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martes, 16 de julio de 2013

Mueve Brasil

BRASIL

Por Alfredo Zaiat

]Masivas movilizaciones sociales en decenas de ciudades y una inédita huelga general en el actual período democrático convocada por las centrales sindicales alteraron el sentido común. Lo que decían que era parece que no fuera. Brasil enfrenta un escenario social interno convulsionado cuya base son variados reclamos que emergen en un contexto de estancamiento económico. Este año se completará un ciclo de tres de moderado crecimiento. El PBI de 2011 aumentó 2,7 por ciento, al año siguiente lo hizo apenas 0,9 por ciento y la proyección para éste se ha ido reduciendo en estos meses y hoy los optimistas lo ubican en apenas el 2,0 por ciento. Entre 2003 y 2010 el PIB avanzó a una tasa promedio de 4,0 por ciento, por debajo de la media de la región. Desde entonces, atrapado en rasgos ortodoxos de la política monetaria y fiscal, con tasas de interés elevadas y ajuste del gasto público, rendido en el altar del objetivo inflación baja, meta que igual le resulta esquiva, el recorrido económico de la potencia regional no se corresponde a esa categoría. El que se acuesta con tecnócratas de la economía, ya sean ortodoxos o heterodoxos, se levanta estancado y con inesperadas movilizaciones sociales. No es un elemento menor el mediocre desempeño económico brasileño en la dinámica de la integración latinoamericana, lo que se ha visto reflejado en las tensiones en el Mercosur, ya no sólo en materia comercial, sino también en cuestiones de política internacional, hoy sumergida en una historia de espionaje global con Estados Unidos como el exclusivo protagonista. En el tablero de la integración latinoamericana, con el Mercosur como el eje articular más relevante, le toca el turno de mover la pieza a Brasil.



Brasil es la potencia de la región y aspira a ocupar un lugar relevante en el reordenamiento de la economía mundial como miembro activo del BRIC. Para lograrlo necesita que ese liderazgo sea reconocido por los otros países latinoamericanos para poder ejercerlo con autoridad en el escenario de las potencias emergentes. Puede elegir la estrategia de cooperación para lograr esa aceptación o la de la imposición por su mayor peso económico relativo. Para ello se le plantea la necesidad de construir marcos de confianza, alejando el fantasma de la vocación imperialista que ejercen otras potencias en sus zonas de influencia, en un área económica castigada por décadas de neoliberalismo y que en la primera década del nuevo siglo emergieron gobiernos con aspiraciones a trabajar en sus respectivos desarrollos nacionales. Pero la condición necesaria de un líder regional para la construcción de su proyección internacional es primero afianzar su economía en un marco de estabilidad social para fortalecerse así en un mundo multipolar.



A mediados de la década del ?90, cuando la debacle económica recorrió la región, incluyendo a Brasil, el Mercosur ingresó en una etapa difícil instalando el riesgo de que esa experiencia de integración languideciera. El estallido de la crisis internacional en 2008 fue inicialmente amortiguado en la región por la fortaleza de sus economías que habían explorado, con rupturas y continuidades, un sendero diferente al neoliberal de los noventa. Sin embargo, la persistencia de una crisis que involucra a Estados Unidos y a Europa, que transcurre ya su sexto año, ha empezado a impactar en Latinoamérica y, en especial, en Brasil. Por lo tanto, ha puesto bajo tensión el Mercosur debido a que los dos países más fuertes de ese bloque han implementado medidas con matices diferentes para hacer frente la crisis internacional. En esas circunstancias, cuando la situación es complicada por cuestiones económicas, sociales y políticas internas brasileñas y por el propósito de Estados Unidos de reeditar el ALCA consolidando otro eje en la región con la Alianza del Pacífico (Perú, Colombia, Chile y México), se ponen en juego las convicciones de integración regional de los países miembro del Mercosur. La debilidad de la economía brasileña hace crecer una corriente dentro de las fuerzas políticas de ese país, incluyendo a un sector del gobierno y del establishment empresario que cree que la integración con los países de la región, siendo el Mercosur el bloque más relevante, es responsable de ese pobre desempeño, proponiendo un acercamiento hacia las posiciones de libre comercio impulsadas por Estados Unidos.



Con esos desafíos, el viernes, en Montevideo, se desarrolló una nueva cumbre de presidentes del Mercosur. Esta es una experiencia de integración regional con importantes resultados, porque consolidó un ambiente de paz y democracia en Latinoamérica, profundizó el intercambio comercial entre los países miembro y colaboró para que puedan adquirir un papel internacional más activo del que habría sido posible si cada uno hubiera actuado aisladamente. Respecto de esto último, la participación brasileña en el Mercosur ha estado inicialmente motivada más por consideraciones estratégicas de negociación internacional que por razones puramente comerciales de alcance regional. En los primeros años de este siglo, con gobiernos nacionales de signo político opuesto al de los noventa, en un marco de confianza y cooperación entre sus líderes, el Mercosur ingresó en una etapa de debate sobre el sentido estratégico del proceso de integración. Así los objetivos planteados al comienzo fueron ampliándose.



Esta dinámica del proceso de integración está explicada en ?La dimensión social del Mercosur?, elaborado por el Instituto Social Mercosur, cuyo director ejecutivo es Christian Adel Mirza. El documento menciona que los primeros años del Mercosur transcurrieron bajo una concepción de la integración regional que ponderaba casi exclusivamente los factores e indicadores de crecimiento económico-comercial. Por eso en la primera década se desarrolló un Mercosur ?mercantilizado? hasta que, finalmente, la sucesión de crisis en la segunda mitad de los noventa provocó la disminución de relaciones comerciales intra-regionales, desvaneciendo las perspectivas de crecimiento y aumentando los niveles de pobreza y desempleo. En los años siguientes, el Mercosur fue dejando atrás aquella concepción centrada exclusivamente en el mercado y acotada a los asuntos aduaneros, arancelarios y comerciales, para ir incorporando otras facetas de la integración regional, ?repensando su espacio territorial con una mirada de carácter continental y avanzando en la dimensión política del proceso iniciado hace más de veinte años?, afirma.



?A partir de ese momento el escenario de la integración se transformó y se comenzó a profundizar la idea de un proyecto estratégico y de carácter integral, para dar lugar a la dimensión social?, se destaca en el documento. Para concluir que el Mercosur debe ser concebido ?en el marco de un proyecto político-estratégico que incluye tanto aspectos de integración económico-social como aquellos que implican seguir valorando las políticas sociales con perspectiva regional?.

Las debilidades de la política económica brasileña ponen en tensión ese objetivo de describir un salto cualitativo del Mercosur con proyectos de integración productiva, financiera e infraestructura.

jueves, 10 de mayo de 2012

Otro plan para Europa.

EUROPA

Más de 90 intelectuales, entre ellos, Zygmunt Bauman, Anthony Giddens, Hertha Müller y Jürgen Habermas, hicieron público el "Manifiesto para reconstruir Europa desde la base" en el que proponen un año de trabajo voluntario: "Es preciso acordar un nuevo contrato entre el Estado, la Unión Europea, las estructuras políticas de la sociedad civil, el mercado, la seguridad social y la sostenibilidad", señala el documento, promovido por Ulrich Beck y Daniel Cohn-Bendit. El documento completo.

¡Un Año Europeo del Voluntariado para Todos ?para taxistas, enfermeras, obreros industriales, dentistas, maestros, periodistas, estudiantes, pensionistas? como respuesta a la crisis del euro!

Nunca antes de ahora habían recibido los jóvenes de Europa una mejor educación. Sin embargo, uno de cada cuatro europeos menores de 25 años está sin empleo. En diversos lugares, jóvenes que no se sienten representados han levantado campamentos y han hecho públicas sus protestas. Sus métodos no son violentos, pero sus exigencias de justicia social son muy potentes, ya sea en España, en Portugal, en los países norteafricanos, en ciudades de Estados Unidos o en Moscú. Les une la ira ante un sistema político que rescata bancos con deudas exorbitantes mientras al propio tiempo dilapida el futuro de sus jóvenes. Si las esperanzas de las generaciones más jóvenes de europeos son sacrificadas en el altar de la crisis del euro, el tan admirado modelo europeo también fracasará.
El presidente de Estados Unidos John F. Kennedy sorprendió al mundo con su idea de crear, mediante voluntarios, un Cuerpo de Paz: ?No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país?.
Esa es la razón por la que pedimos a la Comisión Europea y a los gobiernos nacionales, al Parlamento Europeo y a los parlamentos nacionales que promuevan una Europa de ciudadanos que trabajen activamente, y garanticen los requisitos financieros y legales, para el  Año Europeo del Voluntariado para Todos como un modelo contrario a la Europa establecida de arriba abajo, esa Europa de las élites y de los tecnócratas que ha prevalecido hasta ahora.
El propósito es el de hacer más democráticas a las democracias nacionales para así reconstruir Europa en consonancia con la proclama: ?No preguntes lo que Europa puede hacer por ti, sino qué puedes hacer tú por Europa ¡Haciendo Europa!?
Ningún pensador ?desde Jean Jacques Rousseau a Jürgen Habermas? quiso nunca una democracia que solamente consistiera en poder votar periódicamente. La crisis de la deuda que actualmente está desgarrando a Europa no es simplemente un problema económico sino también un problema político. Necesitamos de una sociedad civil europea y de las perspectivas de las generaciones más jóvenes si queremos solucionar los asuntos candentes de hoy. No podemos permitirnos dejar que Europa se transforme en el objetivo de un movimiento de ciudadanos indignados contra una Europa sin europeos.
El Año Europeo del Voluntariado para Todos no se ha diseñado simplemente para tapar huecos. No está concebido como una hoja de parra institucional para los fracasos europeos. Consiste por el contrario en una organización de auto-ayuda de desobediencia creativa, como una fuerza compensatoria del poder de las élites europeas y nacionales existente en la política y los negocios. Que ofrece la posibilidad de esperanza y resistencia frente a una falta de visión de futuro institucionalizada.
El Año Europeo del Voluntariado para Todos es un acto de autoafirmación de la sociedad civil europea. No configura un sistema de limosnas para la juventud desempleada. Puede utilizarse para volver a aprovechar la creatividad política y la legitimidad necesarias para construir una nueva constitución en la que se participe activamente desde su base. La libertad política no puede sobrevivir en una atmósfera de temor. Solo prospera y consigue establecerse allí donde la gente tiene un techo que le protege y sabe cómo va a vivir mañana y durante su vejez.
Por eso el Año Europeo del Voluntariado para Todos necesita de una sólida base financiera. Solicitamos del empresariado europeo que haga su pertinente contribución. Europa: ¿?refugio? o ?fortaleza?? Durante las pasadas décadas hemos asistido al auge de la cultura política del encastillamiento, cuyo objetivo es el de defender a Europa frente ?al otro? (aquellos a quienes se etiqueta de potenciales enemigos y delincuentes). Pero Europa, la cuna de los derechos humanos, ha sido considerada históricamente como un refugio, un lugar en el que quienes huyen de la violencia y la persecución pueden sentirse seguros. Es esta idea de Europa como refugio y no como fortaleza la que necesita ser revitalizada y puesta en práctica en esa reconstrucción de Europa de abajo arriba. La identidad política europea depende tanto de una mirada introspectiva como hacia el exterior. La sociedad civil europea solamente será una realidad cuando sus ciudadanos aprendan a ver con los ojos ajenos.
Si Europa quiere desarrollar una cultura de abajo arriba, esta será el resultado de las nuevas formas de acción cívica que tienen lugar en las redes transnacionales. Campañas de alcance global y europeo que se desarrollan en ámbitos para cuyos problemas los Estados nacionales no son capaces de ofrecer soluciones adecuadas: degradación ambiental, cambio climático, flujos migratorios y de refugiados, xenofobia, así como también en los diferentes campos de las Artes. Es preciso acordar un nuevo contrato entre el Estado, la Unión Europea, las estructuras políticas de la sociedad civil, el mercado, la seguridad social y la sostenibilidad.
¿Qué tiene de bueno Europa? ¿Cuál es el valor de Europa para nosotros? ¿En qué modelo podría y debería basarse la Europa del siglo XXI? Para nosotros ser europeos es ser capaces de mirarnos a nosotros mismos y de ser autocríticos. Europa es un laboratorio de ideas políticas y sociales que sencillamente no existen en otra parte. La identidad europea es el producto del diálogo y la discrepancia entre muchas culturas políticas diferentes: las del Citoyen, el Citizen, el Staatsbürger, el Burgermatschappij, el Ciudadano, el Opywatel, el Politis, etc. Europa tiene que ver también con la ironía; con ser capaces de reírnos de nosotros mismos.
No hay mejor manera de colmar a Europa de vida y de risa que mediante el esfuerzo conjunto de los europeos de a pie actuando en su propio nombre.