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lunes, 28 de enero de 2013

Bachar al-Assad recurre a la voluntad popular.

SIRIA

por Thierry Meyssan
Red Voltaire | 8 de enero de 2013

Francia y las monarquías del Golfo se empeñan en presentar a Bachar al-Assad como un tirano sanguinario y en hacerlo responsable de las 60 000 muertes que contabiliza el Alto Comisariado para los Derechos Humanos. Este 6 de enero de 2013, el presidente al-Assad invirtió esa retórica en su discurso a la nación. Se reafirmó como líder de un país que está enfrentando una agresión proveniente del exterior y rindió homenaje a la memoria de los 60 000 mártires. Como símbolo de ese homenaje, a sus espaldas podía verse, durante su discurso, una bandera siria conformada con los rostros de las víctimas.
El objetivo de su discurso fue aportar precisiones concretas sobre la aplicación del plan de paz negociado entre la Casa Blanca y el Kremlin con vistas a una delimitación del Medio Oriente. Aunque el comunicado emitido en Ginebra el 30 de junio de 2012 y los numerosos contactos posteriores ya definen la estructura general de dicho plan, quedan aún numerosos detalles por negociar.
Todas las partes, con excepción de Francia y de las monarquías del Golfo, han aceptado la idea de un gobierno de transición presidido por el propio Bachar al-Assad, gobierno que incluiría a numerosos líderes de la oposición. París, Riad y Doha siguen interpretando la «transición» como el paso de una Siria presidida por Bachar al-Assad a una Siria sin al-Assad. Washington, Moscú y Damasco, por el contrario, consideran la «transición» como un proceso de pacificación y reconciliación.
El acuerdo de Ginebra plantea en principio la creación de un gobierno de unión nacional durante el periodo de transición. Pero la actual Constitución siria, dado su carácter presidencialista, no permite tal cosa ya que el presidente tiene entre sus prerrogativas la de revocar a cualquier ministro en cualquier momento, al igual que el presidente de los Estados Unidos. La creación de un gobierno sirio de unión nacional exige, por lo tanto, una reforma constitucional destinada a ofrecer garantías a la oposición.
En su discurso, el presidente Bachar al-Assad invitó la oposición a participar en la elaboración de una «carta nacional» que enmendaría temporalmente la Constitución para establecer los objetivos y el modo de funcionamiento del gobierno durante el periodo de transición. Y anunció, adelantándose así a los europeos y al enviado especial de los secretarios generales de la ONU y de la Liga Árabe Lakdhar Brahimi, que ese texto sería sometido a un referéndum. Dicho de otra manera, que habrá que respetar la voluntad soberana del pueblo sirio. No se tratará un arreglo entre grandes potencias, como aquel que el propio señor Brahimi orquestó en Taif al final de la guerra civil libanesa, y que dejó al país del cedro bajo una tutela extranjera que se mantiene hoy en día.
Una segunda interrogante se plantea en cuanto a la identificación de la oposición. Estados Unidos creó una Coalición Nacional conformada con personalidades sirias del exterior y que numerosos Estados consideran como representante del pueblo sirio. Pero esa Coalición Nacional no goza de ningún respaldo dentro del país y se ha visto rechazada incluso por el Ejército Sirio Libre (ESL).
Desde el punto de vista de Damasco y de Moscú, la Coalición Nacional, tanto por estar financiada desde el extranjero como por haber pedido a los occidentales que bombardearan Siria, no puede participar en un gobierno de unión nacional. Y desde el punto de vista de Washington, la Coalición cometió una falta imperdonable al condenar la inscripción del Frente al-Nusra (rama de al-Qaeda en el Levante) en la lista estadounidense de organizaciones terroristas. O sea, la Coalición se puso del lado de los terroristas, desacreditándose así definitivamente.
El presidente al-Assad indicó por lo tanto que el gobierno de unión nacional incluiría a todos los partidos políticos que han defendido el país a largo de esta guerra de agresión.
Es en ese punto, claro está, que las palabras del presidente al-Assad son incompatibles con la retórica del Departamento de Estado. Para Damasco, la nación siria está siendo atacada por fuerzas extranjeras que se autoproclaman «yihadistas». Para Washington, lo que hay en Siria es una «guerra civil» con interferencia de combatientes extranjeros.
Sin embargo, ambos puntos de vista se van acercando poco a poco. Al incluir el Frente al-Nusra en su lista de organizaciones terroristas, Washington de hecho abandonó políticamente al Ejército Sirio Libre. Si bien parte de los políticos estadounidenses establecen diferencias entre el ESL y al-Qaeda, los principales tanques pensantes ?como el Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores o CFR)? señalan, por el contrario, que el Frente al-Nusra es el principal componente del Ejército Sirio Libre, además de ser el único de importancia operativa. Es por eso que en Estados Unidos se ha hecho frecuente oír últimamente que la «revolución ha sido secuestrada» o «desviada por los yihadistas». Así que Washington puede muy fácilmente acomodarse a la posición de Damasco. La retórica de los derechos humanos, que anteriormente exigía la destitución de al-Assad, hoy exige que se le ayude a mantenerse para luchar contra el terrorismo.
Por supuesto, todo eso denota la más increíble hipocresía. Es que en la nueva coyuntura energética Estados Unidos ya no necesita apoderarse del gas sirio, el triple veto de Rusia y China impidió que la OTAN pudiera lanzarse a la destrucción de Siria y el Ejército Árabe Sirio hizo fracasar la estrategia desestabilizadora concebida por el general David Petraeus. Así que Washington está en busca de una puerta de salida honorable para esta guerra fracasada. Bachar al-Assad toma nota de ello y presenta sus condiciones.
Al llamar al pueblo sirio a pronunciarse a través de un referéndum, el presidente al-Assad cumple simultáneamente con tres objetivos: reafirma la soberanía que los occidentales y las monarquías del Golfo negaban al pueblo sirio, recuerda implícitamente que es el único líder ya legitimado por la vía de las urnas y acelera la agenda. Consciente de que no faltarán Estados que pongan en duda la limpieza de la nueva consulta popular, Bachar al-Assad utilizará esas dudas para acelerar el despliegue de una fuerza de la ONU encargada de supervisar la realización del referéndum y de poner fin a la violencia lo más rápidamente posible. El presidente sirio se abstuvo de mencionar un calendario para la redacción de la carta nacional y la realización del referéndum, con la esperanza de que el Consejo de Seguridad le proponga uno, lo más acelerado posible.

sábado, 4 de febrero de 2012

La agenda árabe en Siria está muy clara.

SIRIA

por Pepe Escobar


Puede apreciarse una deriva acelerada en las ?democráticas? maquinaciones de la Liga Árabe, o más bien, de la Liga del CCG, porque el poder real en esta organización pan-árabe lo ejercen dos de las seis monarquías del Golfo Pérsico que componen el Consejo de Cooperación del Golfo, también conocido como Club de la Contrarrevolución del Golfo: Qatar y la Casa de los Saud.
En esencia, el CCG creó un grupo en la Liga Árabe al objeto de controlar lo que está sucediendo en Siria. El Consejo Nacional Sirio ?que tiene su sede en dos países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte: Turquía y Francia- lo apoyó con entusiasmo. Resulta elocuente que el vecino de Siria, el Líbano, no lo hiciera.

Cuando los más de 160 observadores, tras un mes de investigaciones, emitieron su informe? ¡sorpresa! El informe no se ajustaba a la línea oficial del CCG, que postula que el ?malvado? gobierno de Bashar al-Asad está, unilateral e indiscriminadamente , matando a su propio pueblo y es por tanto necesario cambiar el régimen.

El comité ministerial de la Liga Árabe había aprobado el informe, con cuatro votos a favor (Argelia, Egipto, Sudán y el miembro del CCG: Omán) y un solo voto en contra, ¿adivinan de quién?: de Qatar, que está ahora presidiendo la Liga Árabe porque el emirato le compró su turno (rotatorio) a la Autoridad Palestina.

Por tanto, el informe fue ignorado (por los medios corporativos occidentales) o destruido sin piedad (por los medios árabes), prácticamente todos ellos financiados bien por la Casa de Saud, bien por Qatar. Ni siquiera se discutió, porque el CCG impidió que se tradujera del árabe al inglés y se publicara en la página web de la Liga Árabe.

Hasta que finalmente se filtró. Aquí está, al completo .

El informe es categórico. No hubo represión letal y organizada por parte del gobierno sirio contra los manifestantes pacíficos. En su lugar, el informe señala a bandas sospechosas como responsables de las muertes de los civiles sirios y de alrededor de mil efectivos del ejército sirio mediante la utilización de tácticas letales tales como la colocación de bombas en autobuses civiles, en trenes que transportaban diesel, en autobuses de la policía y en puentes y canalizaciones.

Una vez más , la versión oficial de la OTAN/CCG sobre Siria es la de un levantamiento popular aplastado con balas y tanques. A diferencia de los miembros de los BRICS, Rusia y China, y amplias franjas del mundo en desarrollo, que consideran que el gobierno sirio está combatiendo a mercenarios extranjeros fuertemente armados. El informe confirma en gran medida estas sospechas.

El Consejo Nacional Sirio es esencialmente una organización de los Hermanos Musulmanes afiliada tanto a la Casa de Saud como a Qatar, con un intranquilo Israel apoyando calladamente en la sombra. La legitimidad no llega exactamente en una taza de té verde. En cuanto al Ejército Sirio Libre, tiene en él desertores del ejército y bienintencionados opositores al régimen de Asad, pero la mayor parte del mismo está infectado de mercenarios extranjeros armados por el CCG, especialmente de bandas salafíes.

Pero nada desalentará a la OTAN/CCG, que en estos momentos no pueden aplicar su modelo para todo para promover la ?democracia? bombardeando un país y librándose del proverbial dictador maléfico. Los dirigentes del CCG, la Casa de Saud y Qatar, rechazaron abiertamente su propio informe y fueron derechos al meollo del asunto: imponer un cambio de régimen impulsado por la OTAN/CCG a través del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Por tanto, la actual ?deriva dirigida por los árabes en las Naciones Unidas para asegurar un fin pacífico a la campaña de diez meses de duración? en Siria no es más que un burdo intento de cambio de régimen. Los sospechosos habituales, Washington, Londres y París, se han visto obligados a quitarse de en medio para asegurarle a la auténtica comunidad internacional que esto no es otro mandato de bombardeo, a la libia, para la OTAN. La secretaria de estado Hillary Clinton lo describió como ?una vía para una transición política que preserve la unidad y las instituciones de Siria?.

Pero los miembros de los BRICS, Rusia y China, lo ven como lo que es. Otro miembro de los BRICS, la India, junto con Pakistán y Sudáfrica, han planteado serias objeciones al borrador de resolución de las Naciones Unidas pergeñado por la OTAN/CCG.

No habría otra zona de exclusión aérea estilo Libia; después de todo, el régimen de Asad no está desplegando exactamente Migs contra los civiles. Rusia y China bloquearían de nuevo una resolución de la ONU  pidiendo un cambio de régimen. Incluso en la OTAN/CCG se sienten confusos, porque cada uno de los bloques de actores ?Washington, Ankara y el dúo de la Casa de Saud y Doha- tiene una agenda geopolítica distinta a largo plazo. Por no mencionar a Iraq, crucial vecino y socio comercial de Siria; Bagdad está oficialmente contra cualquier esquema de cambio de régimen.

Por tanto, aquí va una sugerencia para la Casa de Saud y para Qatar: Ya que tanto os seduce la perspectiva de una ?democracia? en Siria, ¿por qué no utilizáis todo el armamento estadounidense y la invadís en mitad de la noche ?como hicisteis en Bahrain- e imponéis vosotros mismos el cambio de régimen?
fuente: Rebelión /traducido por Sinfo Fernández