jueves, 4 de julio de 2013

El doble discurso de Dilma Rousseff - ¿hacia la izquierda tomando por la derecha?

BRASIL




En un discurso asentado en la lógica del populismo de derecha la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, con un mandato social de izquierda encarnado en el Partido de los Trabajadores le anuncia a los brasileños un gran pacto social. Nota de Roberto Cobas Avivar.-

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Sábado, 22 de Junio de 2013 (Kaos en la red).-

por Roberto Cobas Avivar

La cúpula del Partido de los Trabajadores (PT) puesta contra la pared de la razón social como opción de gobierno de izquierda acomodada a la razón del estado burgués.
En un discurso asentado en la lógica del populismo de derecha la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, con un mandato social de izquierda encarnado en el Partido de los Trabajadores le anuncia a los brasileños un gran pacto social.
Cuatro cuestionamientos meridianos desde la honestidad política , la ética revolucionaria de la izquierda y los legítimos intereses de la clase trabajadora y el pueblo brasileño:
¿Cuánto más tiempo de connivencia de la izquierda en el gobierno con el proyecto oligárquico de la derecha en el poder era necesario para que el gigante social brasileño despertare?.
¿Hubiera llamado la Presidenta de izquierda a los brasileños a un pacto social si no se hubieren manifestado con corage en las calles los brasileños contra el estado de des-derecho burgués que administra?.
¿Qué credibilidad política posee el discurso coyuntural de emergencia social de la Presidente de la República?.
¿Por qué con el doble discurso a los brasileños se intenta desde la Presidencia de izquierda neutralizar el nervio sociopolítico que, por fin, sacude del letargo al pueblo brasileño?.
Dilma Rousseff desde el característico pragmatismo político de derecha ha procurado no llamar las cosas por su nombre. El populismo de derecha se diferencia del populismo de izquierda – expone Slavoj Zizek – en que el primero no cree a priori en lo que proclama. ¿Cree la Presidente de izquierda Dilma Rousseff en lo que dice?
En primer lugar, tal como sucede en todos y cada uno de los países donde el pueblo ha tomado las calles ante la inmisericorde ofensiva del capital en su deriva financiera contra los trabajadores, Grecia, España, Portugal, Italia, el discurso de las derechas empoderadas en los gobiernos cuestionando en nervioso contraaque desde el estado burgués y deslegitimando políticamente la “violencia física” de los manifestantes, Dilma Rousseff toma la palabra y declara no tolerancia del Estado burgués brasileño contra los brasileños indignados ante la sistémica y sistemática violencia de dicho Estado. La coacción política contra el pueblo desde la Presidencia del Estado es y será la constante de la gobernabilidad de los estados del capital. Dilma Rousseff ni por un instante en su doble discurso condena la violencia ejercida de entrada por el estado burgués a través de sus cuerpos de represión policial y armados contra los manifestantes que han tomado por centenas de miles las calles del país. Después de décadas de calma social en la superficie del sistema, el Estado, asustado de sí mismo, llama a la calma. La calma es necesaria para mantener el estado de violencia del estado contra el pueblo. Es necesario, por lo tanto, ante todo, mantener a todo coste al pueblo en la “calma”.
Si el llamado de la Presidenta izquierdista a la protesta social en paz hubiera sido contrapesado con la condena de la violencia policial armada del Estado burgués brasileño contra el pueblo brasileño, la credibilidad del discurso de la representante del Partido de los Trabajadores hubiera tenido por lo menos el beneficio de la duda. Reducir la ira social contra la explotación social del estado burgués a los siempre presentes ¨grupúsculos violentos” no pasa de la manipulación política en justificación de la violencia represora derechista del estado de la burguesía. Dilma Rousseff acoplada al disrcurso cursi burgués expone que es la Presidenta de todos los brasileños, los que protestan y los que no protestan. Los que protestan en paz reciben las balas de goma que sacan ojos y dejan inválidos a los ciudadanos incluso que no protestan. Esa ha sido la elocuente imagen que da la vuelta al mundo de la periodista de O Globo, medio de prensa de la burguesía, caída en la acera con un ojo reventado por una bala de goma que con sangre fría y a quemarropa le dispara la autoridad del estado burgués.
“Brasil, sociedad en trance: abatida entre los espejismos de la elite de poder y la agonía del estado-nación” (Rebelión, 17.06.2005)i, es el texto en que a dos años del primer mandato de Lula da Silva analizo el estado de cosas en el estado brasileño. Un país donde la tuberculosis no se acorrola frontalmente porque es una enfermedad de pobres, y el HIV se ataca con toda la fuerza del estado porque empezó diezmando a las llamadas clases medias-medias y altas. Un país donde el 50% de los trabajadores son precarios marginados y otro tanto de la población le es dispensable al modelo económico. A diez años de gobiernos del Partido de los Trabajadores no ha cambiado nada cualitativamente político en Brasil. Aprovechado el gobierno progresista del otrora líder de los trabajadores por la derecha mundial en su ataque contra los gobiernos revolucionarios de izquierda de Venezuela, Bolivia y Ecuador, se alimentó en el sistema mundo la imagen de la izquierda políticamente correcta en el gobierno durante todo este tiempo. Del drama del "milagro brasileño" de las derechas al milagro brasileño de la izquierda cual repetición de la historia como farsa. El gobierno de Lula da Silva, situado en el ala de centro de las derechas y oligarquías latinoamericanas supo ajustarse al poder burgués repartiendo entre los brasileños un poco peces. La vara de pescar debía seguir estando en las manos de la burguesía y la oligarquía que detenta el poder en el estado hereditario, como lo examinara y caracterizara el prof. Jerzy Sach, estudioso de Brasil al frente de la cátedra sociológica de la Escuela de Altos Estudios Sociales de París.
El estado hereditario de la burguesía, estado del poder del capital oligárquico financiero e indutrial, estado de la corrupción, estado de la exclusión social sistémica, estado de la opresión latifundista contra el campesinado, estado de la opresión urbana contra los ciudadanos, ha logrado la operación política más importante en el continente en los útlimos diez años. Mantener la estructura de explotación del capital contra el trabajo intacta, acrecentada, aprovechando para ello los gobiernos en curso del Partido de los Trabajadores.
Este despertar “díscolo” del pueblo brasileño que complica el sueño apasible del estado de la burguesía expresa todo el potencial de subjetivación social política al que el Partido de los Trabajadores convertido en Gobierno decidió renunciar desde hace 8 años. Gobernar con el capital para sedimentar su poder y no con el pueblo para empoderar a la clase trabajadora y a la ciudadanía, ha sido el credo contrarrevolucionario del PT en el Gobierno de Brasil. La repartición bíblica de los peces a los hambrientos - programas fome cero, bolsa escolha, etc, etc - en un despliegue de caridad estatal legitimante del capital, han sido las fronteras políticas que se auto impuso el PT en el Gobierno. No cambia la actitud ante la sucesión del Gobierno petista con la Presidenta Dilma Rousseff. ¿No ha sido ese divorcio político de la elite petista en Gobierno con las bases populares, con el pueblo, con la mayoría de la sociedad - esa cuya mitad sigue subsistiendo con dos dólares diarios para que el capital siga in crecendo en manos de la minoría burguesa -, lo que ha reposicionado el estado de la derecha, sepultando la trayectoria emancipatoria de Brasil?
Ahora, ante la sacudida social del ¨gigante¨, la Presidenta petista “descubre” el potencial político desdeñado en el pueblo para un pacto social. ¿Por cuáles razones que no sean el descreimiento entreguista de las izquierdas en el gobierno no se gobierna con el sentir y los intereses del pueblo? ¿Por qué razones las izquierdas en el gobierno se convierten en legimadoras políticas de las derechas en el poder, consolidando eternamente el estado de opresión del estado capitalista, sin siquiera cuestionarlos desde la legitimidad del mandato político con que el pueblo los pone en los gobiernos? No es aquí ahora necesario explayarse en algún ensayo político. Basta con la constatación del contraste con los gobiernos de izquierda de Venezuela, Bolivia y Ecuador. No hablamos de una corriente progresista burguesa como la que representan los gobiernos Kichner en Argentina. Estamos refiriéndonos a un mandatario obrero y a una ex militante de movimientos armados de izquierda, representantes y líderes de un partido obrero bajo cuya legitimidad social son llevados por el pueblo al Gobierno.
¿Qué pacto social de urgencia le propone a los brasileños después de diez años en el Gobierno la representante ahora del Partido de los Trabajadores? ¿Irá acaso más allá del contrato social de J.J Rousseau, o se acercará algo al estado de justicial social de G. Rawls? ¿O traspasará las fronteras de esas avanzadas ideas burguesas y le dirá al pueblo brasileño a toda voz: por cuáles razones, al menos, Brasil no puede reencarnar el estado de justicia social y bienestar material de países capitalistas como los escandinavos? ¿porqué razón los brasileños han de seguir soportando en calma el estado hereditario retrógado de las burguesías y las oligarquías sempiternas de Brasil y sus alianzas antinacionales con el capital transnacional? ¿O le propondrá la Presidenta Dilma Rousseff un pacto social a los brasileños que exprese la necesidad de encaminar el Brasil hacia el socialismo en el siglo XXI? Así de diáfano, consecuente y políticamente honesto.
Un pacto social desde y a la izquierda le exige a un Partido de los Trabajadores en el Gobierno que declare como bandera la inequívoca lucha del trabajo social contra el capital burgués. Otro proceder, la evasión de esta certidumbre ideológica, desmoraliza y desarma políticamente a la clase trabajadora y a los sectores sociales progresistas, la conciencia de clase para sí se mina desde la propia izquierda. A un Partido de los Trabajdores se le exige eso como plataforma programática, como bandera sociopolítica de lucha por el poder y desde el poder. Se le exige como discurso político desde el compromiso de izquierda y la honestidad política en el Gobierno.
Hoy un pacto social mínimamente progresista y viable, cuya estirpe democrática sea consecuentemente de izquierda, exige el valor político desde la izquierda en el Gobierno para plantearle al pueblo brasileño que el compromiso con el reclamo social está en ir, sin medias tintas, hacia la civilización del hombre por el hombre y para el hombre como ser social:

Política social - hacia un estado social egalitario próspero (GINI – 23%), cuyos ejes están en:

  • Salud pública universal, gratuita y de alta calidad para todos los brasileños
  • Educación universal pública, gratuita y de alta calidad para todos los brasileños,
  • Vivienda y transporte como bienes públicos de acceso universal y no como mercancías.
  • Cultura y deportes como bienes públicos, fuera de la mercantilización primitiva del capital.
  • Un renta universal básica de ciudadanía gratuita para todos los ciudadanos brasileños.
  • Instrumentario político - hacia el estado de la democracia protagónica, cuyos ejes están en:
  • Institucionalización del referendo nacional vinculante en cuantas deciones políticas y proyectos socioeconómicos que afecten el desarrollo democrático civilizacional de los brasileños.
  • Igualdad y garantía del Estado hacia todas las formas de propiedad sobre los medios de producción y el capital.
  • Imposición progresiva a la renta del capital y sus afluentes colaterales (rentas de los ricos).
  • Imposición irrestricta de una tasa Tobin al capital financiero.
  • Hermetización del erario público, la riqueza producida por los brasileños, contra la evasión fiscal y la salida a paraísos fiscales.
  • Una lucha real, sistémica, de Gobierno y Pueblo contra la corrupción institucionalizada en el estado burgués.
 A un Partido de los Trabajadores se le exige como azimut ideológico el pragmatismo de izquierda que puede hoy acompañar a los movimientos revolucionarios de avanzada como los que se dan en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Se le exige desde la única legitimidad posible, la de la solidaridad regional en la lucha de la izquierda por un mundo sin capitalismo.
 Algo queda fuera de toda duda. Sin la reversión del carácter reaccionario del estado hereditario burgués brasileño una América Latina mejor no será posible.
 RCA

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