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jueves, 26 de septiembre de 2013

El retorno triunfal del campesinado colombiano.

Colombia

Raúl Zibechi    


Cinco décadas de guerra empeoraron las cosas. Los terratenientes acaparan cada vez más tierras, expulsando y expropiando por la fuerza a los campesinos. El paro agrario que comenzó en agosto fue el Ya Basta de un sector que no aguanta más.

?Estamos ante los dolores de parto de una nueva criatura que lleva gestándose 50 años?, escribe Alfredo Molano Bravo, sociólogo, escritor y uno de los más lúcidos y comprometidos periodistas de Colombia[1]. Sostiene que lo que está sucediendo, las masivas movilizaciones en el campo y las ciudades, ?no es otra cosa que las demandas represadas, y reprimidas a balazos, durante muchos años?.

Desde el 19 de agosto el paro agrario nacional que movilizó a miles de campesinos en todo el país confluyó con las demandas de camioneros, cafeteros, pequeños y medianos mineros y de un amplio conjunto de productores de alimentos que atraviesan una profunda crisis que los está forzando a abandonar tierras y cultivos que han sostenido con mucho esfuerzo.

Lo nuevo no es sólo la confluencia de demandas y protestas sino también la articulación de actores a través de la Mesa Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdos (MIA). Sectores que habitualmente no tienen vínculos ni relaciones fluidas, fueron capaces de acordar demandas y establecer jornadas de protesta comunes.

La respuesta inicial del gobierno de Juan Manuel Santos fue la represión. Un comunicado de la Cumbre Nacional Agraria, Campesina y Popular destaca que en los últimos meses la represión causó doce muertos, cuatro desaparecidos, 660 casos de violaciones de derechos humanos, 262 detenciones arbitrarias, 485 heridos y 21 por armas de fuego, 52 casos de amenazas y hostigamiento a dirigentes sociales y 51 ataques indiscriminados a la población[2].

La persistencia de la movilización a lo largo de casi cuatro semanas y la inutilidad de la represión para detenerla, convencieron al presidente de la necesidad de negociar un ?Pacto Nacional por el Agro y el Desarrollo Rural? puesto en escena el 12 de setiembre que no incluyó a todos los protagonistas. Antes de dar ese paso, Santos se vio forzado a reestructurar su gabinete, lo que revela la profundidad del impacto que tuvieron las movilizaciones sociales, las mayores que conoció Colombia en varias décadas.

Todos contra el TLC

El periodista viajaba en autobús por la carretera que lleva de Cali hasta Popayán, una inmensa llanura saturada de cultivos de caña. En cierto momento, cuando transitaban por la zona de lomas donde despuntan cultivos campesinos,  el bus frena en seco. La descripción de Molano no tiene desperdicio: ?Miré por la ventanilla y vi que de las lomas que dan al occidente bajaban saltando cercas cientos de campesinos negros. Gritaban y agitaban largos garrotes?.

Del otro lado de la carretera la escena era similar: ?No había salido de mi asombro, cuando vi que del lado opuesto llegaban otros tantos indígenas con la misma actitud, aunque un poco menos nerviosos, seguramente por la práctica que tienen de tomarse la carretera Panamericana. Mezcladas las corrientes, atravesaron los vehículos, les desinflaron las llantas y nos ordenaron a todos los nerviosos y obedientes pasajeros que nos bajáramos porque ´la joda va para largo´?[3].

La descripción desvela lo impensable. Los negros vienen de regiones mineras ?donde se explota el oro con batea desde hace cuatro siglos?, donde unos años atrás les construyeron una hidroeléctrica que les quitó tierras y minas. ?Ahora, las retroexcavadoras explotan lechos de quebradas y los paramilitares vuelven a rondar sembrando el terror para que las comunidades terminen por aceptar la entrada de las grandes mineras?.

Los indígenas nasa se volcaron a la carretera en demanda de tierras para sus resguardos (territorios autónomos), por precios para sus productos, exigen créditos y desmontar los monopolios agrícolas, caminos para sacar sus cosechas, la desmilitarización de las regiones y por ?libertad de comercio para sus semillas ancestrales?, algo que hoy está penado con cárcel gracias al TLC.

Lo más notable del relato es la mezcla de corrientes, del movimiento indio con el afro, algo que raras veces ha sucedido en este continente, pero que tiene un precedente en esas mismas tierras: en octubre de 2008 la Minga por la Vida (marcha de 20 mil nasa del Cali a Bogotá) coincidió con la huelga de doce mil cortadores de caña, casi todos afrodescendientes. Ahora esa confluencia se multiplicó.

César Pachón, vocero de cultivadores de papa y cebolla de Boyacá, departamento cercano a Bogotá, explica los motivos que los llevaron al paro el 19 de agosto. ?Participamos en el paro papero del 7 de mayo. También habíamos hecho uno con los cebolleros, el 16 de noviembre de 2011. Desistimos de los paros anteriores por promesas del gobierno que nunca cumplió. Ahora vamos a resistir?[4].

Pachón representa a Dignidad papera y Dignidad cebollera de Boyacá. Se trata de 110 mil familias que dependen de cultivos de papa y unas 17 mil de la cebolla. Cuando le preguntan por las causas del paro, no duda: ?Los efectos desastrosos de los tratados de libre comercio que aprobaron los dos últimos gobiernos, los altos precios de los insumos que encarecen la producción, la ausencia de una política agropecuaria que proteja a los pequeños y medianos cultivadores frente a la libertad absoluta de importaciones?.

En detalle, explica la ruina de los pequeños productores: ?Producir una carga de 100 kilos de papa cuesta 70 a 75 mil pesos. La vendemos a 25 mil. La producción de una carga de cebolla está en 65 mil pesos y se vende a 10 mil. Desde que empezó la política de apertura económica nos ha tocado salir de lo que habíamos conseguido durante toda una vida. Yo vendí la casa y la finca de mi familia y ahora lo único que me queda es un carro ¿Cómo voy a pagar las deudas y comprar los insumos para los cultivos? Y esto que me pasa a mí, nos pasa a todos?.

Luis Gonzaga Cadavid, de Dignidad cafetera del departamento de Caldas, explica que las 36 mil familias cafeteras de la región ?están inconformes con las políticas del gobierno y de la Federación Nacional de Cafeteros?, tanto por los precios como por ?la manera antidemocrática como se toman las decisiones en el sector?. En febrero iniciaron un paro porque el precio del café cayó más de la mitad.

Tienen cuatro demandas: control de precios e insumos que son monopolizados por cuatro multinacionales; control a la explotación minera en zonas cafeteras ya que la entrega de títulos mineros amenaza su existencia; democratizar la Federación; y flexibilizar el pago de las deudas con la banca.
La confluencia de actores es asombrosa. Cafeteros, paperos, cacaoteros, arroceros, lecheros, cebolleros, frijoleros, productores de cereales y leguminosas, paneleros (fabricantes de azúcar), citricultores, floricultores y cerealeros. Pequeños y medianos productores no representados por las grandes federaciones patronales y agrupados ahora bajo el paraguas de Dignidad Agropecuaria Nacional.  

Torcer el rumbo 

A ese enorme universo deben sumarse los camioneros y los mineros. El paro minero se había iniciado el 17 de julio con un pliego de nueve  condiciones entre las que destacan ?el reconocimiento oficial de la minería artesanal pequeña y mediana?, que se defina un nuevo código de minas, el cese de los operativos policiales y militares, el respeto a las comunidades afro e indígenas y congelar la entrega de títulos a las multinacionales mineras.
Después de 48 días de paro y protestas de 58 mil mineros de 18 departamentos, el gobierno y la Confederación Nacional de Mineros de Colombia (Conalminercol) llegaron a un acuerdo que entre otros puntos reconoce ?zonas de trabajo para los pequeños y medianos mineros? que se formalizarán a través de una ley que en los hechos les permite ?mantener el derecho al trabajo?[5].

Los camioneros paralizaron unos 250 mil vehículos desde el 19 de agosto para que se respete una tabla de fletes que los propietarios de mercancías pagan por debajo de lo estipulado. Las movilizaciones fueron apoyadas por la Central Única de Trabajadores (CUT), Coordinación Nacional Agraria (CNA), Asociación de Camioneros de Colombia (ACC), Alianza por el Derecho a la Salud (ANSA), Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación, la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) y Asociación de Trabajadores Hospitalarios, entre otros[6].

Convocaron un ?cacerolazo nacional? en apoyo a los sectores en conflicto y jornadas de protesta para el 11 y 12 de setiembre cuando se realizó la Cumbre Nacional Agraria, Campesina y Popular. En realidad los movimientos comenzaron en febrero con la protesta de 130 mil caficultores, que fue un serio aviso no tenido en cuenta por el gobierno. En junio la protesta de miles de campesinos incendió el Catatumbo (Norte de Santander), zona fronteriza con Venezuela donde rechazan la ?erradicación no concertada de cultivos de coca?[7].

En agosto se produjo la confluencia de todos los sectores que venían elevando sus quejas y demandas sin obtener respuestas. Presionado, el gobierno decidió negociar por separado con cada sector, hizo concesiones, firmó acuerdos y consiguió que se despejaran las rutas del país. No será fácil que cumpla, como lo saben los caficultores que vieron sus acuerdos incumplidos desde marzo pasado.

Héctor Mondragón, economista y asesor de movimientos campesinos e indígenas, establece cinco razones para comprender la crisis que azota a la economía agropecuaria y que está en la base de la actual oleada de protestas. La primera es el TLC con Estados Unidos que permite la importación de productos agrícolas subsidiados, establece normas de propiedad intelectual injustas que ?atacan el derecho del agricultor productor a reproducir sus semillas?[8].

En Colombia y en el mundo está circulando un documental titulado ?9.70?, de la realizadora Victoria Solano, donde analiza la resolución 970 aprobada en la firma del TLC en el  que  se impide a los campesinos reservar parte de su cosecha para la próxima siembra. En base a esa resolución en el municipio arrocero Campoalegre, departamento de Huila, se incautaron y destruyeron toneladas de arroz[9].

El segundo problema para Mondragón es ?la destrucción de la institucionalidad agropecuaria? ya que Colombia necesita ?una poderosa institución de crédito agropecuario? de carácter estatal para planificar el mercado agropecuario, garantizar precios mínimos y evitar que los  campesinos se endeuden pagando altos intereses.

Por último destaca el acaparamiento de la tierra. ?Más de 16 millones de hectáreas aptas para la agricultura están desperdiciadas en manos de grandes propietarios, ocasionando que Colombia tenga los precios  más altos de la tierra e toda América Latina?, señala Mondragón. Más grave aún es que la guerra provocó ?un acelerado proceso de despojo o traspaso de tierras ya cultivadas por los campesinos?.  

Los derechos del campesinado 

Desde 1990 en que se produjo la apertura económica, la producción de maíz cayó de 700 mil a 200 mil hectáreas; el trigo de 60 a sólo cinco mil; el arroz de riego de 330 mil a 140 mil hectáreas; desde 2010 la papa cayó de 150 a 90 mil hectáreas y el frijol se redujo a la mitad[10]. Nadie puede dudar de la profunda crisis que afecta a las familias campesinas.

Sin embargo, el nudo del problema agraria está en otro lugar. El pliego de demandas del paro campesino, sector que representa el 32% de la población del país, señala en su punto tercero: ?Exigimos reconocimiento a la territorialidad campesina, de afrodescendientes e indígenas?. Exigen, por tanto, ?la delimitación y constitución inmediata de las Zonas de Reserva Campesina (ZRC)?[11].

Las ZRC fueron creadas en 1994 a través de la ley 160 que promueve ?la regulación, limitación y ordenamiento de la propiedad rural, la eliminación de su concentración y el acaparamiento de tierras baldías, así como fomentar la pequeña propiedad campesina y prevenir la descomposición de la economía campesina del colono?[12]. En suma, la ley buscaba defender al campesino frente a la voracidad de los terratenientes.

Hasta el momento se han creado seis ZRC, en zonas que se encuentran ?en los límites de la frontera agropecuaria, en regiones altamente afectadas por la dinámica de la confrontación armada y ausentes de la presencia estatal?[13]. La mayoría fue solicitada de forma directa por procesos de organización campesina, como alternativa a la dinámica de violencia. Desde la llegada de Álvaro Uribe al gobierno, en 2002, la creación de esas zonas fue bloqueada.
Aunque la legalidad juega a favor de los campesinos, las ZRC son ?vilipendiadas por los militares, terratenientes y gamonales?, como señala Alfredo Molano. Es, entonces, un problema político, de poder, de relación de fuerzas. Por eso la Declaración Política de la Cumbre nacional, Agraria, Campesina y Popular reunida el 12 de setiembre en la Universidad Nacional en Bogotá, señala: ?Luchamos por el reconocimiento político del campesinado?[14].
Se trata de inversión social en la población rural y, en paralelo, de garantías reales para el ejercicio de sus derechos políticos. Un reciente estudio del  Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), uno de los más prestigiosos centros de estudios del país, coincide en que el Estado tiene una ?deuda histórica? con los campesinos y que ?ha fracasado en asegurar un satisfactorio reconocimiento político del campesinado?[15].

Es el sector que ha sufrido los más altos niveles de victimización y violación de los derechos humanos en las cinco décadas de guerra.
El CINEP incluye entre los campesinos a pueblos indígenas, comunidades negras, mujeres y jóvenes rurales quienes padecen ?desvalorización y déficit en la representación política antigua y estructural.?

A ellos se suman las víctimas del conflicto armado, los desplazados, y los nuevos afectados por el TLC, pequeños y medianos propietarios. Un reciente informe de Human Rights Watch señala que el conflicto armado ?ha forzado a más de 4,8 millones de colombianos a abandonar sus hogares?, siendo el país con más desplazados del mundo, que se han visto forzados a abandonar seis millones de hectáreas que fueron usurpadas por terratenientes[16].
Con estas tremendas asimetrías de poder y representación en el Estado, se cerró el primer capítulo de lo que podemos llamar como el retorno triunfal del campesinado. El 12 de setiembre miles de delegados asistieron a la Cumbre Agraria. El mismo día el gobierno convocó el Pacto Nacional por el Agro y el Desarrollo Rural, dominada por la presencia de la Sociedad de Agricultores Colombianos (SAC) que propone la agricultura a gran escala y está muy lejos de las necesidades campesinas.

La mayoría de los grupos campesinos no asistieron o se retiraron de la reunión, entre otras cosas porque, como dijo un papicultor de Boyacá, el gobierno insiste en no modificar el TLC. Mientras el gobierno cosechó algunos éxitos a corto plazo, al negociar por separado con los diversos sectores y desactivar así la protesta, los campesinos pueden considerarse los grandes vencedores de este pulso.

Colocaron sus demandas en lugar destacado de la agenda política y gestaron la primera crisis de gobierno en décadas. Buena parte de la población entendió que está en juego la soberanía alimentaria y que el TLC la vulnera. Establecieron una potente confluencia entre los principales actores rurales, movilizándose de forma pacífica, sin crear un aparato que los hegemonice desde arriba. Su voz estará en las negociaciones de La Habana aunque ellos no formen parte de la cita.

martes, 22 de enero de 2013

Las FARC EP confirman el fin de la tregua unilateral "con dolor en el corazón".

COLOMBIA

Las negociaciones entre Bogotá y la guerrilla siguen centradas en el problema agrario


21 ene 2013 |  Adalberto Roque

Este domingo los representantes de las FARC anunciaron que dan por terminado el cese el fuego unilateral declarado hace dos meses.


"Con dolor en el corazón debemos admitir que vuelve la etapa de los partes militares de guerra", dijo Iván Márquez, jefe del equipo negociador de las FARC, después de que el Gobierno colombiano rechazara sumarse a la tregua. Al mismo tiempo, los rebeldes pidieron una vez más a las autoridades que estudien la posibilidad de un cese bilateral de las hostilidades para contribuir a la tranquilidad del ambiente de las conversaciones pacíficas.


Como fecha límite para la tregua unilateral, las FARC anunciaron el 20 de enero al comienzo de las negociaciones con el Gobierno colombiano en La Habana.



En vísperas de la renovación de las acciones armadas por parte de los rebeldes, el presidente del país Juan Manuel Santos declaró que las fuerzas oficiales están perfectamente preparadas para responder a posibles acciones de la guerrilla.



El mandatario ha descartado reiteradamente suspender las operaciones militares contra la guerrilla hasta que se llegue a un acuerdo en la mesa de negociaciones. Este rechazo fue interpretado por las FARC como un motivo para cuestionar la verdadera voluntad del Ejecutivo para dialogar.



Otro asunto que genera controversia entre ambas partes del diálogo es el cumplimiento del alto el fuego por parte de los rebeldes. El Ejército colombiano acusa a los rebeldes de más de 50 casos de violación de la tregua. Mientras tanto, según la guerrilla, durante este periodo sus formaciones no realizaron ni un solo ataque a instalaciones militares o policiales.



Actualmente, las negociaciones siguen centradas en el problema agrario en el país, el primero de los cinco puntos de la agenda de paz. En los últimos días, los dos bandos discutieron sobre una propuesta de redistribución de tierras propuesta por la guerrilla.

FUENTE: RT

domingo, 25 de noviembre de 2012

Según cálculos oficiales, los daños causados en Gaza luego de las operaciones israelíes ya llegan a los 300 millones de dólares.


 Más de un tercio de esta suma deviene de los daños causados al sector agrario, según un informe de la Cámara de Comercio local.
El mismo informe ya busca declarar a Gaza como zona de “desastre económico” a partir de las estadísticas relacionadas a la destrucción causado por los bombardeos israelíes por ocho días.
Las consecuencias humanas del conflicto ya dejaron balance de casi 170 muertos y 1.300 heridos.
El sector agrícola es el que más pérdidas sufrió, 120 millones de dólares, mientras que la actividad comercial perdió otros 40 millones.
A esto se le suman los daños a viviendas, edificios públicos e infraestructuras de todo tipo.
En el día de hoy se informó de que en el marco de las negociaciones para resolver todo tipo de problemas que son foco de tensión en la zona, Israel aceptó la ampliación de la zona de pesca en Gaza de tres a seis millas (cinco a nueve kilómetros, aproximadamente) y que autorizó a los agricultores a trabajar sus tierras en las zonas contiguas al límite fronteriza.

sábado, 20 de octubre de 2012

Diálogos de paz se trasladan a La Habana para segunda fase.

COLOMBIA

Las delegaciones de ambas partes comparecieron juntas para la lectura del comunicado, en una señal clara de compromiso de diálogo (Foto: Efe)

Jueves 18 de Octubre de 2012, 
Tras sostener encuentros en Oslo, Noruega, los representantes del Gobierno colombiano y las FARC se reunirán el 5 de noviembre en La Habana para la segunda fase de conversaciones, en las que se abordará una agenda de seis apartados, que comenzará por la parte de "política de desarrollo agrario integral", y se espera que termine en el "fin del conflicto".


Será el próximo cinco de noviembre cuando se inicie formalmente la segunda fase del diálogo de paz entre el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con una reunión preparatoria en Cuba que dará pie a la negociación formal el 15 del mismo mes.

De acuerdo con la información difundida desde Oslo, en Noruega,  el Gobierno y FARC abordarán una agenda de seis apartados, que comenzará por la parte de "política de desarrollo agrario integral", punto importante en un país donde los casos de campesinos que son despojados de sus tierras son constantes.

El siguiente punto a debatir será el de la "participación política" de los guerrilleros de las FARC (unos ocho mil 500), una vez alcanzada la paz en ese país suramericano.

En el acuerdo de agosto, las partes dejaron los apartados de "solución al problema de las drogas ilícitas" y de "víctimas" para negociarlos después de que hayan superado el "fin de conflicto".

Las negociaciones de este punto serán un "proceso integral y simultáneo" en el que el Gobierno y las FARC asumirán cuestiones trascendentales como las de "cese el fuego y de hostilidades bilateral y definitivo", sobre el que ambos llegaron con discrepancias a esta instancia.

Los insurgentes pidieron la declaración previa de un alto el fuego conjunto en la guerra, pero el presidente Juan Manuel Santos ha mantenido firme  la decisión de que las fuerzas de seguridad únicamente suspenderán sus operaciones una vez se firme un acuerdo final de paz.

El apartado de "fin del conflicto" también incluye el asunto de la "dejación de armas", que en términos literales del acuerdo comprende la "reincorporación de las FARC-EP a la vida civil -en lo económico, lo social y lo político- de acuerdo con sus intereses".

La mesa cerrará sus conversaciones con el apartado de "implementación, verificación y refrendación", que será su última fase, a partir de un acuerdo final y con consensos sobre acompañamiento internacional o presupuesto, y sobre mecanismos para hacer seguimientos y vigilar el cumplimiento de los compromisos.

Los gobiernos de Cuba y Noruega ejercieron como garantes de las "conversaciones exploratorias", que contaron con los de Chile y Venezuela como acompañantes. Quedó acordado que los cuatro seguirán con la misma condición en las etapas siguientes del proceso.

La etapa que comenzó este jueves, en Oslo, se considera la segunda de un proceso que es el tercero de carácter formal que las FARC asumen con el Estado colombiano, con el que se sentaron a la mesa de negociación de 1984 a 1985, y de 1999 a 2002, en ambos casos sin el resultado esperado.

La otra guerrilla colombiana, el Ejército de Liberación Nacional, ha manifestado su voluntad de sumarse al proceso actual.


Ronda de preguntas: "la rebelión es un derecho universal, no un delito"


APJesús Santrich e Iván Márquez, negociadores de las Farc en el proceso de paz con el gobierno colombiano.

En la conferencia de prensa, las Farc reivindicaron su lucha armada y tuvieron tiempo hasta de sugerirle a la Unión Europea que los saque de la lista de terroristas.
Jueves 18 Octubre 2012
Cuando Iván Márquez, Rodrigo Granda, Andrés París y Jesús Santrich, los voceros de las Farc, regresaron al salón de conferencias del Hotel Hurdal (Oslo, Noruega) para atender a los medios de comunicación, la sensación que rondaba en el ambiente era que la guerrilla había llegado a la mesa de negociación con una agenda propia, distinta a la concertada con el gobierno.


Esa idea se alimentó tras el discurso ideológico que pronunció Márquez en el mismo momento en que se anunció la instalación oficial de las mesas de negociación y que se extendió por casi media hora. 

Fue el propio Márquez el que tuvo que aclarar que las Farc no estaban ?cambiando las reglas de juego, las cuales están contenidas en el acuerdo general para la terminación del conflicto, que representantes plenipotenciarios del gobierno y la guerrilla suscribieron hace unos meses en La Habana, Cuba, como conclusión a una fase de diálogos exploratorios. 

Rodrigo Granda leyó el preámbulo del conocido acuerdo. Y ratificó que ese documento es ?vinculante?. 

Lo que quedó claro en la rueda de prensa que concedieron los voceros de las Farc es que la guerrilla defenderá en la mesa su condición de rebeldes y de representantes del pueblo, pues así se siguen autodenominando. 

Jesús Santrich, otro histórico de las Farc, refugiado en unas gafas oscuras y con marcado acento caribeño, fue quien más defendió la lucha rebelde de la guerrilla, y aclaró que quienes se sentarán en la mesa de diálogo en Cuba serán ?dos puntos de vista divergentes?. 

El punto de vista de las Farc, por ejemplo, califica la rebelión como un ?derecho universal? y no como un delito, como lo establece la Constitución y la ley. 

?Nosotros no hemos cometido delitos contra el pueblo (?) ¿Cómo van a pretender que vayamos a la cárcel por un derecho universal que nos faculta a resistir contra regímenes oprobiosos? La rebelión hay que entenderla como un derecho universal?, dijo Márquez, un derecho que según Jesús Santrich ?no se lo inventaron las Farc?. ?Las Farc fueron obligadas a empuñar las armas (?), si hay una nueva Colombia las armas se hacen obsoletas?, aseguró Rodrigo Granda. 

Los voceros de las Farc también coincidieron en agradecer a los países acompañantes y garantes. Noruega, Cuba, Venezuela y Chile. Pero fue Santrich quien invitó a los países del resto del mundo a acompañar el proceso. Por eso dejó en el aire una propuesta. Que la participación de Noruega inicie el camino para ?sacarnos (a las Farc) de esa lista espuria de terroristas?. Hoy la Unión Europea califica de esa manera a la guerrilla colombiana. 

Simón Trinidad y ?Alexandra? 

Iván Márquez reiteró que la ausencia de Simón Trinidad en la mesa de negociadores, a pesar del pedido de las Farc, no será un obstáculo para el proceso. Aunque dijo que ?ojalá? el gobierno de Estados Unidos contribuyera a generar las condiciones ?para que Simón puesta estar aquí?, admitió esa posibilidad como ?un irreal?. Nelson Mandela desde la prisión también participó en los diálogos para resolver el conflicto de Suráfrica, recordó Márquez. ?Guardamos la esperanza que los gobiernos hagan lo posible?. 

Para Márquez la holandesa Tania es importante para el movimiento. La llamó por su nombre revolucionario, ?Alexandra?, y reiteró que seguirá siendo parte del equipo de negociadores de la guerrilla. 

?Venía conmigo para Noruega, lamentablemente se nos quedó en el camino. No sé por qué hay tantos temores?. Márquez confió en que la ausencia de la holandesa no pase de ser un ?mal entendido?. ?Este amago de crisis fue superado plenamente y la próxima semana es posible que Alexandra esté incorporándose al equipo negociador?. 

Para Santrich, Tania, o Alexandra, representa la ?solidaridad internacional a la lucha del pueblo?, pues los voceros de las Farc, según sus declaraciones en el Hotel Hurdal de Oslo, insisten en representar. 


FUENTE: SEMANA (COLOMBIA)

Las FARC reivindican el protagonismo del pueblo en el proceso de paz
?Iván Márquez? ha afirmado que para lograr la paz es necesaria la desmilitarización del Estado y se permitan reformas a nivel social y económico donde se beneficie el pueblo. «Venimos con proyectos de paz, no somos guerreristas como lo han querido mostrar», ha señalado el jefe negociador de la guerrilla.

NAIZ.INFO|OSLO|18/10/2012

El jefe negociador de las FARC, ?Iván Marquez?, en Oslo. (Jorgen BRAASTAD/AFP PHOTO)
El jefe de la delegación de las negociaciones de paz de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), alias ?Iván Márquez?, ha asegurado en Oslo que «el pueblo debe ser el principal protagonista para alcanzar la paz» en un conflicto que se ha alargado durante más de medio siglo.

«No depende de las FARC el trazar la ruta para la consecución de la paz; quien debe trazar esta ruta es el pueblo, y a ellos le corresponde marcar el camino. El soberano, el pueblo, es el protagonista principal y tal emprendimiento hacia la paz no puede ser un proceso contrareloj o exprés, pues un volátil afán solo conduce a la frustración», ha afirmado, en una declaración recogida por TeleSur.

Márquez ha añadido que para esta segunda fase han viajado hasta la capital noruega con el objetivo de buscar y encontrar la paz por medio de acuerdos conjuntos y ha apuntado que no son «guerreristas», como se les ha querido mostrar desde los medios de comunicación.

«Hemos venido hasta esta ciudad de Oslo a buscar la paz con justicia social por medio del diálogo. No somos los guerreristas que han querido pintar. Traemos proyectos de paz, pero para poder alcanzarla es necesaria la desmilitarización por parte del Estado, así como reformas socioeconómicas que refunden la paz y de acuerdo a la realidad que vive el país».

El considerado ?número dos? de las FARC ha asegurado que «siempre hemos querido que Colombia sea un país donde no haya injusticias ni desigualdades políticas, económicas y sociales».

La tierra, el conflicto central

?Iván Márquez? ha destacado que el primer tema a discutir en el proceso de paz será el tema agrario, porque el problema de la tierra es el aspecto central del conflicto armado en Colombia. 

Ha precisado que, en la nación sudamericana, más de 30 millones de ciudadanos viven en la pobreza y seis millones de campesinos están en las calles, «el problema de la tierra es causa histórica en Colombia, nuestra visión es colocar sobre la mesa el desarrollo agrario». 

«Aquello que fue causa esencial del alzamiento armado a lo largo del tiempo se ha agudizado, la lucha por el territorio está en el centro de las luchas que se libran en Colombia (...) Hablar del territorio significa relaciones socio-históricas de nuestras comunidades que ven la tierra como abrigo y sentido del buen vivir», ha agregado

En su intervención, Márquez ha indicado que, para la insurgencia, el concepto de tierra está ligado a la resistencia al latifundio y ha asegurado que las FARC no se oponen a una verdadera restitución de tierras, pero no aceptan el despojo legal que el Gobierno proyecta con sus leyes. 

«Nos oponemos a la destrucción de la biodiversidad (...) Hemos luchado por una reforma agraria eficaz y transparente. La restitución de tierras tiene que aludir a las tierras que les fueron arrebatadas a los campesinos indígenas y a sus descendientes», ha indicado

Ha afirmado que el proceso de paz no es un espacio para resolver los problemas de los guerrilleros, sino de la sociedad, obligada a compartir con las transnacionales con una infraestructura arruinada por la corrupción y la desidia.

Participación ciudadano

?Iván Márquez? ha resaltado que las FARC quieren la paz abriendo espacios para la participación ciudadana, «la paz abarca la transformación de la estructura del Estado. La paz no es la simple desmovilización. La paz no significa el silencio de los fusiles».

En este proceso de paz, Noruega, país que ha participado en una veintena de procesos de reconciliación y de paz en las dos últimas décadas, es junto a Cuba garante del tercer diálogo formal entre el Gobierno colombiano y las FARC.

Las FARC han enviado a Oslo a un equipo encabezado por su ?número dos?, ?Iván Márquez?, y que incluye, entre otros, a los comandantes ?Rodrigo Granda?, ?Andrés París? y ?Marco Calarcá?.

Fuente: GARA