domingo, 8 de abril de 2012

PROCREACIÓN HUMANA “ASISTIDA”.


 (II).

Padre Alfred Cioffi, STD, PhD

El Padre Alfred Cioffi es un sacerdote de la Arquidiócesis de Miami. Tiene un doctorado en teología moral por la Universidad Gregoriana, en Roma, y otro doctorado en genética por la Universidad de Purdue, en EEUU. El Padre Cioffi colabora con las Oficinas de Respeto a la Vida de la Arquidiócesis de Miami y con Vida Humana Internacional. Continuamos lo que sigue a su artículo que comenzamos a publicar en el boletín anterior, disponible en:http://www.vidahumana.org/publicaciones-hli-vhi/boletines/item/1708-procreaci%C3%B3n-humana-%E2%80%9Casistida%E2%80%9D-i.

La Iglesia Católica enseña que la concepción de un hijo es éticamente aceptable solamente en el contexto de un matrimonio válidamente contraído [1]. Ello automáticamente coloca en el ámbito de lo inmoral o carente de ética a todas las demás posibilidades de tener hijos – ya sea de manera natural o por medio de la asistencia técnica – como el caso de que una pareja no casada conciba un hijo; que una mujer sola, casada o no, conciba por medio de un espermatozoide de un donante; o que una mujer lleve a cabo un embarazo como “madre empréstito” para otra mujer. Por supuesto, en todos estos casos lo inmoral es el contexto o la manera en que se ha engendrado al niño y no el niño mismo, cuya dignidad y cuya vida permanecen siendo inviolables.

Dentro de un matrimonio válido, hay dos consideraciones principales: la primera, que las dimensiones unitiva y procreadora del acto conyugal deben permanecer intactas; y la segunda, que cada matrimonio está llamado a ejercer la paternidad responsable.

Las dimensiones unitiva y procreadora del acto conyugal son como las dos caras de una moneda. Todas las monedas tienen dos caras y, sin embargo, siguen siendo una sola. Ello no significa que cada vez que los esposos se unan por medio del acto conyugal están obligados a concebir. De hecho, el documento insignia sobre este tema, la Encíclica Humanae vitae, declara: “En relación con las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, la paternidad responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido” [2]. Sin embargo, cada acto conyugal debe permanecer abierto a la posibilidad de la concepción. Y si la concepción ocurre, el hijo que resulta de ella debe ser amorosamente acogido.

En cierto sentido, la fecundación in vitro (FIV) es el reverso de la anticoncepción. La anticoncepción pretende hacer que la dimensión unitiva tenga lugar sin la dimensión procreadora; la FIV hace que la dimensión procreadora se dé sin la dimensión unitiva. En ambos casos, se da una separación radical entre las dos dimensiones esenciales del acto conyugal. Como en el caso de las dos caras de una moneda, estas dos dimensiones deben permanecer juntas para que el acto conyugal sea verdaderamente humano. En otras palabras, lo que hace que el acto conyugal sea plenamente humano (a diferencia de un acto meramente instintivo de auto-gratificación), es la generosidad radical que ocurre precisamente cuando se tiene el deseo de tener hijos y simultáneamente se tiene el deseo de darse totalmente al cónyuge.

De la procreación humana también se puede decir que es un acto natural y vital al mismo tiempo. Es natural que un hombre y una mujer sientan mutua atracción. De hecho, este es un principio tan universal que la complementariedad entre los géneros masculino y femenino existe en todas las especies de animales que se reproducen sexualmente. Y es un acto vital en el sentido de que es la única manera por medio de la cual la naturaleza perpetúa nuestra especie. Por ello, no tenemos la libertad de cambiar radicalmente los actos humanos que son naturales y vitales. Por consiguiente, para que la procreación humana sea ética, el espermatozoide debe fertilizar al óvulo en el lugar apropiado donde la naturaleza lo ha dispuesto, ello es, en la trompa de Falopio de la esposa (en vivo) [3]. Aunque desde el punto de vista técnico podemos extraer un óvulo, recoger espermatozoides y mezclarlos en un caja de Petri; desde el punto de vista moral no debemoshacerlo. El hecho de que ello sea legal no significa que sea moral, al igual que en el caso del aborto provocado – al cual el negocio de la FIV contribuye significativamente por medio de su propia destrucción de embriones humanos.

Continuará.

Notas:
[1]. Un matrimonio válido, tal y como lo ha definido la Iglesia Católica, es aquel entre un hombre y una mujer, siendo ambos libres para contraer nupcias, es decir, no hay vínculos previos o impedimentos en ninguno de los dos contrayentes. Para una explicación más amplia de lo que es un matrimonio válido, por favor, consúltese el Catecismo de la Iglesia Católica, especialmente en el índice analítico, el término “matrimonio”. El Catecismo está disponible en la Internet.
[2]. Pablo VI. Encíclica Humanae vitae sobre la transmisión de la vida humana, no. 10 (25 de julio de 1968), disponible en http://www.vidahumana.org/vidafam/iglesia/humanae.html.
[3]. Por favor, escriba en un motor de búsqueda el término “fertilización humana”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario