectativa del país con él y no su entrada en decadencia. Pensamos distinto, es todo.

sábado, 16 de febrero de 2013

¡Ni un segundo de Tregua! respondieron Juan Manuel Santos y su Mindefensa, Juan Carlos Pinzón, cuando las FARC propusieron una tregua de dos meses.

COLOMBIA

Se escala la guerra. 

Por Horacio Duque Giraldo (de la Agencia ANNCOL)

15 Febrero 2013 


Después de finalizada, el pasado 20 de enero, la tregua unilateral de las Farc/EP, hecha como una concesión para ampliar los niveles de credibilidad en la sociedad del proceso de conversaciones de La Habana, la guerra interna ingresó, nuevamente, en una espiral creciente.

Olímpicamente, el señor Santos despreció el gesto constructivo de la insurgencia revolucionaria y mantiene su absurda disposición de seguir adelante con su ofensiva militar porque su motivación es destruir y aniquilar por las malas a la guerrilla. Acaricia el triunfo militar de tierra arrasada. No se percata que por esa vía le irá peor, sin poder conquistar ya nada o casi nada, debido a que se creyó la fantasía bélica de los generales uribistas de poner en alza las acciones de la guerra y los planes ofensivos con rendimientos en declive por lo equivocado de la estrategia bélica vigente.

Negarse tercamente a un cese bilateral del fuego y hostilidades, implica descartar el ángulo de la colaboración reciproca que trajo la firma del Acuerdo general de La Habana, los avances de las conversaciones en el tema agrario y la participación de la sociedad civil, ahondando los distanciamientos, para colocar las cosas en un viaje sin retorno hacia el conflicto total y la guerra químicamente pura, como lo hemos visto en los ataques aéreos del Paramillo y en los graves hechos del del Caqueta y Sumapaz, con los operativos de varios frentes insurgentes que actúan con el vigor de las leyes de la guerra.



Lo que está ocurriendo es un aumento de las reciprocidades en los distanciamientos de las partes debido a que Santos piensa que puede aniquilar rápidamente al contendor, desconociendo sus recientes mutaciones políticas, organizacionales, tácticas y estratégicas, a todas luces eficaces.

Por tales circunstancias es inexorable inferir que el proceso se está debilitando y desacelerando para de esa manera llegar muy probablemente al estancamiento y ser sometido, repentinamente, por el jefe de la Casa de Nariño, a un brutal reverzaso con el fin de priorizar sus planes politiqueros de reelección por otros cuatro años más.

Pero el cuadro de guerra perfilado por los gobernantes de turno tendrá unas repercusiones políticas negativos, al revés de lo que se imagina el Presidente. Es su salto al vacío debido a la vacilación de su conducta en el cometido de resolver la prolongada guerra civil nacional.

Lo único que podría regresar las cosas a un ambiente de entendimiento constructivo es la colaboración mutua, sustituyendo así la lógica del aniquilamiento que prevalece. El cese bilateral del fuego es un buen punto para avanzar en la senda de los acuerdos eficaces. Hay que poner manos a la obra.

fuente: ANNCOL

sábado, 9 de febrero de 2013

Las irresponsables ligerezas en torno a la paz,

COLOMBIA

POR Timoleón Jiménez
Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP

5-02-2013

"El designio de las grandes alturas apunta a que debe ponerse fin a la insurgencia colombiana, a su influencia política y sobre todo a su mal  ejemplo para los demás pueblos. Mientras consiguen el derrumbe de la revolución venezolana, les resulta urgente contrastar sus innegables avances con un paradigma exitoso de desarrollo y civilización política. Ese papel ha sido asignado a Colombia. Por eso la afluencia de capital extranjero, la llegada en masa de las multinacionales, la limpieza y maquillaje al rostro de su sanguinario régimen".


En su discurso de posesión, el reelegido Presidente Barack Obama expresó entre otros propósitos de los Estados Unidos, el de apoyar la democracia del África al Asia y de las Américas al Medio Oriente, al tiempo que ampliar las instituciones que extienden su capacidad de resolver las crisis en el exterior. Según sus propias palabras, sus intereses y su conciencia los impulsan a actuar a favor de quienes anhelan la libertad.
La historia del último siglo da fe del significado de tal filosofía. Y pone de presente que en cuestiones de dominación y sojuzgamiento de los pueblos, no existe ninguna diferencia entre los dos partidos políticos norteamericanos. Lo claro es que Obama reitera la vocación intervencionista, militarista y expoliadora de su país, y anuncia de manera pública que va a ahondarla en los próximos años. Las instituciones que se proponen ampliar no serán otras que su máquina de matar, llámense marines, contratistas, drones o fuerzas especiales, sus agencias de inteligencia, sus bases militares, asesores e instructores por todo el planeta.




Las angustiosas situaciones de Afganistán, Irak o Libia son ejemplos contundentes de las idílicas democracias que florecen con su apoyo. Y es obvio que Obama omitió los términos de mercado para calificar la libertad que lo inspira. De todos es sabido que la economía capitalista mundial atraviesa por una grave crisis, y que los propios Estados Unidos se hallan abocados a una contracción forzosa de su gasto público. Las manifestaciones del Presidente norteamericano ponen en evidencia que el complejo militar industrial y financiero del Pentágono, le está apostando a la guerra y la intervención como palancas de aceleración de su agónica economía. La violencia y la muerte devienen en recursos urgentes del gran capital.

De ahí que los discursos de paz del Imperialismo y sus regímenes satélites están fundados en la necesidad de incrementar la tasa de ganancia. La imposición generalizada de las medidas decretadas por las agencias internacionales de crédito tipo FMI o Banco Central Europeo, resultan vitales para la sobrevivencia del decadente sistema. Y o se imponen por las buenas, o se imponen por las malas, para usar la expresión puesta de moda por el Presidente Santos. La crisis económica global obliga a aplastar a los pueblos que sueñan con marchar a contracorriente. Y es aquí donde resulta urgente y necesario encender todas las alarmas.

El designio de las grandes alturas apunta a que debe ponerse fin a la insurgencia colombiana, a su influencia política y sobre todo a su mal ejemplo para los demás pueblos. Mientras consiguen el derrumbe de la revolución venezolana, les resulta urgente contrastar sus innegables avances con un paradigma exitoso de desarrollo y civilización política. Ese papel ha sido asignado a Colombia. Por eso la afluencia de capital extranjero, la llegada en masa de las multinacionales, la limpieza y maquillaje al rostro de su sanguinario régimen. Dentro de esto último caben los discursos sociales, las leyes de apariencia bienhechora y los repentinos anhelos de paz que coinciden con viejas aspiraciones de la mayoría de los colombianos.

Los saliente y entrante Secretarios de Estado de USA, Hillary Clinton y John Kerry, expidieron en días pasados, de forma sucesiva, amplios elogios a la democracia colombiana, a su modelo de economía exitoso y a la estrategia estadounidense de intervención y apoyo en nuestro suelo, llegando incluso a recomendarnos como ejemplo a seguir no sólo por los pueblos del norte de África, hoy tan agitados, sino por la vecina Venezuela, a la que no vacilan en considerar perturbada y en transición. El nuevo Secretario de Estado, demócrata para más señas, llegó al extremo de ensalzar la tarea cumplida por Uribe Vélez entre 2002 y 2010.

El abierto giro a la ultraderecha en los Estados Unidos, y su corolario de solución militar, parecen tener su correspondiente reflejo en Colombia. Era apenas natural que Fedegán o los más caracterizados voceros del uribismo despotricaran contra el proceso de La Habana. Ahora los dardos brotan del Partido Liberal, de boca del ex secretario general de la OEA y ex Presidente Cesar Gaviria, quien en lenguaje muy suyo sale a hablar de las alocadas acciones de las FARC, y de la necesidad de que el gobierno nacional considere poner fin a las conversaciones. Unos días después, su ex ministro de gobierno y jefe de la delegación de paz, señor De La Calle, se pronuncia energúmeno en el mismo sentido, primero en Bogotá y luego en La Habana.

Y lo hacen apelando a triviales pretextos. La ejecución por parte de las FARC de acciones militares y de sabotaje económico tras el cese de fuego unilateral. Olvidando que el gobierno impuso y defiende abiertamente dialogar en medio de la confrontación. Haciendo caso omiso de las brutales arremetidas que las fuerzas armadas oficiales y paraoficiales vienen cumpliendo de modo incesante en todo el territorio nacional, de las cuales dan partes frecuentes jactándose de la cantidad de sangre derramada. Creando la matriz mediática de que somos las FARC-EP quienes impedimos cualquier avance en los acuerdos. Desconociendo repetidas declaraciones de altos funcionarios del Estado, en el sentido de no ceder en la Mesa absolutamente nada en cuanto al modelo económico y político o el plan de gobierno.

Que se capturen miembros de la fuerza pública en servicio, no constituye violación alguna a nuestro compromiso público de proscribir las retenciones con fines financieros, más cuando el gobierno se niega reiteradamente a cualquier acuerdo sobre regulación de la guerra. Si una unidad de las FARC-EP retiene momentáneamente los empleados de alguna transnacional que se encuentran en su área de operaciones, es un asunto que puede remediarse fácilmente. Cualquier observador desapasionado concluiría que esos satanizados hechos constituyen incidentes menores en la cotidianeidad de la grave confrontación que padece el país, y que no merecen en ningún modo el tratamiento escandaloso y malintencionado que se les confiere.

Lo que sí se deduce de semejante arremetida de declaraciones y campañas de prensa, es la existencia de un afán desmedido por posicionar en la mente de los colombianos la idea de la terminación de las conversaciones de paz. Da la impresión de que altos intereses externos e internos presionan con fuerza por la descabellada solución militar del conflicto. Los tiempos, procedimientos y contenidos que giran en torno a los diálogos de La Habana, envuelven propósitos demasiado serios como para permitir que se siga tratando este asunto con tan irresponsable ligereza. Creemos que el Presidente Santos debe sopesar muy bien los cálculos que está haciendo. Hay todo un pueblo clamando por paz y justicia social tras nosotros.

Timoleón Jiménez
Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 1 de febrero de 2012


FUENTE: Resistencia-colombia.org