viernes, 31 de mayo de 2013

El poeta inagotable.

URUGUAY

Eduardo Galeano. 

Por Diana Fernández Irusta

Cada tarde, Eduardo Galeano toma un café con Dios. Se acoda junto a una ventana del Brasilero (el bar que, a estas alturas, es algo así como su segundo hogar), respira hondo el aroma a madera y espera, paciente, que la radiante andaluza que sirve las mesas -Alba Marina de nombre, Dios de apellido- le traiga, entre sonrisas, bromas y elogios a su joven divinidad, el cafecito del día. ?Son pocos los que se llaman Dios -cuenta, encantado con el juego, el escritor que tantas veces se peleó con esa otra presencia divina, la de los altares y los mandamientos-. Creo que en la Córdoba española, de donde ella viene, son sólo cinco.?

No es tan raro que se lleve bien con Dios. La furia con la que ha escrito sobre lo religioso no es la de un ateo.

Fui muy creyente cuando era chico, muy místico. Y eso es como la borra en el fondo del vaso del vino, te queda para siempre. No es una cosa que se va; se transfigura, cambia de nombre. En el fondo, uno busca a Dios en los demás. O en la naturaleza, entendida como una bella energía del mundo, que es a la vez terrible y hermosa. ¿Dónde está aquel Dios que tuve de chico y un día se me cayó por un agujerito del bolsillo y nunca más lo encontré? Después supe que lo estaba llamando por otros nombres. Por eso la palabra Dios puede definir a la bella chica que nos trae estos cafés.

Y cómo no va a estar lo divino en un alba marina.

Claro. O en el crepúsculo. Cuando el sol se va y se echa a dormir en esa hamaca que es el horizonte, en la hora más bella del día. Muchas veces me pregunto cuán triste ha de ser morir y no verlo. Porque su capacidad de belleza te devuelve la fe en todo lo que puedas haberla lastimado o perdido. No hay ningún crepúsculo que se parezca a otro. Son todos diferentes, y en Montevideo somos tan afortunados que los tenemos delante. El sol cae ante nuestros ojos.

A los 72 años, Galeano habla como si pintara las palabras: la metáfora siempre a mano, un colorido y caudaloso fluir de imágenes que danza en su voz profunda, modulada, cautivante a conciencia. Son los mismos relatos que, en sus textos, pule con obsesión, decidido a limpiarlos hasta que de ellos no quede más que un núcleo puro y rotundo. El jovencito hambriento de mundo que a comienzos de los 60 ingresó al periodismo de la mano de la mítica Marcha, que luego dirigiría las no menos emblemáticas Crisis y Brecha y conocería también la violencia de los 70 y el desgarro del exilio, se convirtió, con el tiempo, en maestro del microrrelato, arqueólogo de la a veces esquiva poética de lo humano, ícono -lo es hoy- de una sensibilidad tan latinoamericana como universalista. Muchos de sus breves relatos han nacido en los apuntes que toma en minúsculas libretas, a veces sobre la misma mesa del Café Brasilero donde ahora charla con la Revista: una escenografía, la de este bar fundado en 1877, propuesta por el escritor con algo de elocuente presentación. ?Soy hijo de los cafés -dirá-. Todo lo que sé se lo debo a ellos. Sobre todo el arte de narrar. Lo aprendí escuchando, en las mesas de los bares, a aquellos maravillosos narradores orales cuyos nombres ignoro, que contaban mentiras prodigiosas y las contaban de tan bella manera que todo lo que contaban volvía a ocurrir cada vez que ellos lo narraban. Soy hijo de esos cafés y de ese Montevideo donde había tiempo para perder el tiempo.?

LAS LUCES Y LAS SOMBRAS

¿En su obra reemplazó aquellas mentiras por una búsqueda concienzuda de la verdad?

Bueno, la verdad única no existe. Nada más en las cabezas de los nostálgicos del estalinismo, el dogmatismo que te dice que hay una única manera de entender la política o la solidaridad humana. O los que creen que este sistema que el mundo está soportando es el único posible. Yo no comparto eso para nada, lo que busco es celebrar la diversidad. Aquellas mentiras eran arte en el sentido de que el arte siempre es una mentira que cuenta una verdad. Los fusilados de Goya siguen cayendo cada vez que alguien los ve. Yo busco hechos de la realidad para que la realidad me cuente cómo son las realidades que ella esconde. Porque así como el mundo esconde, o tiene en la barriga otros munditos posibles, así también cada realidad contiene otras realidades.

En la diversidad también puede haber muchos demonios. Para ponerles coto, ¿la respuesta sólo puede ser política?

La palabra política suele tener un sentido muy restrictivo, que a mí no me gusta ni un poquito. Creo que todos hacemos política todo el tiempo. En la vida cotidiana, aunque no lo sepas, estás todo el tiempo eligiendo entre la libertad y el miedo. Y eso de algún modo hace política. Aunque lo hagas en el mínimo, microscópico espacio de tu vida privada. A veces hay que aceptar, en lo que tiene de bueno, la pelea interior de los santos y los demonios. Una pelea sana, porque cada uno tiene su cielo y su infierno propio.

¿Cuáles son sus infiernos?

Tengo un cielo y un infierno. [sonríe] que se alimentan mutuamente. ¿Te imaginás qué sería de Dios sin el diablo, pobre? Se iría a un fondo de jubilados, tendría que retirarse. Es como imaginar a River sin Boca o a Boca sin River.

Entiendo. Pero tiene la desgracia de que lo está entrevistando una persona muy poco futbolera.

Eso te salva de muchas angustias [risas]. Lo que pasa es que el fútbol da alegrías, no creas. Y da placer. Bien jugado, da placer. Ver jugar a Messi da placer.

Hace rato que, para usted, verlo a Messi es una fiesta.

Incluso inventé una teoría, que se la hice llegar a él a través del director técnico de la selección: así como Maradona lleva la pelota atada al pie, Messi lleva la pelota dentro del pie. Lo cual es un fenómeno físico [se ríe, sus propias carcajadas lo interrumpen]. inverosímil. La frase le llegó. Y se ve que le gustó, porque me mandó una camiseta de regalo. Científicamente es imposible., ¡pero es la verdad!

Bueno, si uno se guía por sus escritos, la verdad científica queda bastante relativizada.

No quiero hablar de enfermedades porque da mala suerte, pero yo mismo he sobrevivido dos veces a una enfermedad grave. Y creo que esa es la prueba científica [imposta el tono de voz, acentúa sus palabras, contiene un breve asomo de risa] de que la yerba mala nunca muere. Yo soy la prueba científica de eso.

Entonces se ríe, francamente, con ganas. Risa de guerrero. Después, cuando la charla continúe entre las calles que van de la Ciudad Vieja a la Rambla, contará algunas cosas más. Que tanto cigarrillo. Que el cáncer, unos años atrás. Y recientemente, otra vez. No lo comenta como algo excepcional: parece, más bien, entenderlo como parte de una serie. La que comenzó el día en que, siendo un intenso adolescente de 19 años, emergió de la profundidad de un coma y descubrió que estaba vivo -destrozado, pero gozosamente vivo- en una cama del hospital Maciel (adonde había llegado tras ingerir barbitúricos, en un rapto de furia porque el don de la escritura parecía estarle negado). O aquel otro momento, años después, en que se miró el rostro devastado por el paludismo que había contraído en Venezuela y a cuyas feroces fiebres había logrado, casi milagrosamente, sobrevivir. ?He renacido muchas veces -se explaya-. En realidad uno nace y muere muchas veces en la vida. Lo que pasa es que uno está reducido a ver la muerte como una especie de pasaje, una empresa de pompas fúnebres, que te saluda el chofer y te dice hasta luego. [se ríe, divertido consigo mismo]. Y no es así, en realidad uno se muere muchas veces, y renace otras tantas. Eso es lo que tiene de bueno el arte de vivir.?

¿Cómo lidiar con el dolor cuando es un niño pequeño el que lo siente? Pienso en algo que cuenta en Días y noches de amor y de guerra .

Mi hija vino llorando, era muy chiquita, tenía 6 años. Yo la abracé, traté de consolarla. Mi hija Florencia. Al final me confesó que estaba llorando porque su mejor amiga de la escuela le había dicho que no la quería. Y en el libro pongo que le rogaba a Dios que me diera a mí todo el dolor que tenía reservado para ella [A Galeano se le oprime la voz. Las lágrimas que no derrama le incendian los ojos. Pero se recompone. Sigue]. Cuando te sentís ya cansado de todo, como descreído, ayuda saber que uno ha conocido gente que ayuda a creer en los demás, en la solidaridad, en las pasiones humanas. Que a veces son pasiones peligrosas, pero que vale la pena vivirlas. Yo era muy patialegre, como dicen en algunos lugares del interior argentino, siempre fui caminante. Caminé por todas partes, y eso me enseñó a vivir y a escribir.

PALABRAS VIAJERAS

?¡No lo puedo creer! ¡Es increíble! ¡Tengo todos sus libros!?

La chica irrumpe de pronto, pura emoción desbocada. Aborda a Galeano, no para de hablarle: ?Sólo por usted me vine a vivir aquí, a Montevideo?. La voz la delata: es mexicana. Está, no cabe duda, muy emocionada. Conocedora de los hábitos de su ídolo, merodeaba por la zona del Café Brasilero. Sólo un detalle se le pasó por alto: no lleva encima ningún volumen donde registrar el autógrafo del escritor.

?Es que esto es un acontecimiento -continúa, embelesada-. Tengo todos sus libros. Y los recomiendo.?

Galeano sonríe y comenta: ?Difundiendo el martirio?? Saca de un bolso una libretita, se la da: ?Para que la llenes con tus pensamientos profundísimos. Acá te dibujo el cerdito, la prueba de autenticidad de mi firma. ¿Y cuál es tu nombre??

?Daniela?, contesta ella.

?Bueno, Daniela, te voy a hacer el chanchito y una flor pintada de rojo?, dice mientras dibuja el hombre que dio sus primeros pasos en el mundo de la prensa no como periodista, sino como ilustrador. Y no lo olvida.

Daniela, en éxtasis, se queda un rato. Hablan de su país, de los viajes, de esa particular zona de creación entre el arte popular y el arte religioso: los retablos mexicanos. Galeano ya está armando un nuevo relato: ?Vos sabés que el primer retablo que vi en México estaba en una iglesita en ruinas. Son obras de arte primitivo, pero arte. Me quedé deslumbrado; me explicaron que los retablos eran pagos de promesas. Me acerqué; era maravilloso, pero no me animé a robarlo. Será la infancia católica.Aunque el retablo no era muy santo que digamos. Porque decía: Gracias Virgen santísima porque cuando las tropas de Pancho Villa entraron a mi pueblo violaron a mi hermana y a mí no .

Estallido de risas. La fan mexicana lo abraza, lo besa. Lo vuelve a abrazar antes de partir con libreta, autógrafo y dibujito., sin todavía poder creer que todo haya realmente ocurrido.


Eduardo Galeano. FOTO: Daniel Pessah

¿Son frecuentes estos encuentros?

Sí. La gente es muy cariñosa. No sólo acá. Es verdad que también tengo enemigos, pero como decía Ambrose Bierce: ?Quien no tiene enemigos, no merece tener amigos?. Aunque lo cierto es que tengo muchísimos amigos. Además de la gente que se hace amiga leyendo las cosas que uno escribe. Se ve que las palabras se escapan de las páginas y tienen dedos y tocan al que lee. Te tocan, te acarician, te golpean a veces, te arañan.

Las de Galeano deben resultar bastante acariciadoras. Porque caminar con él por Montevideo obliga a hacer muchas paradas. A poco que Daniela haya quedado atrás, aparece un muchacho, uruguayo, papel y lapicera en mano, listo para pedir un autógrafo. Luego, una mujer. Y varias cuadras más allá, cerca de la Academia Nacional de Letras, un hombre lo reconoce y se acerca. Con cada uno de ellos el escritor habla, intercambia simpatías, les brinda atención, palabras, tiempo. ?A mí la verdad que escribir me salva -confesará, luego-. Porque me permite salir fuera de mí. Eso me ayuda a vivir y a saltar por encima de algunos obstáculos que la vida te pone, que parecen insalvables.?

¿Cuáles?

Si los defino, te miento. Peor que mentir, si los defino los convierto en obstáculos estúpidos. Y no lo son. Pero resultan muy complejos para decirlos en una sola palabra. Al escribir, yo los pongo afuera. Es como si uno contuviera vidrios rotos en el alma, que te estuvieran lastimando. Todos tenemos algún vidrio roto en el alma, que lastima y hace sangrar, aunque sea un poquito. Entonces, al escribir, siento que puedo sacar un poco de esos vidrios fuera de mí. Al ponerlos en un papel, ya no me dañan. Ya no me hacen la vida imposible, sino que la multiplican, porque me permiten entenderme mejor con los demás. Porque cada uno tiene sus vidriecitos que duelen [sonríe un poco]. Creo que la literatura es comunicación o no es nada. No escribo para mí, escribo para comunicarme con otros, para llegar a otros que van a ser mis amigos, aunque no los conozca todavía.

Eduardo, ¿qué piensa de la supuesta enemistad entre argentinos y uruguayos?

Yo te contesto diciéndote que es una estupidez. Lamentablemente, una estupidez muy difundida. Pero no es sorprendente, porque la guerra vecinal es una especialidad latinoamericana. Hemos sido diseñados, como países, para odiarnos entre nosotros. Para ignorarnos, también. Es lo peor de la herencia colonial. Hay otras herencias coloniales, como la de la impotencia. Esa que te dice: ?Nunca vas a poder, eso no se puede, nunca vas a ser capaz?. La condena a ser espectadores de la historia hecha por otros, pero incapaces de hacerla con nuestras propias manos, nuestra propia cabeza, nuestro propio corazón. Con nuestras propias piernas que caminan.

Hay poca gente en la rambla montevideana. Falta un rato para que se ponga el sol, pero el atardecer ya se anuncia. Una luz blanda, apenas rosada, todavía protectora, envuelve al gran caminante, al admirador de los crepúsculos marinos. Cuenta que está embarcado en dos nuevos proyectos de libros. Que no duda en preparar las valijas, cuando toca presentar en el extranjero algunos de los ya editados. Comenta también que participará como asesor de una serie dedicada al fútbol, que se emitirá por el canal Encuentro. Es probable que, dentro de ese mismo ciclo, lo entreviste a Diego Maradona, quien -asegura- sólo aceptaría participar si el que lo interroga es el escritor uruguayo. Incansable, Galeano se deja acariciar por la suavidad de un sol que todavía no se deshace en llamaradas. En El libro de los abrazos supo contar que, vistos desde arriba, los seres humanos ?somos un mar de fueguitos?; él mismo reluce como los más necesarios de esos fuegos: los que ?arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende?.

(Tomado de La Nación)

Los dos agentes encubiertos de EE.UU. que ingresaron a Bolivia.

BOLIVIA

*por: Jaime Salvatierra / Especial para La Época*

Los dos agentes de inteligencia norteamericana que ingresaron como turistas
a Bolivia el 11 de mayo, pero con la misión de darle impulso a un operativo
encubierto contra el gobierno boliviano, son Salvador Leyva y Edgar
Fernando Fritz.

Salvador Leyva y Edgar Fernando Fritz son los dos agentes de la Drug
Enforcement Administration (DEA) que el 11 de mayo pasado ingresaron a
territorio boliviano, como turistas, para ejecutar una operación secreta,
con la fachada de un curso antidrogas organizada por la FELCN y la NAS,
para involucrar al viceministro Felipe Cáceres en actividad de narcotráfico
y golpear políticamente al presidente Evo Morales.

Hasta ahora no es posible saber el grado de relación con una decisión
tomada en la Casa Blanca, pero a escasas 24 horas de la publicación de un
artículo que puso al descubierto el operativo encubierto por este mismo
medio (La CIA y DEA llevan adelante nueva conspiración contra Bolivia, (
http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=2523), la
embajada de los Estados Unidos en La Paz anunció el retiro de la Oficina de
Asuntos Antinarcóticos (NAS), luego de cerca de tres décadas de presencia.

Los dos agentes de la DEA ?una agencia que fue expulsada de Bolivia por el
presidente Evo Morales en 2008, acusada de hacer espionaje político antes
que cumplir con su misión-, arribaron a Bolivia el 11 de mayo, a horas
21:56, en un vuelo comercial de la línea Copa CM125 procedente de la ciudad
de Panamá y salieron rápidamente, antes de lo previsto, el sábado 18 de
mayo, en el vuelo CM 245 de la misma línea aérea y con destino a Panamá.

El descubrimiento del operativo encubierto ha provocado gran revuelo en
Washington y en la embajada norteamericana en La Paz, y hasta ha
evidenciado serias contradicciones y conflictos de competencias entre las
agencias CIA, DEA y NAS.

El objetivo real de la misión de los dos agentes encubiertos era aportar
con su experiencia de largos años en actividades de espionaje a la
fabricación de elementos materiales de prueba contra el viceministro de
Defensa Social, Felipe Cáceres, por actividades de narcotráfico, en el
marco de un plan más amplio para dañar la imagen del presidente boliviano
Evo Morales, quien a pesar del asedio permanente dentro y fuera de su país
expresa un liderazgo que cuenta con el respaldo de la mayor parte de la
población.

El desarrollo del operativo cuenta con la participación de dos oscuros
personajes que bajo la fachada de hombres de negocios radicados en la
ciudad de Santa Cruz, vienen realizando su labor encubierta como agentes de
la CIA y la DEA desde hace varios años.

Se trata de los norteamericanos David Wayne Paiz y Bert Davi Castorino. El
primero un viejo agente de la CIA y la DEA, quien por orientación de estas
agencias se radicó en Bolivia hace varios años, luego de contraer
matrimonio con una joven boliviana y obtener ciudadanía de este país.

Dos son los primeros hechos que llaman la atención de este operativo de los
servicios secretos de Estados Unidos:

Primero, que ambos agentes DEA hayan ingresado a Bolivia como turistas a
pesar de que venían a participar en calidad de instructores de un curso
organizado por la NAS.

De los dos agentes de inteligencia, Edgar Fernando Fritz ha estado
anteriormente en Bolivia. Una de sus visitas, también encubierta, se
produjo el 9 de noviembre de 2012 y su salida el 17 del mismo mes.

Segundo, que el curso organizado por la NAS haya sido a pedido de la Fuerza
Especial de Lucha contra el Narcotráfico (FELCN), en coordinación con el
director de capacitación de la embajada de los Estados Unidos,  Donald
Frerich, a pesar de que la DEA no tiene oficinas en Bolivia.

Los experimentados agentes de inteligencia de los Estados Unidos, cuya
intensa actividad puede ser rastreada por internet, debieron permanecer
hasta el 24 de mayo en la ciudad de Santa Cruz, pero en la tarde del
viernes 17 interrumpieron abruptamente el ?curso? que se llevaba adelante
en el Hotel Asturias, advertidos de sospechas de su presencia en Bolivia.

A pesar de la interrupción del ?curso?, con el motivo aparente de que el
conflicto social que enfrentaba el gobierno de Morales con la Central
Obrera Boliviana (COB) se iba a agudizar con un motín policial, Salvador
Leyva y Edgar Fernando Fritz, reportaron a Washington que su misión había
sido cumplida, pues recopilaron la supuesta información contra Cáceres y
contactaron a agentes en Bolivia dispuestos a ejecutar el plan.


Wayne fue infiltrado por la CIA en los servicios policiales bolivianos como
profesor de artes marciales, posición que le permitió desarrollar su
actividad de espionaje y captación de posibles candidatos dentro de las
fuerzas de seguridad bolivianas y su utilización como fuente de información
para la embajada de los Estados Unidos.

De acuerdo a la información obtenida, el ciudadano norteamericano también
participó de alguna manera en la campaña de desestabilización que la
ultraderecha boliviana, apoyada por las corrientes internacionales,  llevó
delante de forma muy activa contra el proceso popular que encabeza el
presidente Evo Morales durante el periodo 2006-2009.

Las agencias de inteligencia estadounidenses, aprovechando esos vínculos
estrechos le asignaron a Wayne la tarea de contratar posibles denunciantes
contra el viceministro Cáceres, los que se encargarían de presentar y
sustentar supuestas evidencias de los vínculos de la autoridad boliviana
con actividades de tráfico de drogas, según se plantea.

La CIA, a través de Wayne, ha llegado a ofrecer hasta un millón de dólares
a estos falsos testigos como pago a su colaboración, según se desprende de
la información obtenida.

Wayne reporta directamente a Bert Davi Castorino, pera de origen italiano,
nacionalizado en Estados Unidos y con un largo historial de servicio dentro
de la CIA.

Al igual que Wayne, el italo-norteamericano Castorino lleva varios años
radicado en Bolivia y es un importante enlace entre la estación CIA en La
Paz con los grupos y líderes de organizaciones de extrema derecha de la
ciudad de Santa Cruz. También mantuvo relaciones con los dirigentes de la
línea dura opositora contra el proceso de cambio.

Aún no se tiene plenamente identificada a la estructura de esa nueva
conspiración contra el gobierno de Evo Morales, pero todo indica que
Castorino está a cargo y responde ante sus jefes de la CIA por la operación
fabricada contra el viceministro Cáceres.

Como parte importante de estas acciones de la CIA, en colaboración con la
DEA, Castorino está explorando qué personajes comprometidos con la justicia
boliviana, ya sea jueces o fiscales, podrían servir al cumplimiento del
operativo encubierto. Según señalan las informaciones preliminares, hace
muy poco Castorino sostuvo un encuentro con el Fiscal cruceño Alvaro de la
Torre, conocido por sus vínculos con los sectores más reaccionarios de la
oposición y sobre quien existen sospechas de corrupción.

La reunión entre Castorino y Alvaro de la Torre se llevó a cabo en el Bar
Discoteca Budu, al cual el enlace CIA acude con frecuencia y utiliza como
lugar predilecto para tratar negocios que califica como delicados.

El representante de la CIA dispone de medio millón de dólares para el
fiscal que investigue el caso, cuando la denuncia se haga efectiva contra
Cáceres, y para que reciba la declaración de los falsos testigos y para que
se encargue de promover una investigación sobre estos supuestos cargos.

Otros detalles del plan conspirativo

El operativo conspirativo es mucho más grande de lo imaginado. Una parte de
la información fabricada contra Cáceres, pero que busca dañar la imagen del
presidente Evo Morales, ha sido entregada en Paraguay a un conocido agente
de la Central de Inteligencia Americana (CIA) por un oficial boliviano a
las órdenes de la embajada de Estados Unidos en La Paz.

Este operativo encubierto y claramente conspirativo contra el gobierno de
Evo Morales, del que con mayores detalles y actores informaremos a su
debido momento, también ha permitido confirmar que si algo no hacen los
servicios secretos norteamericanos es quedarse quietos.

La CIA y la DEA, incluso con sobreposición de tareas y contradicciones,
trabajan en varias conspiraciones simultáneas contra Bolivia. Una de ellas
apunta a reclutar oficiales de la Policía y de las Fuerzas Armadas para
obtener información sensible y delicada del gobierno con planes y objetivos
desestabilizadores.

En la dirección de ese propósito de reclutamiento, en menos de un año han
invitado y financiado a varios efectivos de la Policía para participar de
cursos y entrenamientos en Lima.

El curso más reciente fue en abril último y lo coordinó el oficial de
programas LEPD-División de Asuntos Antinarcóticos de la Embajada de Estados
Unidos, Javier López Videla, quien además participó en el montaje del
?curso? que se llevó a cabo en el hotel Asturias a partir del 13 de mayo y
para el que llegaron los agentes Salvador Leyva y Edgar Fernando Fritz.

Pero volvamos a Lima. El curso titulado ?Derechos de propiedad
intelectual?, para no levantar sospechas sobre las materias de espionaje,
se llevó adelante en la Academia Internacional para el Cumplimiento de la
Ley (ILEA), que es una fachada de la CIA y las agencias de inteligencia de
Estados Unidos para reeditar sin ruidos una especie de Escuela de las
Américas y para usar sus agentes en planes conspirativos contra los
gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina.

Este curso, al cual viajaron ocho oficiales de la Policía de Bolivia el 14
de abril, previo cobro de viáticos para sus gastos de alimentación y
hospedaje de la embajada de Estados Unidos en La Paz, se montó como un
intercambio de conocimientos con la Policía del Perú.

El inicio de la actividad, el 15 de abril, comenzó el día en que el
secretario de Estado norteamericano, John Kerry, decía ante un comité de la
Cámara de Representantes de su país que América Latina era el patio trasero
de los Estados Unidos.

Estos ?acercamientos? de los servicios secretos norteamericanos a los
uniformados bolivianos al parecer no se han interrumpido a pesar de las
reservas del gobierno de Morales. Tan es así que los policías que prestan
sus servicios en la embajada de EE.UU. en La Paz son utilizados, previa
instrucción de quitarse el verde olivo y vestirse de civiles, para hacer
labores de espionaje y seguimiento a figuras políticas oficiales y
movimientos sociales.

Para el cumplimiento de esas ?tareas?, la oficina de seguridad de la
embajada de Estados Unidos, dirigida por Thomas Scanlon y de su segundo
jefe, el boliviano Alfonso Palma Meneses, elaboran cada semana un plan de
inteligencia al grupo de detección y seguridad coordinado por el coronel
jubilado del ejército boliviano y reconocido agente CIA, Roberto Vargas
Blacut (la Oveja), quien tiene bajo su mando a cerca de 10 policías
dirigidos por el teniente Rolando Villa Choque. La hija de la ?Oveja?,
Karen Vargas Sosa, trabaja en la Embajada de los Estados Unidos bajo
órdenes de Alfonso Palma.

¿Por qué tanto asedio contra Evo Morales?

Como se ha señalado en el artículo del domingo 19 publicado por este mismo
medio (CIA y DEA llevan adelante nueva conspiración contra Bolivia), por lo
visto dos son los grandes objetivos de este operativo encubierto:

Primero, alimentar una matriz de opinión internacional que criminalice y
estigmatice aún más al gobierno boliviano en la lucha contra el
narcotráfico. A las autoridades estadounidenses les ha caído bastante mal
que Bolivia haya conseguido exitosamente la defensa de la hoja de coca al
denunciar la Convención de Viena de 1961 y luego su reincorporación.

El gobierno de Morales también ha criticado duramente a la administración
de Obama por incorporar a Bolivia con juicios negativos en su informe anual
sobre la lucha contra las drogas, a pesar que las Naciones Unidas han
reconocido que es el país que más ha reducido sus cultivos de coca respecto
de Colombia y Perú, y que también el que más acciones de represión al
accionar del narcotráfico ha llevado a cabo. De ahí que, ante el anuncio
del retiro de la NAS, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, haya
respondido con orgullo que ?sin la DEA la lucha antinarcóticos ha sido
mejor?.

Segundo, construir una matriz de opinión dentro de Bolivia para afectar la
imagen del gobierno boliviano y sobre todo del presidente Evo Morales,
quien se dispone a participar de las elecciones de 2014 luego que el
Tribunal Constitucional Plurinacional habilitará su postulación al
responder positivamente a una consulta de la Asamblea Legislativa
Plurinacional.

Para terminar, dos preguntas finales: ¿Ante estos datos irrebatibles, puede
la embajada de Estados Unidos probar que los dos agentes DEA no ingresaron
a Bolivia el 11 de mayo?, ¿Es posible negar la organización del ?curso?
antidrogas bajo coordinación de la NAS?