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lunes, 6 de enero de 2014

Correa alerta que la derecha internacional quiere boicotear la paz en Colombia.

ECUADOR

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, denunció este jueves que existe un afán por dañar las relaciones de Ecuador con Estados Unidos y Colombia, pero sobre todo boicotear el proceso de paz que se adelanta en ese país.

En un encuentro con periodistas, el mandatario ecuatoriano manifestó que la extrema derecha no quiere la paz, quiere la guerra y aclaró que a lo que él denomina extrema derecha se refiere específicamente a los que están vinculados con paramilitares y narcotraficantes de Medellin.



?Es un intento de la extrema derecha colombiana y estadounidense internacional para boicotear el proceso de paz en Colombia?, precisó el mandatario.

El pasado 23 de diciembre, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, calificó como "gravísima" la participación de la CIA en el ataque a territorio ecuatoriano perpetrado el 1 de marzo de 2008, cuando fuerzas militares de Colombia bombardearon un campamento de las FARC que se encontraba a poco menos de dos kilómetros de la frontera colombiana.

Según el rotativo The Washington Post, la CIA usa en Colombia tecnología GPS con la que puede ubicar los objetivos. El artefacto, de manera guiada, puede llegar a las víctimas, incluso en la selva, como ocurrió en el ataque no permisado de Colombia contra territorio ecuatoriano en 2008.

El periódico estadounidense también reseñó que estas operaciones son financiadas, desde 2003, con recursos clandestinos y el aval del ex presidente George Bush y ahora de Barack Obama.

Caso de espionaje

En otro tema, el jefe de Estado también ratificó que dos políticos de oposición hackearon durante meses su cuenta de correo electrónico y de otras instancias gubernamentales como la Secretaría Nacional de Inteligencia (Senain).

Durante la reunión con representantes de los medios de comunicación, el mandatario deploró el tratamiento informativo que los ciertos medios han dado al tema haciendo quedar como víctimas a los presuntos autores del delito de espionaje, los opositores Fernando Villavicencio, que funge como periodista, y el legislador Cléver Jiménez.

También hizo un llamado a algunos gobiernos locales opositores a evitar estar en ?permanente boicot? contra las medidas y acciones que se ejecutan desde el Gobierno Nacional ?nosotros no tenemos lógica de poder, tenemos la lógica del servicio, del proyecto nacional y no podemos estar perdiendo el tiempo?, acotó.

En este sentido mencionó que recientemente sostuvo una reunión con su tren ministerial para modificar el Código Humanitario y Financiero que actualmente rige el país, pues comentó que actualmente este código se maneja en base a los beneficios de los banqueros y no del Estado y ?esto me da mucha vergüenza decirlo pero ya estamos trabajando en eso?.

De igual forma comentó que ayudará a sus candidatos para las elecciones locales a celebrarse el próximo 23 de febrero en el país ?dentro de la medida de lo posible me meteré en la campaña para que los gobiernos locales logren obtener el triunfo porque ellos son importantes para llevar adelante las políticas del Estado?.

lunes, 19 de marzo de 2012

La masacre en Afganistán no fue locura.

AFGANISTÁN

por Robert Fisk

DOMINGO, 18 DE MARZO DE 2012 


Empieza a cansarme este cuento del soldado demente. Era predecible, por supuesto. No bien el sargento de 38 años que masacró el domingo pasado a 16 civiles afganos, entre ellos nueve niños, cerca de Kandahar, regresó a su base, ya los expertos en defensa y los chicos y chicas de loscentros de pensamiento anunciaban que había enloquecido. No era un perverso terrorista sin entrañas ?como sería, desde luego, si hubiera sido afgano, en especial talibán?, sino sólo un tipo que se volvió loco.


Esa misma tontería se usó para describir a los soldados estadunidenses homicidas que perpetraron una orgía de sangre en la ciudad iraquí de Haditha. Con la misma palabra se describió al soldado israelí Baruch Goldstein, quien masacró a 25 palestinos en Hebrón, algo que hice notar en este mismo periódico apenas unas horas antes de que el sargento enloqueciera de pronto en la provincia de Kandahar.

Al parecer enloqueció, anunciaron periodistas. Un hombre ?que probablemente había sufrido algún colapso (The Guardian)?, un soldado rufián (Financial Times) cuyo disturbio (The New York Times) fue sin duda (sic) perpetrado en un rapto de locura (Le Figaro).

¿De veras? ¿Se supone que creamos eso? Claro, si hubiera estado loco por completo, nuestro sargento habría matado a 16 de sus compañeros estadunidenses. Habría asesinado a sus camaradas y después prendido fuego a los cuerpos. Pero no, no mató a estadunidenses; escogió matar a afganos. Hubo una elección. ¿Por qué, entonces, mató a afganos?

Existe una pista interesante en todo esto, la cual no hubiera aparecido en los informes de los medios. De hecho, la narración de los hechos ha sido curiosamente lobotomizada ?censurada, incluso? por quienes han tratado de explicar la atroz masacre en Kandahar. Recordaron la quema de ejemplares del Corán ?cuando soldados estadunidenses en Bagram los arrojaron a una hoguera? y las muertes de seis soldados de la OTAN, dos de ellos estadunidenses, que vinieron después. Pero vuélenme en pedazos si no olvidaron ?y esto se aplica a todas las notas informativas sobre la reciente matanza? una declaración notable y sumamente significativa del comandante en jefe del ejército estadunidense en Afganistán, el general John Allen, hace exactamente 22 días. De hecho, fue una declaración tan inusitada que recorté las palabras en mi periódico matutino y puse el recorte en mi maletín para referencia futura.

Allen dijo a sus hombres: Ésta no es la hora de la venganza por las muertes de los soldados estadunidenses muertos en los disturbios del jueves. Les advirtió que debían resistir cualquier urgencia que sientan de devolver el golpe, luego de que un soldado afgano dio muerte a los dos estadunidenses. ?Habrá momentos como éste en que estarán ustedes buscando el significado de estas muertes ?continuó?. Momentos como éste, en que sus emociones serán gobernadas por la rabia y el deseo de desquite. Ésta no es la hora de la venganza; es la hora de mirar al fondo de su alma, de recordar su misión, recordar su disciplina, recordar quiénes son ustedes.?

Fue un llamado extraordinario, viniendo del comandante en jefe de Estados Unidos en Afganistán. El general se vio precisado a decir a su ejército, supuestamente bien disciplinado, profesional, de élite, que no cobrara venganza en los afganos a los que supuestamente está ayudando/protegiendo/educando/adiestrando, etc. Tuvo que decir a sus soldados que no cometieran asesinatos.

Sé que los generales decían esas cosas en Vietnam. Pero, ¿en Afganistán? ¿Han llegado las cosas a ese extremo? Me temo que sí. Porque, por mucho que me disgustan los generales, he tratado con muchos de ellos en persona y, en general, tienen una idea bastante acertada de lo que ocurre en sus filas. Y sospecho que el general John Allen ya había sido advertido por sus oficiales de que sus soldados estaban furiosos por las muertes que vinieron después de la quema de los ejemplares del Corán y tal vez habían decidido emprender una escalada de venganza. Por eso trató de un modo tan desesperado ?en una declaración tan impactante como reveladora? de prevenir una masacre exactamente como la que ocurrió el domingo pasado.

Sin embargo, ese mensaje fue borrado por completo de la memoria de los expertos cuando analizaron esa matanza. No se permitió en sus relatos ninguna alusión a las palabras del general Allen, ninguna referencia, porque, desde luego, eso habría sacado a nuestro sargento del grupo de los enloquecidos y le habría dado un posible motivo para la masacre. Como de costumbre, los periodistas tuvieron que meterse a la cama con los militares para procrear un demente y no un asesino. Pobre tipo: andaba mal de la cabeza. No sabía lo que hacía. No es extraño que lo hayan sacado de Afganistán tan rápido.

Todos hemos tenido nuestras masacres. Ahí está My Lai, y nuestro propio My Lai británico, en una aldea malaya llamada Batang Kali, donde los guardias escoceses ?envueltos en un conflicto contra despiadados insurgentes comunistas? asesinaron a 24 indefensos trabajadores del hule, en 1948. Claro, se puede aducir que los franceses en Argelia fueron peores que los estadunidenses en Afganistán ?se dice que una unidad francesa de artillería desapareció a 2 mil argelinos en seis meses?, pero eso es tanto como decir que somos mejores que Saddam Hussein. Cierto, pero vaya parámetro de moralidad.

De eso se trata todo esto. Disciplina. Moralidad. Valor. El valor de no matar en venganza. Pero cuando uno va perdiendo una guerra que finge estar ganando ?me refiero a Afganistán, por supuesto?, supongo que eso es esperar demasiado. Parece que el general Allen perdió su tiempo.

Publicado en The Independent
Traducción: Jorge Anaya