Mostrando entradas con la etiqueta guerrillero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guerrillero. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de marzo de 2014

Cuando la Paz se parece a la Guerra.

GUATEMALA



Hace ya años que en Guatemala se firmó la paz entre Gobierno y movimiento guerrillero. Pero lejos está todavía de poder decirse que el proceso iniciado en ese entonces haya dado los frutos que se esperaba. Más aún: la situación actual nos confronta con un empeoramiento, un retroceso en las causas estructurales que dieron lugar a la guerra civil en la década del '60 del pasado siglo. La guerra hoy día formalmente terminó, pero la violencia sigue presente y se evidencia de otras maneras, tan o más crueles que en los peores años del enfrentamiento armado.

guatemalapaza




Guatemala
Cuando la Paz se parece a la Guerra
(Por Marcelo Colussi desde Guatemala– ARGENPRESS.info)

Hace ya años que en Guatemala se firmó la paz entre Gobierno y movimiento guerrillero. Pero lejos está todavía de poder decirse que el proceso iniciado en ese entonces haya dado los frutos que se esperaba. Más aún: la situación actual nos confronta con un empeoramiento, un retroceso en las causas estructurales que dieron lugar a la guerra civil en la década del '60 del pasado siglo. La guerra hoy día formalmente terminó, pero la violencia sigue presente y se evidencia de otras maneras, tan o más crueles que en los peores años del enfrentamiento armado.

La post guerra que vivimos actualmente está marcada por una suma compleja de problemas, donde la violación a los derechos humanos sigue siendo una constante, si bien no con la intensidad de años atrás, pero con efectos sociales igualmente dañinos. Una herencia trágica -entre otras- de 36 años de conflicto armado está dada por la recurrencia de linchamientos.
Este fenómeno debe abordarse desde una perspectiva multicausal. Participan en él aspectos de diversas naturalezas: sociales, psicológicos, culturales. De hecho no son algo nuevo en la historia; se los conoce desde tiempos inmemoriales. Por supuesto, no son un patrimonio de la “violencia guatemalteca”. Actualmente deben su nombre al juez estadounidense Charles Lynch, quien organizó a contemporáneos suyos para actuar como ley local en un juicio sumario contra unos conspiradores pro-británicos hacia el año 1780. A partir de este hecho relativamente reciente se derivó el verbo linchar, y el sustantivo linchamiento, hoy ya universalmente aceptados.
Lo significativo en Guatemala es no sólo la crueldad de estos actos (con sus características muy propias: es costumbre quemar a la persona linchada), sino su sintomática recurrencia: desde el momento del inicio del proceso de paz hasta la fecha nunca desparecieron. Se dan en las comunidades rurales que fueron escenario del enfrentamiento armado, donde existieron redes de contrainsurgencia paramilitar que nunca se desmantelaron totalmente (y donde muchas veces no hay gasolineras, pero donde nunca falta gasolina para quemar al linchado), así como en áreas urbanas. Incluso -este es un dato que no puede minimizarse- hasta se dio uno, con saldo mortal para uno de los delincuentes linchados (fueron tres) ¡en el estacionamiento de una universidad católica de la ciudad capital, siendo sus estudiantes ¿católicos? quienes lo llevaron a cabo!
Quienes continúan poniendo los muertos siguen siendo los mismos que sufrieron lo peor de la represión en años pasados, y quienes históricamente han estado alejados de los beneficios de un desarrollo equitativo que hace de Guatemala un país de enormes contrastes: los indígenas de origen maya, por siempre pobres, o los pobres urbanos, en muchos casos de ascendencia maya, siempre excluidos (de esos sectores urbanos marginados surgen los ladrones que pululan por toda la sociedad, y que pueden robar un teléfono celular, una billetera, una cadenita de oro; nunca se lincha a un funcionario que roba parte del presupuesto, por ejemplo, o un personaje ligado al gran crimen organizado, todos los cuales no vienen de esos sectores marginados y empobrecidos. Y jamás -¡esto es impensable!- se lincharía a un empresario o a un patrón de finca, por más explotadores que sean). De hecho, como símbolo de lo grotescamente patético del asunto, valga decir que vez pasada se linchó a un par de jóvenes en el departamento de Quiché que habían robado… ¡unas zanahorias en un mercado!
De ninguna manera se debe buscar en la historia prehispánica o colonial el origen de los linchamientos. En todo caso sus causas se ligan al contexto particular que vive Guatemala hoy; contexto que, definitivamente, es consecuencia de siglos de historia conflictiva y violenta. Con esto se desvirtúa la opinión -profundamente racista- que los linchamientos son “prácticas de indios” (no debe olvidarse que la población indígena-maya del país es de alrededor del 60%, y la ideología racista dominante ve en ellos un factor de 'atraso' y 'pobreza'). Los linchamientos responden, en todo caso, a un horizonte histórico-social de violencia (de más de cinco siglos, reforzados por una guerra interna de casi cuatro décadas) que ha creado una cultura de violencia, en tanto dimensión de aceptación normal de fenómenos a todas luces violatorios de una coexistencia pacífica. Cultura de violencia que se refleja en un sinnúmero de conductas sociales no cuestionadas, como la aceptación generalizada del uso de armas de fuego, la resolución violenta de los pleitos, la aceptación -tanto por el Estado como por la sociedad civil- de la pena de muerte, la discriminación histórica de la población maya, una dinámica cotidiana de verticalismo y machismo, corrupción e impunidad a niveles escandalosos. Todo lo cual puede dar como resultado que entre un tercio de la población a nivel nacional haya total conformidad para con los linchamientos como una práctica correcta de “ejercicio de la justicia”.
Como en todo complejo fenómeno social, no hay “buenos” contra “malos”. Las cosas son infinitamente más enrevesadas, más complicadas. En todo caso, los linchamientos están originados en una sumatoria multifacética de causas:

• Cultura de violencia vivida por años y asumida ahora como normal
• Inseguridad pública: violación de los derechos humanos e impunidad
• Muy bajo impacto del sistema formal de justicia y descrédito de la justicia consuetudinaria maya
• Ruptura del tejido social, producto de las estrategias contrainsurgentes de la pasada guerra
• Manipulación política de las poblaciones descontentas
• Mantenimiento de la ingobernabilidad
• Pobreza extrema, que redimensiona el valor de los bienes robados (¿linchar por un par de zanahorias?)
• En algunos casos, fanatismo religioso con mensajes apocalípticos (sectas neoevangélicas, habiéndose dado casos donde pastores de estas denominaciones llamaron a linchar).

Buscando explicaciones

El texto “Guatemala: Nunca Más”, presentado en 1998 por la Iglesia Católica como informe final de su arduo Proyecto Interdiocesano Recuperación de la Memoria Histórica -REMHI-, el cual estudia la represión vivida en estas pasadas décadas, indica que “el aprendizaje social de la violencia que se ha inducido a través de los grupos paramilitares, las redes de inteligencia y los mecanismos de entrenamiento militar, implican la necesidad de una desmilitarización real que revierta el proceso desarrollado en la guerra. Sin acciones específicas en ese sentido y en un contexto de impunidad y graves problemas económicos en muchos sectores de la población, las consecuencias de la guerra se manifiestan ya en nuevas formas de violencia social” [tal como los linchamientos].
Con la destrucción de las autoridades tradicionales de origen maya también tambalean las normas morales construidas para regular la convivencia cotidiana así como para resolver los conflictos domésticos, intra e intercomunitarios. En esa lógica, los linchamientos vienen a ser la expresión más elocuente -y patéticamente descarnada- de la militarización cultural que ha sufrido la sociedad en estos últimos años, y que se sigue evidenciando de manera dramática.
La psicología colectiva provee elementos para entender el problema; como dice el padre de la Psicología Social, el francés Gustave Le Bon en su ya clásica “Psicología de las multitudes”: “La masa no tiene conciencia de sus actos; quedan abolidas ciertas facultades y puede ser llevada a un grado extremo de exaltación. La multitud es extremadamente influenciable y crédula, y carece de sentido crítico”. Eso puede apreciarse en cualquier conducta masificada, donde desaparece la conciencia crítica y el individuo se ve transportado por la efusividad de la masa: para ejemplo, la moda, la conducta en un estadio de fútbol, el espíritu patriótico. En los fenómenos de los linchamientos siempre está presente este nivel de lo masivo, de lo tumultuario no racional. En el caso de Guatemala además se da un particular vínculo con la reciente historia de militarización vivida, que ha dejado marcas todavía muy frescas, y que confiere características especiales a la dinámica cotidiana. Durante el conflicto armado interno parte de las estrategias de la intervención contrainsurgente del Ejército fueron las de índole psicológica, junto con las acciones de violencia física. Esa especial metodología trajo consecuencias psicológicas y morales que se evidencian claramente en los linchamientos:
• Las estrategias de las políticas contrainsurgentes fueron una escuela de crueldad. Estas acciones violentas permanecen en la memoria histórica de las poblaciones, manifestándose en lo que hoy se implementa en los linchamientos: tortura previa a la muerte, incineración de la víctima, posterior exhibición pública del cadáver. La crueldad de muchas acciones de la delincuencia cotidiana que hoy asola al país (el descuartizamiento, por ejemplo), o de los “honestos ciudadanos” incluso, que pueden quemar vivo a un ladrón capturado para lincharlo, no son connaturales a los guatemaltecos, no vienen en sus genes: son un reflejo de una historia vivida (“se repite activamente lo que se padeció pasivamente”, es una enseñanza de la Psicología). Valga decir que Guatemala fue el país de todo el continente americano donde la guerra contrainsurgente alcanzó los niveles más crueles (200.000 muertos, 45.000 desaparecidos, más de 600 aldeas destruidas en las campañas de “tierra arrasada”. Todo eso no pasó en vano: los linchamientos lo remedan.)

• El terror tiene manifestaciones y secuelas sociales que no desaparecen automáticamente cuando la violencia desciende, sino que presenta efectos acumulativos y perdurables. A partir de la historia vivida, el terror se convierte en una amenaza que puede ser reactivada en cualquier momento, y el linchamiento es una de las formas de recordarlo. La actual “epidemia de violencia” que vive la sociedad Guatemala -que transforma al país en uno de los más inseguros y violentos del mundo, sin estar técnicamente en guerra- no nace sola. Se juegan ahí historias coaguladas que llevan a la colonia y a la fundación del Estado moderno como monumental opresión de clase justificada en una fenomenal cultura racista.

• Se destruyeron los tejidos sociales de solidaridad y participación comunitaria. Lo cual ha dado como resultado una intensificación de la desconfianza contra cualquier desconocido, contra los “extraños”, frente a quienes se puede descargar entonces una tensión social, como ocurre en los linchamientos. La cultura de la desconfianza, de la paranoia, tan típicas de la guerra, se ha entronizado, y hoy día cualquiera puede ser sospechoso. Y ni se diga si la sospecha se asienta en estereotipos enraizados: joven con aire de marero, tatuado, con facciones no-blancas, proveniente de las zonas rojas de la ciudad, etc., etc. Es más fácil pedir el inmediato ajusticiamiento del ladrón (ladrón de celulares, claro está, no el del ladrón de millones del presupuesto nacional por ejemplo) que encontrar las causas por las que un joven delinque. La ética en juego es, como alguien dijo acertadamente, una ética de naufragio: “¡sálvese quien pueda!”

• Se militarizó la implementación de justicia. La misma, por décadas durante el conflicto interno, se desenvolvió en el marco de una lógica militarizada. La transición a la justicia civil y su aceptación por parte de la población, sobre todo en cuanto al derecho al debido proceso y la correlatividad entre el delito y la pena, será un tránsito que requerirá de un trabajo de desaprender los códigos militarizados y el irrespeto a la vida. Pedir “mano dura” como supuesta solución de los problemas que aquejan a la ciudadanía no es sino la expresión de esa historia de guerra y de militarización, que incluso va más allá de los 36 años de guerra. La cultura militar anida en el imaginario social que recorre la sociedad: ¿por qué un colegio es “bueno”, según el extendido prejuicio que se repite frecuentemente, en tanto tiene mucha “disciplina”, mucho “rigor”, una excelente banda marcial?

• Se buscó uniformar a la población a través de una manipulación maniquea de “nosotros buenos” y “ellos malos”. En los linchamientos, al igual que en las dinámicas militarizadas que se vivieron en años pasados, se da una pretendida cohesión de la comunidad considerándola como un todo. Así se instala la impunidad para los ejecutores que se convierten en justicieros, se valora la solidaridad interna de la comunidad que ha sido capaz de “resolver” por sí misma sus problemas, la conciencia de culpa que podrían producir en algunas personas el presenciar o ejecutar actos de crueldad se diluye en la euforia de la solidaridad colectiva y el sentimiento de omnipotencia adquirido en el supuesto triunfo contra la maldad. Con los linchamientos, que ya hace más de una década pasaron a integrarse en la normalidad cotidiana de la población guatemalteca, no se ha resuelto en modo alguno el acuciante problema de la inseguridad ciudadana (al igual que no se ha resuelto con la desproporcionada cantidad de policías privados que pueden encontrarse donde sea: en una panadería de barrio, en una iglesia, en un establecimiento educativo -hay 6 veces más agentes privados que de la Policía Nacional Civil-, pero que sí refuerzan el estereotipo de “ciudadanos buenos” y “sospechosos malignos”.

Aunque supuestamente los linchamientos constituyen una forma sumaria de hacer justicia, en realidad como procedimiento de presunto orden preventivo respecto a la delincuencia no traen ninguna consecuencia real, en tanto mecanismo disuasivo (al igual que la pena de muerte). Pese a haberse “ajusticiado” a numerosos delincuentes (insistamos: en general más cerca del robo de unas zanahorias que empresarios explotadores, funcionarios corruptos, militares acusados de delitos de lesa humanidad durante la pasada guerra o connotados representantes del crimen organizado), el índice de criminalidad en todo el país, y en las ex zonas de guerra también, continúa siendo alarmantemente alto. Si alguien osara tomarlos como presunta “justicia popular”, se equivoca de cabo a rabo.
Los linchamientos significan para la población un recordatorio de quién sigue mandando. Si bien no se puede afirmar categóricamente en la totalidad de casos registrados, al menos en las áreas rurales hay fuertes indicios indicativos de la participación de las estructuras paramilitares contrainsurgentes que tuvieron lugar en la guerra -aún activas, por cierto- que dan su cuota de aporte para la comisión de estos hechos tumultuarios con los que se perpetúa un clima no democrático. Dicho en otros términos: este fenómeno no es sino una expresión -grotesca, y por ello mismo trágica- de la impunidad que aún reina. Y en las áreas urbanas son un indicativo de la permanencia de esa cultura militarizada y de muerte (vale más un teléfono celular que una vida humana, aún para un estudiante de una universidad católica que puede linchar en defensa… ¡de la propiedad privada de un teléfono celular!).
Enfatizamos esta idea: los linchamientos no hablan sólo de una falta de justicia (en ese caso podrían llegar a entenderse entonces como una forma sumaria de justicia popular). Ahí radica el verdadero núcleo del problema: el linchamiento no es justicia sino, por el contrario, refuerza la falta de justicia que campea en este nunca terminado período de post guerra. El linchamiento refuerza la impunidad.

¿Qué hacer ante esto?

Desaprender la violencia, combatir la impunidad, no es fácil; en el caso de Guatemala es trágicamente evidente. Más de cinco siglos de explotación feroz de las grandes mayorías indígenas, y casi cuatro décadas de guerra interna con el resultado de muertos, torturados y desaparecidos más alto en toda América Latina, han dejado marcas. La muerte pasó a ser cosa cotidiana: al que “molesta” hay que sacárselo de encima (dicho sea de paso: hoy un sicario puede matar a alguien por unos escasos centavos, quizá no más de 100 dólares). Los linchamientos no son sino una recreación monstruosa de esa verdad: pobres quemando vivo a otro pobre que se robó algo, alimentando así la cultura de la violencia. Y el ciclo se repite: “el que manda, manda; y si se equivoca vuelve a mandar”.
Terminar con los linchamientos significa terminar con la cultura de guerra que aún persiste en el país, la cual, como van las cosas, en vez de ir desapareciendo pareciera que tiende a perpetuarse. Sólo fomentando una profunda y genuina cultura del respeto por el otro, un afianzamiento de la justicia, un combate frontal a la impunidad, pueden ir descendiendo estos fenómenos que nos retrotraen a la lógica del conflicto armado. Para ello es imprescindible que el Estado genere y sostenga, con clara voluntad, políticas a largo plazo encaminadas a ir incidiendo en estos aspectos. Cosa que, preciso es aclararlo, no está sucediendo al día de hoy. Más allá de todas las pomposas declaraciones en torno a la edificación de la paz, hoy día los aplaudidos Acuerdos de Paz de 1996 son, antes bien -como alguien dijera mordazmente- “recuerdos de paz”.
De hecho se están desarrollando algunas iniciativas en el ámbito gubernamental tendientes a enfocar este fenómeno; de todos modos, hasta la fecha, en la agenda nacional no están visualizados claramente como un problema de alta prioridad. Son, en todo caso, un elemento más del clima de violencia imperante, pero no algo para lo que se destinan esfuerzos específicos desde las instancias estatales en tanto políticas públicas a largo plazo. En el imaginario colectivo -percepción muchas veces alentada también por los medios de comunicación masivos- pueden ser vistos como “justicia popular”; y desde el Estado poco contribuye a desdecir esa idea.
Por otro lado, desde la sociedad civil -ciertas organizaciones no gubernamentales, algunas iglesias- se han iniciado acciones concretas puntuales, en general enmarcadas en programas de prevención y manejo de la violencia. Su grado de impacto, sin embargo, es relativamente bajo, dado que no existe una estrategia nacional que las promueve y les otorgue real sostenibilidad en el tiempo.
Atacar de raíz el problema de los linchamientos debe pasar por una combinación inteligente de políticas nacionales con esfuerzos de base, todos comprometidos, con real voluntad de cambio, en una transformación de las secuelas del conflicto armado y una profundización de la ciudadanía democrática. Si no se modifica la cultura de violencia, si no se combate frontalmente la impunidad, si la justicia no pasa a ser un hecho concreto en la cotidianeidad de la población, es muy probable que los linchamientos persistan.

lunes, 20 de enero de 2014

HOMENAJE A PÓSTUMO JUAN TUYUC.

GUATEMALA

Homenaje Póstumo a Juan Tuyuc Velásquez en la municipalidad de Sololá, encabezados por el alcalde municipal Andrés Iboy, Alberto Chumil, alcalde de la municipalidad Indígena de Sololá, Luis Sicajan alcalde indígena de Panajachel. El cadáver de Tuyuc fue localizado a inmediaciones del km 136 de la carretera interamericana, jurisdicción de la Colonia María Tecún por causas que aun se desconocen. La hermana del fallecido Rosalina Tuyuc, pide se haga una exhaustiva investigación para que no pase a ser otro caso que quede en la impunidad "se quiere aparentar como un accidente de transito, pero todo nos indica que fue detenido y luego asesinado" afirmó quien fuera la fundadora de la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala CONAVIGUA. Andrés Iboy alcalde municipal de Sololá destacó el trabajo de Tuyuc Velásquez como un revolucionario humilde y auténtico que no se valió de su posición de comandante y siguió trabajando por el desarrollo de las comunidades en especial del departamento "Sololá esta de Luto" concluyó Iboy. ------ Tuyuc, fue subcomandante Guerrillero en las filas revolucionarias en 1979 después de que su padre fuera secuestrado y desparecido por las fuerzas gubertnamentales de la década de 1970.

SATISFACCION

por Otto René Castillo

Lo más hermoso
para los que han combatido
su vida entera,
es llegar al final y decir:
creíamos en el hombre y la vida
y la vida y el hombre
jamás nos defraudaron.

Así son ellos ganados para el pueblo.
Así surge la eternidad del ejemplo.
No porque combatieron una parte de su vida,
sino porque combatieron todos los días de su vida.

Solo así llegan los hombres a ser hombres:
combatiendo día y noche por ser hombres.
Entonces, el pueblo abre sus ríos más hondos
y los mezcla para siempre con sus aguas.Así son ellos, encendidas lejanías.
Por eso habitan hondamente el corazón
del ejemplo. 

lunes, 23 de diciembre de 2013

"Pedir perdón no es solo para militares y tupamaros".

URUGUAY

Ministro Fernández Huidobro: 

  El Ministro de Defensa se refirió este miércoles al acto del perdón del Estado uruguayo. Dijo que ve mucha gente abocada a exigir perdón y poca a perdonar. 

. Eleuterio Fernández Huidobro participó este mediodía del tradicional almuerzo de la Asociación de Dirigentes de Marketing. En ese ámbito, el ex guerrillero tupamaro, y actual Secretario de Estado, se refirió a muchos temas entre ellos al debate surgido a nivel social sobre si el Estado debe pedir perdón o no por los delitos de la dictadura.
Fernández Huidobro dejó en claro que hablaba a título personal y dio su parecer. El ministro dijo que si hubiera una mesa para pedir perdón, no se debería limitar solo a militares y tupamaros.

Los cómplices de la impunidad en Uruguay 

viernes, 11 de octubre de 2013

Recuerdan al Che Guevara en La Higuera, a 46 años de su asesinato.

BOLIVIA

Cientos de personas llegan a la pequeña aldea de la selva boliviana donde el 9 de octubre de 1967 fusilaron al líder guerrillero Su hermano Juan Martín participará de la conmemoración.

La Higuera, una aldea perdida en la geografía de Bolivia que cuenta con apenas 50 habitantes, volvió a convertirse en estos días en centro de atracción turística porque allí fue asesinado el guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara, hecho del cual hoy se cumple un nuevo aniversario.

ampliar


Como cada año a comienzos de octubre, el poblado campesino de casas miserables de adobe y paja se llena de turistas y peregrinos que recorren el último lugar de América que vio con vida al mítico guerrillero, reseñó la agencia de noticias Prensa Latina.

Se trata de un caserío enclavado en una especie de valle rodeado de montañas de vegetación espesa, que hace 46 años se convirtió en uno de los lugares de referencia para la izquierda latinoamericana como eventual núcleo de origen de lo que sería una gran revolución continental.

Hoy, casi medio siglo después, los habitantes de La Higuera han creado una especie de culto profano a la imagen del guerrillero, a quien consideran un santo y le ruegan por milagros, le ofrecen flores y le encienden velas.

Delegaciones de Cuba y Argentina, entre ellas el hermano menor de Guevara, Juan Martín, acudirán hoy al poblado para realizar un acto de recordación en una vieja escuelita que todavía se conserva como sitio de culto.

Muchos de los pobladores de La Higuera recuerdan aquel día de 1967, y algunos hasta cobran por contar la historia, pero todos son conscientes de que desde aquel 9 de octubre, nada volvió a ser igual en ese caserío al sudeste de Bolivia.

Julia Cortez, una maestra jubilada, dice que ella fue la última en ofrecerle un plato de comida al Che, una sopa de maní, y hasta recuerda que él le reprochó que, siendo maestra, hubiera escrito ángulo sin tilde en el pizarrón de la escuela.

Guevara fue herido de bala en su pierna izquierda y tomado prisionero en el combate de Quebrada del Churo, y trasladado a la escuela de La Higuera, donde fue asesinado a sangre fría por un militar boliviano.

El verdugo de Guevara, el exsargento Mario Terán, relató a su ministro del Interior, Antonio Arguedas, cuáles fueron las últimas palabras del guerrillero: "¡Serénese y apunte bien! ¡Va usted a matar a un hombre!".

Terán contó que quedó estremecido por esas palabras, dio un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerró los ojos y disparó la primera ráfaga.           

martes, 28 de mayo de 2013

Los comandantes guerrilleros admiten que debe llegar el reconocimiento de las víctimas y el perdón.

Una periodista de El Expectador entrevista a líderes de las FARC
Charla con Pablo Catatumbo e Iván Márquez

por Marisol Gómez Giraldo / Lunes 27 de mayo de 2013 


Pablo Catatumbo                                                                                                Iván Márquez
En esta conversación, los dos hombres fuertes de las Farc en los diálogos de paz de La Habana, ?Pablo Catatumbo? e ?Iván Márquez?, dejaron salir un tema hasta ahora evitado públicamente por el grupo guerrillero: la necesidad de reconocer a las víctimas, de ?lado y lado?, y pedir perdón.



A su debido tiempo, claro, se afanan a decir los dos. Y es ?Catatumbo? el que se arriesga a hablar de la manera en que entiende el tema esta guerrilla: no es a un pedido de perdón ?unilateral? a lo que deben llevar estos diálogos, dice. (Lea también: Día clave para un histórico acuerdo sobre la tierra).



Lo afirma cuando les pregunto por el perdón que, a través de EL TIEMPO, les dio a las Farc Constanza Turbay Cote, la única sobreviviente de esta familia liberal del Caquetá, asesinada por el grupo guerrillero. Esto, en medio del debate entre el Procurador y el Fiscal por lo que debe o no perdonárseles a los jefes guerrilleros como resultado del proceso de paz.



?Catatumbo? ?el hombre de los contactos que llevaron a los diálogos con el gobierno de Juan Manuel Santos? parece más dispuesto que ?Márquez? a dejarse ver por dentro, tanto en las respuestas formales como en la conversación informal.



?Márquez?, el primero del Secretariado de las Farc en llegar a la negociación de paz, y quien al comienzo se oponía, parece evitar las palabras que dejen ver más allá del hombre político que es por esencia. Pero las deja salir sin prevenciones cuando la entrevista toma el rumbo de un diálogo informal.



¿Les dice algo el perdón de Constanza Turbay Cote a las Farc?



?Márquez? guarda silencio. ?Catatumbo? toma entonces la palabra: ?A mí me parece un gesto de nobleza. Esta guerra nos ha tocado a todos. Por eso digo que cuando hablemos de victimarios, pongamos el rompecabezas en la mesa. El análisis unilateral en este tema olvida que todos somos víctimas del conflicto. La familia Turbay ha sido tocada y la nuestra también. Recuerde que una hermana mía fue asesinada por Carlos Castaño, un hermano murió en la guerrilla y yo fui torturado por el Ejército y por el Mas (Muerte a Secuestradores). ?Iván? (Márquez) tiene hermanos asesinados y cada uno en la delegación de las Farc tiene estas historias?.



En ese contexto, este proceso de paz tiene que pasar por un acto de contrición general. ¿Para cuándo ven las Farc ese momento?



?Dejemos que llegue a la mesa, pero este tema tiene que ser abordado, responde ?Catatumbo? antes de que ?Márquez? anote: ?Todo tiene su tiempo? y ?no debemos apresurarnos?.



?Catatumbo? vuelve al perdón de Constanza Turbay Cote para decir: ?Ojalá todos tuviéramos esa actitud. Nosotros hemos dicho que no guardamos rencor personal contra ninguno. Por eso nos podemos sentar amablemente con dos generales que han sido duros en la confrontación?.



Se refiere a Jorge Enrique Mora Rangel, excomandante de las Fuerzas Militares, y Óscar Naranjo, exdirector de la Policía, que hacen parte de la delegación del Gobierno Nacional en los diálogos.



Ya que hablan de militares, ¿ven al final de este proceso también el perdón para los que han cometido ?falsos positivos??



?Márquez? insiste en que me adelanto a los temas. ?Catatumbo? vuelve a tomar la palabra: ?Es que esta no es una confrontación alimentada por odios personales, es un problema político complejo, que no se resuelve con perdones. Si la paz se hiciera diciendo ?yo pido perdón?, pues ya. Eso puede contribuir, pero no resuelve nada. Es un problema histórico y tiene que ser abordado desde esa óptica. De lo contrario, se llega a fines superficiales?.



Como ustedes me piden que no me adelante, vamos entonces a un tema que han mencionado esta semana, el de la participación política.



?Márquez? responde de inmediato que están listos: ?Estamos preparados y comprometidos en llegar hasta la solución política del conflicto. Créanos cuando decimos eso. Y hacemos grandes esfuerzos por mantener la fe y la esperanza de la gente en que por fin vamos a tener la reconciliación?.



Pero la paz no es un acto de fe. Son los hechos los que cuentan...



?A la paz también hay que ponerle pasión, anhelo?, dice ?Márquez?. ?Catatumbo? interviene para anotar: ?Que nos dejen hacer política y verán que le explicamos al país todo esto?.



Precisamente, en el foro que hubo en Bogotá, movimientos y partidos coincidieron en pedir una reforma electoral que abra la participación política, pero ustedes insisten en una asamblea constituyente...



?Márquez?: ?Es la única fórmula que nos permitirá rodear de certezas el proceso de paz. Lo rodea también de legitimidad, la que le da el constituyente primario. El poder constituyente está por encima de los poderes internacionales que pretenden interferir en nuestros asuntos internos?.




¿Está pensando en la Corte Penal Internacional?



?Márquez?: ?A nosotros no nos desvela la Corte Penal Internacional?.



A ustedes solamente les da tranquilidad una asamblea constituyente, pero el presidente Santos no la considera y habla de refrendar los acuerdos con mecanismos como el referendo...



?Al final todos vamos a llegar a la constituyente?, afirma convencido ?Iván Márquez? y ?Pablo Catatumbo? lo respalda diciendo: ?Por lomenos vamos a llegar a esa conclusión. Un referendo no es obligante, no da garantías de que los acuerdos de paz perduren. Una constituyente es un tratado?.



Pero no es tan segura como ustedes creen. La prueba es que la Constitución de 1991 ha sido cambiada varias veces. ?Catatumbo?: ?Porque en la Constitución del 91 no estuvo toda Colombia. Faltamos nosotros, tenga en cuenta ese detalle?.



De todas maneras la Constitución la cambian. Por ejemplo, el expresidente Álvaro Uribe logró modificarle un ?articulito? para su reelección.



?Catatumbo?: ?¿Pero qué tal que la misma constituyente establezca unas normas pétreas? Algunas, no todas. Por eso le digo que no hay que adelantarse?.



El coco de los tiempos



A estas alturas del diálogo y para ratificar que, a pesar de las dudas del país sobre la voluntad de la guerrilla, ?sí están comprometidas con la paz?, ?Márquez? cuenta que ellos están trabajando duro y durmiendo poco. ?Para que vea: ¡Todos los días nos acostamos como a la una de la mañana y nos levantamos como a las 4!?, anota.



Fue ?Márquez? el que, desde su primer día en el proceso de paz, en Oslo, llegó diciendo que ?la paz exprés solo conduce a precipicios?. Pero ?Catatumbo?, el segundo del secretariado de las Farc en integrarse a la negociación, también pide tiempo para los diálogos.



Los dos jefes guerrilleros dicen no entender el afán del país por ver resultados del proceso de paz, que el domingo pasado completó seis meses sin un acuerdo en el primer punto de la agenda, tierras. Hoy, finalmente, habría un anuncio al respecto en Cuba (ver nota arriba).



?Catatumbo? se apura a explicar por qué, como afirma ?Márquez?, no deben exigirles ?la velocidad del Giro de Italia?.



?Cuando decimos que no a una paz exprés queremos decir que, si esto se arregla mal, seguiremos en lo mismo. Y eso no le sirve a Colombia. ¿Por qué hubo 47 guerras civiles en el siglo XIX? Porque se hacían arreglitos que no resolvían nada. Hay que hacer pedagogía para que la gente entienda esto. Por eso decimos que nos den tiempo?, añade ?Catatumbo?.



Los dos ponen como ejemplos el proceso de paz de Guatemala (que duró 6 años), el de El Salvador (2 años y medio) y hasta el de Filipinas con la guerrilla musulmana (que lleva 15 años, con tres interrupciones graves). ?Nosotros vamos a paso lento, pero firme y seguro?, remata ?Márquez?, quien reclama, cada vez que puede, que el proceso de paz se haga con ?la verdad pura y limpia?.



?Es la mejor manera de persuadir ?argumenta?. ¿Para qué tanta estrategia y tanto artificio? Con las Farc no sirve eso. Que pongan la verdad sobre la mesa?. De pronto, ?Márquez? deja de comportarse como político y habla de su familia: ?A mi mamá y a una hermana las secuestraron, en Neiva, gente de Inteligencia, y una hora y media después, en la vía a Flandes (Tolima), las montaron en un helicóptero, las llevaron a Urabá y se las entregaron a Carlos Castaño?. Fue para la época en que el jefe paramilitar secuestró también a la hermana de ?Catatumbo?, que terminó muerta, y a un hermano de ?Alfonso Cano?.



El jefe guerrillero también recoge los recuerdos sobre su hermano asesinado en Morelia (Caquetá): ?Le sacaron los ojos, las uñas, y lo lanzaron por un puente?. Y termina diciendo: ?Si vamos a hablar de víctimas, víctimas tenemos todos?.

domingo, 20 de enero de 2013

Comandante guerrillero Jesús Santrich: ?Hay que intervenir los latifundios ganaderos?

COLOMBIA

Por: Confidencial Colombia

El tema agrario es el plato fuerte de la mesa de conversaciones y, para ahondar sobre éste tema, Confidencial Colombia habla con 'Jesús Santrich', negociador plenipotenciario de las Farc. Este jefe guerrillero, recién llegado al escenario público de la mano de Iván Márquez, señala que en una eventual reforma agraria deben destinarse 20 millones de hectáreas de la ganadería para el fondo de tierras. Entrevista desde La Habana.
De Santrich llaman la atención sus gafas y su forma de hablar. Desde que llegó al proceso ha sido protagonista por sus salidas desenfadadas en cuestiones del proceso de paz.
Hoy cuando se cumplen tres días del reinicio de las conversaciones sobre el trascendental tema agrario, el negociador del grupo guerrillero plantea la visión de la insurgencia frente a una eventual reforma agraria. Se remite al preámbulo del Acuerdo General para señalar que el gobierno no cumple lo hablado.
Afirma también que las tres fases de las que habla el gobierno son una idea de la oligarquía para "darle un carácter perentorio a la negociación".
El miembro del Estado Mayor Central responde en esta entrevista a Confidencial Colombia, que las iniciativas propuestas por el gobierno en la Ley de víctimas y restitución de tierras son "trucos encaminados a hacer el despojo".
La guerrilla de las Farc comienza a destapar sus cartas en la difícil negociación por tratar de resolver el tema de la tierra, no descarta que una eventual reforma agraria involucre procesos de expropiación, señala que será la agricultura la mayor beneficiada de esta iniciativa y que hay que quitarle 20 millones de hectáreas de tierra a los ganaderos para ponerlas al servicio de los campesinos.
El guerrillero no se olvida de la solicitud de su organización para que 'Simón Trinidad' integre la mesa de negociación.
Confidencial Colombia El Gobierno ha dicho que el modelo económico no está en discusión, ¿cómo negociar el tema de la tierra a partir de esta premisa?

Jesús Santrich El gobierno ha dicho y seguramente seguirá diciendo muchas cosas que tiene que ver con su ofensiva mediática orientada a confundir a la opinión, a dar la idea de que la insurgencia llegó a la Mesa de Diálogos no a buscar caminos de entendimiento que conduzcan a la solución de los problemas sociales del país, sino que llegó a presenciar la capitulación de las FARC-EP.

Las mentiras no conducen a nada bueno, pero difícilmente se podría sacar al régimen de ese esquema mezquino que siempre ha utilizado para abordar tan delicado tema con es el de la guerra y la paz.
Se ha insistido mucho en que en este proceso no se repetirán errores del pasado, pero el gobierno de Juan Manuel Santos sigue cometiendo graves faltas como esta de pretender que la voluntad de paz de la insurgencia al sentarse a dialogar es sinónimo de debilidad.

El preámbulo rector del Acuerdo General para la culminación del conflicto es claro cuando indica que "El desarrollo económico con justicia social y en armonía con el medio ambiente, es garantía de paz y progreso" y que "el desarrollo social con equidad y bienestar, incluyendo las grandes mayorías, permite crecer como país".

Este es el enfoque que hemos acordado para la discusión y es el que vamos a seguir más allá de las opiniones particulares que tenga el gobierno. Si se quiere seriedad en el proceso, el gobierno tiene que comenzar por no descabezar el acuerdo restándole su encabezamiento de fundamentos.
C.C ¿Qué papel juegan iniciativas como el Foro Agrario para la discusión del tema de la tierra en la mesa de diálogo?

J.S El papel de eventos como el Foro Agrario es el de abrir camino a la participación popular, que es otro asunto que a veces de manera unilateral el gobierno pretende restringir haciendo una interpretación absurda que manda la posibilidad de que el pueblo decida difiriendo su entrada plena para algo que De la Calle ha dado en llamar tercera etapa del proceso.
En ninguna parte del acuerdo se habla de etapas, este se desarrolló integralmente como un sólo cuerpo de texto que puede tener momentos, períodos de intercambios y recesos, etc, pero no esas tales etapas que le dan tono perentorio a las interpretaciones sesgadas y falaces de la contraparte.

Cuando en el Acuerdo decimos que esto se da "con la disposición total del Gobierno Nacional y de las FARC de llegar a un acuerdo" y se hace "la invitación a toda la sociedad colombiana, así como a los organismos de integración regional y a la comunidad internacional, a acompañar este proceso", por ningún lado se está expresando que esa participación está diferida por las partes a un momento de culminación del proceso.

Las FARC siempre han dicho que el pueblo como constituyente primario, como soberano, es el protagonista del proceso, su constructor y refrendador natural. Lo demás son cuentos de camino que echan a andar personas que creen que los grandes problemas del país se definen entre élites. Eso es antidemocracia y las FARC no comulgan con eso.




Jesús Santrich, miembro de las Farc. a su llegada al Palacio de Convenciones de la Habana, Cuba,

C.C ¿Hablan del fin de la "economía extractora" y de la presencia de transnacionales en el campo colombiano?

J.S Desde antes de la instalación en Oslo nuestro discurso y nuestra práctica política se desarrollan en favor de la soberanía nacional y en defensa de la patria. Nos oponemos totalmente a las medidas neoliberales que al tiempo que empobrecen a las mayorías nacionales nos someten al rigor de las trasnacionales.
Pero especialmente a partir de aquella instalación, en el discurso que presentó el comandante 'Iván Márquez' fuimos muy claros en criticar el proceso de extranjerización de la tierra que se está dando en Colombia. Es algo alarmante sobre lo cual la FAO y otros organismos internacionales han advertido consecuencias negativas que impactan contra la soberanía alimentaria y el bienestar de la población.
                                                                
Esa entrega miserable del territorio para desarrollar la economía extractiva, los proyectos minero-energéticos, plantacionales, de generación de biocombustibles, etc. debe cesar porque se están afectando los pobladores más humildes de las áreas de penetración del capital financiero y se está lesionando la soberanía nacional.

C.C En que va el tema de 'Simón Trinidad', él podría participar en la negociación en el tema agrario, ¿tienen algún aporte suyo?

J.S Tenemos optimismo en que Simón en algún momento no muy lejano pueda hacer parte de la Mesa de diálogos. Esta solicitud la hemos hecho al gobierno norteamericano y también hemos pedido al gobierno colombiano que haga la solicitud.
Aún no hay respuesta del Presidente Obama, que fue a quien se le envió el pedido y desafortunadamente ?sin explicar el tipo de discusiones que sobre el tema hemos realizado en la mesa? debo decir que el gobierno colombiano no parece dar señas de querer hacer ningún gesto altruista que beneficie con mayores réditos el desenvolvimiento del proceso.

C.C ¿Quieren que se discuta en la mesa de diálogo el tema de la restitución de la tierra a los despojados a pesar de que ya existen leyes que abordan esta temática?

J.S Queremos que se le de una solución real al problema agrario y rural que padece Colombia y que es causa esencial de la confrontación política, social y armada. Si existen leyes impulsadas por el gobierno que abordan esta temática, pero con el infortunio de que son proyectos que encierran grandes engaños como eso de generar titulaciones para que la formalización motive a las trasnacionales a invertir mediante proyectos de asociatividad que apuntan a quitar la tierra al campesino ahora utilizando mecanismos legales.

Lo que se viene es un despojo legal de la tierra haciendo del campesino un arrendador, o en el mejor de los casos un trabajador de las trasnacionales. El Plan Nacional de Desarrollo, la ley de tierras y la de restitución son un trinomio de trucos encaminados a hacer ese despojo, a tomar la Unidades Agrícolas familiares, a convertir las Zonas de Reserva Campesina en "aldeas estratégicas" de consolidación militar, etc.

C.C El Foro Agrario fue el primer acuerdo al que llegaron las partes, ¿cómo lo lograron?

J.S Ese es un compromiso que se definió durante los diálogos exploratorios. Estaba hecho el acuerdo y luego lo que vino fue pactar a quien encargaríamos de su organización y realización. De verdad ese fue un procedimiento ágil en el que a pesar de que los tiempos de preparación fueron extremadamente restringidos, los propósitos de participación inicial se lograron, la gente desbordó la convocatoria, asistieron 1315 invitados y centenares de personas quedaron en enlace permanente con el evento.

Hay expertos que plantean que las organizaciones y personas que allí estuvieron pueden representar un universo de unas cinco millones de personas, lo cual es alentador, lo mismo que ver la capacidad de organización y movilización que tienen las organizaciones populares en medio de la miseria y el terror estatal. La gente desborda deseos de participar y esto lo que indica es que el gobierno cometería un terrible error si trata de frenar o restringir esa participación profiriendo amenazas de judicialización o sencillamente intimidando a quienes desean interlocutar con la insurgencia.

Es mezquina la tesis pública que el jefe de la delegación del gobierno y otros han planteado en el sentido de que la participación popular en lleno se realizará en esa ilusoria tercera etapa que se han inventado, fragmentando un proceso que es un todo interrelacionado en todos sus aspectos y en el que seguramente si se llega a un momento en el que iniciaría la "dejación de armas" esto implicaría un proceso largo que va de la mano de la implementación paso a paso de los acuerdos, pues los acuerdos que no se cumplen es como si jamás hubiesen existido. Las FARC no caminan con promesas sino con hechos.




C.C Negociadores de las Farc han llamado a la sociedad civil a movilizarse, ¿ese debe ser el papel de los sectores sociales en la negociación?

J.S Nosotros no hablamos de negociación porque como lo hemos repetido en diversos escenarios y momentos, nada tenemos que dar más allá de nuestros esfuerzos por conquistar la justicia social. Nosotros dialogamos buscando el entendimiento con el gobierno que conduzca al régimen a no seguirle negando los derechos a un pueblo azotado por el terror institucional, el despojo y la muerte.

En ello está claro que si la gente misma no se moviliza exigiendo sus derechos, difícilmente se pueden lograr los cambios. Nosotros somos optimistas y pensamos que hay una enorme motivación popular que el gobierno no puede seguir desatendiendo si en verdad desea la reconciliación de los colombianos.

C.C Si logran acordar el tema de la tierra, ¿cuánto habrán avanzado para poner fin al conflicto armado?

J.S Muchísimo porque este es un tema central entre las causas que han generado la confrontación. Resolver este asunto por ejemplo, implicaría que de las cerca de 40 millones de hectáreas que han dedicado a la ganadería destruyendo los suelos de vocación agrícola se destine al menos 20 millones de hectáreas para incluir en el fondo de tierras que se requeriría al momento de la reforma agraria.

Esas ganaderías y pastizales habría que tecnificarlas, reordenar el territorio en función del pequeño y mediano campesino, en función de las comunidades afrodescendientes e indígenas y de la población rural en una intensa relación con el espacio urbano.

Resolver este punto implicaría devolverle a la población rural los más de 7 millones de hectáreas que le han robado a sangre y fuego a más de seis millones de desplazados en los últimos 25 años. Implicaría la reinsersión económica y social de todas familias, implicaría acabar con la extranjerización de las tierras ociosas, limitar la explotación agroindustrial y optar por una economía rural que beneficie la soberanía alimentaria, etc.

C.C José Félix Lafourie señaló que los ganaderos de Colombia no participan en el Foro Agrario porque es "un circo", ¿se pueden hacer mejoras en el campo sin contar con este gremio?

J.S Quiérase o no, hay que intervenir los latifundios ganaderos, entre otros; hay que reconvertir el tipo de ganadería extensiva y destructora en una ganadería que alimente también al país desde una ubicación en territorio con tal vocación de producción.

Esto tendría que contar con un proceso de desparamilitarización del territorio, tocaría acabar con ese sí un circo macabro que el de la alianza de personajes tipo Lafourie con el paramilitarismo. El Estado todo tiene que hacer un desenganche con el paramilitarismo y reparar todos los terribles crímenes de que históricamente es responsable.

C.C La Sociedad de Agricultores de Colombia descartó que la solución para el campo colombiano sea una reforma agraria, ¿cómo perciben la posición de este gremio?

J.S Habría que hablar detenidamente con este gremio, pues si a algún sector deberá beneficiar una reforma agraria es al agrícola. Nosotros estamos abogando por la modernización del campo pero desde una óptica en la que se respete el equilibrio ambiental, los procesos productivos tiene que ser sostenibles en una relación de intercambio amigable con la naturaleza en el que lo fundamental es la generación de alimentos para la gente.

Yo entiendo que existe una interesante propuesta de la SAC que reconoce que la estructura latifundista de la tierra en Colombia es un anacronismo que hay que superar.

C.C Los gremios del país señalaron en el Foro que es indispensable mantener el respeto de la propiedad privada, ¿su modelo de reforma agraria pasa por la expropiación de tierras para dárselas a campesinos?

J.S No hemos hablado de perjudicar a nadie sino de acabar con la injusticia. En Colombia existe un índice Gini de 0.87 puntos en ascenso. Llegará a uno, lo que implicaría que todo pertenece a una sola persona, entonces lo que tenemos es una situación escandalosamente inhumana por superar.

Necesitamos democratizar la propiedad de la tierra y si fuere necesario la expropiación habría que hacerlo, pero lo ideal es que una reforma se de por vía de la concertación.

C.C En el comunicado que leyeron a finales del año pasado, ustedes exigieron resarcir a los 6 millones de desplazados y a "devolver a manos del pueblo las más de 7 millones de hectáreas que le fueron arrebatadas a sangre y fuego por el terrorismo de Estado". ¿Las Farc han desplazado campesinos, les devolverían la tierra?

J.S La política de las FARC es actuar en defensa y reivindicación de los más humildes y desamparados. Entre ellos se incluyen los campesinos, y nuestra relación con ellos es tan intensa que por ello nuestra composición es fundamentalmente de población rural, entonces no tiene sentido que se pretenda hacer creer que las FARC son victimarios en el proceso de despojo que ha vivido el campesinado.

C.C El gobierno parece preocupado porque "no se ha llegado a ningún acuerdo en la mesa de La Habana", ¿cómo evalúan esta preocupación? ¿Ustedes también están inquietos frente a este tema?

J.S El gobierno debe preocuparse por empezar a resolver lo que en décadas de bipartidismo y de mandato de las élites no han resuelto en materia de justicia social. Nosotros si tenemos una real preocupación porque se avance sin dilaciones, pero sin carreras que pretendan pasar de manera superficial las discusiones de los temas tan importantes que este proceso está abordando.

Nosotros tenemos propuestas claras, la población ha enviado una cantidad enorme de iniciativas. Qué espera entonces el gobierno para actuar.

C.C ¿Cuáles son, según ustedes, los acuerdos mínimos que hay que sostener en cuanto al tema de la tierra para poder avanzar a otros puntos en la negociación?

J.S Lograr la reforma agraria integral que democratice la tenencia y uso de la tierra; se deberá desarticular el latifundio, la ganadería extensiva, las economías extractivistas de enclave; habrá que poner freno a la extranjerización y devolver la soberanía al pueblo.
----------------------------------
FUENTE: Agencia de Noticias Nueva Colombia, ANNC