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martes, 14 de enero de 2014

RAMONET ENTREVISTA A FIDEL.

CUBA

Llegué a Caracas el domingo 17 de marzo. La Feria del Libro de Venezuela (Filven), la presentación de mi novela Gutiérrez a secas, publicada por la editorial Monte Ávila, y la coordinación de un taller de literatura policial eran las razones aparentes de ese viaje. Sin embargo, por encima del seminario policial y la presentación de la novela, destacaba una razón determinante y definitiva: trece días antes, los venezolanos en particular y Latinoamérica en general, habían perdido al comandante Hugo Chávez.

    ? ?¿Cómo voy a estar yo en un vivir muriendo??
No debo excederme, debo frenar el caballo?, les dijo Hugo Chávez a los cadetes al pasar una revista sorpresiva en la Academia Militar, cercana al Fuerte Tiuna, en donde se acondicionó una residencia para convalecer y recibir los cuidados del médico y los enfermeros cubanos que Fidel Castro puso a su disposición.

Sin grabación, sin apuntes, en una charla entre viejos amigos, el líder de la Revolución Cubana comparte sus reflexiones políticas
Hacía un día de primaveral dulzura, anegado por esa luz refulgente y ese aire cristalino tan característicos del mágico diciembre cubano. Llegaban olores del océano cercano y se oían las verdes palmeras mecidas por una lánguida brisa. En uno de esos ?paladares? que abundan ahora en La Habana, estaba yo almorzando con una amiga. De pronto, sonó el teléfono. Era mi contacto: ?La persona que deseabas ver te espera en media hora. Date prisa?. Lo dejé todo, me despedí de la amiga y me dirigí al lugar indicado. Allí me aguardaba un discreto vehículo cuyo chófer puso de inmediato rumbo hacia el oeste de la capital.
Yo había llegado a Cuba cuatro días antes. Venía de la Feria de Guadalajara (México) donde estuve presentando mi nuevo libro Hugo Chávez. Mi primera vida, conversaciones con el líder de la revolución bolivariana. En La Habana, se estaba celebrando con inmenso éxito, como cada año por estas fechas, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Y su director, Iván Giroud, tuvo la gentileza de invitarme al homenaje que el Festival deseaba rendirle a su fundador, Alfredo Guevara, un auténtico genio creador, el mayor impulsor del cine cubano, fallecido en abril de 2013.
Como siempre, cuando llego a La Habana, había preguntado por Fidel. Y a través de varios amigos comunes le había transmitido mis saludos. Hacía más de un año que no lo veía. La última vez había sido el 10 de febrero de 2012 en el marco de un gran encuentro ?por la Paz y la preservación del Medio Ambiente?, organizado al margen de la Feria Internacional del Libro de La Habana, en el que el Comandante de la revolución cubana conversó con una cuarentena de intelectuales.
Se abordaron, en aquella ocasión, los temas más diversos, empezando por el ?poder mediático y la manipulación de las mentes? del que me tocó hablar en una suerte de ponencia inaugural. Y no se me olvida la pertinente reflexión que hizo Fidel al final de mi exposición: ?El problema no está en las mentiras que los medios de comunicación dominantes dicen. Eso no lo podemos impedir. Lo que debemos pensar hoy es cómo decimos y difundimos nosotros la verdad?.
Durante las nueve horas que duró esa reunión, el líder cubano impresionó a su selecto auditorio. Demostró que, a sus entonces 85 años de edad, conservaba intacta su vivacidad de espíritu y su curiosidad mental. Intercambió ideas, propuso temas, formuló proyectos, proyectándose hacia lo nuevo, hacia el cambio, hacia el futuro; sensible siempre a las transformaciones en curso del mundo.
¿Cuán cambiado lo hallaría ahora, diecinueve meses después? Esto me preguntaba yo a bordo del vehículo que me acercaba a él. Fidel había hecho pocas apariciones públicas en las últimas semanas y había difundido menos análisis o reflexiones que en años anteriores.
Llegamos. Acompañado de su sonriente esposa, Dalia Soto del Valle, Fidel me esperaba a la entrada del salón de su casa, una pieza amplia y luminosa abierta sobre un soleado jardín. Lo abracé con emoción. Se le veía en estupenda forma. Con esos ojos brillantes cual estiletes sondeando el alma de su interlocutor. Impaciente ya de iniciar el diálogo, como si se tratase, diez años después, de proseguir nuestras largas conversaciones que dieron lugar al libro Cien horas con Fidel.
Aún no nos habíamos sentado y ya me formulaba infinidad de preguntas sobre la situación económica en Francia y la actitud del Gobierno francés? Durante dos horas y media, charlamos de todo un poco, saltando de un tema a otro, como viejos amigos. Obviamente se trataba de un encuentro amistoso, no profesional. Ni grabé nuestra conversación, ni tomé apunte alguno durante el transcurso de ella. Y este relato, además de dar a conocer algunas reflexiones actuales del líder cubano, sólo aspira a responder a la curiosidad de tantas personas que se preguntan, con buenas o malas intenciones: ¿cómo está Fidel Castro?
Ya lo he dicho: estupendamente bien. Le pregunté por qué aún no había publicado nada sobre Nelson Mandela, fallecido hacía ya más de una semana. ?Estoy en ello ?me declaró?, terminando el borrador de un artículo. Mandela fue un símbolo de la dignidad humana y de la libertad. Lo conocí muy bien. Un hombre de una calidad humana excepcional y de una nobleza de ideas impresionante. Es curioso ver cómo los que ayer amparaban el Apartheid, hoy se declaran admiradores de Mandela. ¡Qué cinismo! Uno se pregunta, si únicamente tenía amigos, ¿quién entonces metió preso a Mandela? ¿Cómo el odioso y criminal Apartheid pudo durar tantos años? Pero Mandela sabía quiénes eran sus verdaderos amigos. Cuando salió de prisión, una de las primeras cosas que hizo fue venir a visitarnos. ¡Ni siquiera era todavía presidente de Sudáfrica! Porque él no ignoraba que sin la proeza de las fuerzas cubanas, que le rompieron el espinazo a la elite del Ejército racista sudafricano en la batalla de Cuito Cuanavale [1988], y favorecieron así la independencia de Namibia, el régimen del Apartheid no se hubiese derrumbado y él se hubiera muerto en la cárcel. ¡Y eso que los sudafricanos poseían varias bombas nucleares, y estaban dispuestos a utilizarlas!?.
Hablamos después de nuestro amigo común Hugo Chávez. Sentí que aún estaba bajo el dolor de la terrible pérdida. Evocó al Comandante bolivariano casi con lágrimas en los ojos. Me dijo que se había leído, ?en dos días?, el libro Hugo Chávez. Mi primera vida. ?Ahora tienes que escribir la segunda parte. Todos queremos leerla. Se lo debes a Hugo?, añadió. Ahí intervino Dalia para señalarnos que ese día (13 de diciembre), por insólita coincidencia, se cumplían 19 años del primer encuentro de los dos Comandantes cubano y venezolano. Hubo un silencio. Como si esa circunstancia le confiriera de pronto una indefinible solemnidad a nuestra visita. Meditando para sí mismo, Fidel se puso entonces a recordar aquel primer encuentro con Chávez del 13 de diciembre de 1994. ?Fue una pura casualidad ?rememoró?. Me enteré de que Eusebio Leal lo había invitado a dar una conferencia sobre Bolívar. Y quise conocerlo. Lo fui a esperar al pie del avión. Cosa que sorprendió a mucha gente, incluido al propio Chávez. Pero yo estaba impaciente por verlo. Nos pasamos la noche conversando?. ?Él me contó ?le dije?, que más bien sintió que usted le estaba haciendo pasar un examen?? Se echa a reír Fidel. ?¡Es cierto! Quería saberlo todo de él. Y me dejó impresionado? Por su cultura, su sagacidad, su inteligencia política, su visión bolivariana, su gentileza, su humor? ¡Lo tenía todo! Me di cuenta de que estaba frente a un gigante de la talla de los mejores dirigentes de la historia de América latina. Su muerte es una tragedia para nuestro continente y una profunda desdicha personal para mí que perdí al mejor amigo??
?¿Vislumbró usted, en aquella conversación, que Chávez sería lo que fue, o sea el fundador de la revolución bolivariana?? ?Él partía con una desventaja: era militar y se había sublevado contra un presidente socialdemócrata que, en realidad, era un ultraliberal? En un contexto latinoamericano con tanto gorila militar en el poder, mucha gente de izquierdas desconfiaba de Chávez. Era normal. Cuando yo conversé con él, hace hoy pues diecinueve años, entendí inmediatamente que Chávez se reclamaba de la gran tradición de los militares de la izquierda en América Latina. Empezando por Lázaro Cárdenas [1895-1970], el general- presidente mexicano que hizo la mayor reforma agraria y nacionalizó el petróleo en 1938?? Hizo ahí Fidel un amplio desarrollo sobre los ?militares de la izquierda? en América latina e insistió sobre la importancia, para el Comandante bolivariano, del estudio del modelo constituido por el general peruano Juan Velasco Alvarado.
?Chávez lo conoció en 1974, en un viaje que efectuó a Perú siendo aún cadete. Yo también me encontré con Velasco unos años antes, en diciembre de 1971, regresando de mi visita al Chile de la Unidad Popular y de Salvador Allende. Velasco hizo reformas importantes pero cometió errores. Chávez analizó esos yerros y supo evitarlos?.
Entre las muchas cualidades del Comandante venezolano, subrayó Fidel una en particular: ?Supo formar a toda una generación de jóvenes dirigentes; a su lado adquirieron una sólida formación política, lo cual se reveló fundamental, después del fallecimiento de Chávez, para la continuidad de la revolución bolivariana. Ahí está, en particular, Nicolás Maduro con su firmeza y su lucidez que le han permitido ganar brillantemente las elecciones del 8 de diciembre. Una victoria capital que lo afianza en su liderazgo y le da estabilidad al proceso. Pero en torno a Maduro hay otras personalidades de gran valor como Elías Jaua, Diosdado Cabello, Rafael Ramírez, Jorge Rodríguez? Todos ellos formados, a veces desde muy jóvenes, por Chávez?.
En ese momento, se sumó a la reunión su hijo Álex Castro, fotógrafo, autor de varios libros excepcionales. Se puso a sacar algunas imágenes ?para el recuerdo? y se eclipsó luego discretamente.
También hablamos con Fidel de Irán y del acuerdo provisional alcanzado en Ginebra el pasado 24 de noviembre, un tema que el Comandante cubano conoce muy bien y que desarrolló en detalle para concluir diciéndome: ?Irán tiene derecho a su energía nuclear civil?. Para, en seguida, advertir del peligro nuclear que corre el mundo por la proliferación y por la existencia de un excesivo número de bombas atómicas en manos de varias potencias que tienen el poder de destruir varias veces nuestro planeta?.
Le preocupa, desde hace mucho, el cambio climático, y me habló del riesgo que representa al respecto el relanzamiento, en varias regiones del mundo, de la explotación del carbón con sus nefastas consecuencias en términos de emisión de gases de efecto invernadero: ?Cada día ?me reveló?, mueren unas cien personas en accidentes de minas de carbón. Una hecatombe peor que en el siglo XIX??
Sigue interesándose por cuestiones de agronomía y botánica. Me mostró unos frascos llenos de semillas: ?Son de morera ?me dijo?, un árbol muy generoso del que se pueden sacar infinitos provechos y cuyas hojas sirven de alimento a los gusanos de seda? Estoy esperando dentro de un momento a un profesor, especialista en moreras, para hablar de este asunto?.
?Veo que no para usted de estudiar?, le dije. ?Los dirigentes políticos ?me respondió Fidel?, cuando están en activo, carecen de tiempo. Ni siquiera pueden leer un libro. Una tragedia. Pero yo, ahora que ya no estoy en la política activa, me doy cuenta de que tampoco tengo tiempo. Porque el interés por un problema te lleva a interesarte por otros temas relacionados. Y así vas acumulando lecturas, contactos, y pronto te das cuenta de que el tiempo te falta para saber un poco más de tantas cosas que quisieras saber??
Las dos horas y media pasaron volando. Empezaba a caer la tarde sin crepúsculo en La Habana, y el Comandante aún tenía otros encuentros previstos. Me despedí con cariño de él y de Dalia, particularmente feliz por haber constatado que sigue teniendo Fidel su espectacular entusiasmo intelectual de siempre.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Universidades estadounidenses

La historia secreta de cómo destacadas universidades estadounidenses fueron construidas por esclavos

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Dedicamos el programa a conversar con el autor de un nuevo libro —que llevó diez años de elaboración— que analiza cómo muchas de las principales universidades estadounidenses —Harvard, Yale, Princeton, Brown, Dartmouth, Rutgers, Williams y la Universidad de Carolina del Norte, entre otras— están manchadas con el sudor y a veces la sangre de africanos traídos a Estados Unidos como esclavos. En el libro “Ebony & Ivy: Race, Slavery and the Troubled History of America’s Universities” (Hiedras y ébano. Raza, esclavitud y la problemática historia de las universidad estadounidenses) Craig Steven Wilder, profesor de historia del Massachusetts Institute of Technology, revela cómo la economía esclavista y la educación superior crecieron juntas. “Si pensamos en el mundo colonial hasta la revolución de las trece colonias, veremos que hay solo una universidad en el sur, William & Mary. Las otras ocho universidades eran todas del norte y en realidad están ubicadas en gran parte en lugares clave de la economía mercantil, donde los vendedores de esclavos habían llegado al poder y se erigieron como sostén financiero e intelectual de la nueva cultura de las colonias”, afirma Wilder

domingo, 5 de febrero de 2012

Fidel Castro presenta el libro de memorias "Guerrillero del tiempo", de Katiuska Blanco, que recoge las conversaciones del líder de la Revolución con la periodista y escritora.

Fidel ante sus recuerdos contados  


Texto: Arleen Rodríguez Derivet
Fotos: Alex Castro

El rostro de Fidel transita de la evidente conmoción -un pozo de agua en los ojos cuando se habla ?de las conversaciones que no tuvo con su padre?-  a la risa incontenible  que le provoca el hijo de Katiuska con sus sueños de ?ser el sustituto de Eusebio Leal?. Pero la mayor parte del tiempo el gesto es de recogimiento, casi de pudor,  por los comentarios que provoca el libro en las agudas y sensibles inteligencias de Abely  Barnet.

Los  escucha mesándose la barba  hasta que, sorprendido por el peso de sus propias palabras, los ojos se le abren en un gesto de asombro interrogante. Pero también los cerrará durante segundos prolongados. Acaso estén hablando entonces de los paisajes de Birán, de los jornaleros haitianos o de los frenéticos años en la Universidad. En esos momentos suele tomar profundo aliento, como si  necesitara hablar y, sin embargo, calla.

Hay expresiones que le alzan las cejas o le comprimen los labios en un mohín que parece inconformidad. Luego el dedo índice, largo y sabio en el arte de marcar espacios y tonos del ánimo personal, se alinea una y otra vez con la nariz aguileña.

Más a menudo, asiente con la cabeza para que se despeje cualquier  duda  y se acomoda en un gesto que se le hizo hábito  tras la caída en Santa Clara: la mano izquierda penetrando bajo la camisa en una suerte de masaje sobre el hombro derecho.

La afirmación más profunda coincide con el  instante en que Abel elogia la película ?José Martí, el ojo del canario?, de Fernando Pérez. Fidel la vio por televisión y apoya el reconocimiento. ?El es martiano de un modo orgánico, natural,  sin necesidad de citarlo.?

?La política de nuestra época, en términos éticos, tocó fondo?, afirma el ministro de Cultura apuntando a  la trascendencia  y oportunidad en que aparece  ?Guerrillero del tiempo?. En una época oscura y desesperanzada a nivel planetario, las almas buenas y las almas nuevas pueden encontrar mucho alimento en los recuerdos de su protagonista,  ?uno de los pocos líderes éticos y espirituales de la Humanidad.?

Fidel Castro presenta el libro de memorias "Guerrillero del tiempo", de Katiuska Blanco, que recoge las conversaciones del líder de la Revolución con la periodista y escritora. Foto: Alex Castro


Fidel habla con René González. Foto: Alex Castro


Fidel Castro presenta el libro de memorias "Guerrillero del tiempo", de Katiuska Blanco, que recoge las conversaciones del líder de la Revolución con la periodista y escritora. Foto: Alex Castro


Miguel Barnet (izquierda) y Abel Prieto presentaron "Guerrillero del tiempo", de Katiuska Blanco, que recoge las conversaciones del líder de la Revolución con la periodista y escritora. Foto: Alex Castro


Fidel Castro presenta el libro de memorias "Guerrillero del tiempo", de Katiuska Blanco, que recoge las conversaciones del líder de la Revolución con la periodista y escritora. Foto: Alex Castro


Fidel Castro presenta el libro de memorias "Guerrillero del tiempo", de Katiuska Blanco, que recoge las conversaciones del líder de la Revolución con la periodista y escritora. Foto: Alex Castro


Fidel Castro presenta el libro de memorias "Guerrillero del tiempo", de Katiuska Blanco, que recoge las conversaciones del líder de la Revolución con la periodista y escritora. Foto: Alex Castro


Fidel Castro presenta el libro de memorias "Guerrillero del tiempo", de Katiuska Blanco, que recoge las conversaciones del líder de la Revolución con la periodista y escritora. Foto: Alex Castro