jueves, 7 de junio de 2012

El futuro de Líbano pende de la posición de Hizbolá sobre Siria.

LÍBANO
Por Antun Issa
Al-Ajbar (edición en lengua inglesa)

Traducción para Rebelión de Loles Oliván.


Los recientes enfrentamientos en Líbano han enfocado la atención en la dudosa capacidad del país para evitar que la crisis siria se extienda a su territorio. La tensión en el país ha alcanzado su punto más álgido con una serie de incidentes sin relación entre sí pero todos ellos vinculados de alguna manera con la crisis siria y que amenazan con que vuelva el caos a un país demasiado familiarizado con él.
A pesar de los temores, una guerra civil sigue siendo poco probable aunque sólo sea por la ausencia de un ponderado equilibrio de poderes que amenace con estallar. En 1975, Líbano quedó polarizado entre una OLP poderosa y fuertemente armada y los falangistas, el actor político libanés dominante en aquel momento. En 2012, sólo Hizbolá domina en el país y es la única fuerza que cuenta con armamento pesado. Ningún grupo de milicianos con AK-47 y RPG lo igualará.

Hassan Nasrallah

Pero es el poder y no la lógica lo que determina a largo plazo la estabilidad de Líbano. Una solución lógica a las tensiones recientes en Líbano pondría el acento en los problemas socio-económicos de los empobrecidos suníes y se aplicaría a todo el país a fin de limar las divisiones sectarias y evitar la amenaza del extremismo. Sin embargo, la lógica no desafía al poder y en Líbano el poder pertenece a otro, a alguien que tiene todas las cartas, desde la de la estabilidad a la de la prosperidad del país: Siria.

Las disputas libanesas no acabarán nunca en el interior del país sino en Siria, donde se decidirá su futuro junto con el del pueblo sirio. La política de Hizbolá respecto a la estabilidad de Líbano está supeditada a su estrategia en la crisis siria y al éxito del resultado que se desea.

Dinámicas naturales del poder

Entender la posición de Hizbolá, en tanto que poder de facto en Líbano, sobre la crisis siria requiere una sólida comprensión de la naturaleza de las relaciones entre Líbano y Siria. Es insensato suponer que la decisión de Hizbolá yace simplemente en la cuestión de apoyar al antiguo aliado del régimen baazista. Al igual que todas las potencias con intereses en la crisis siria, Hizbolá ha calculado sus propios intereses, y por defecto, a regañadientes, ha asumido el papel de protector de los intereses de la seguridad de Líbano.

Ser el protector de Líbano, sin embargo, va acompañado de una serie de limitaciones. La posición de Hizbolá hacia Siria es un emblema en la dinámica de poder entre Líbano y Siria. Durante su corta vida, Líbano no  ha conseguido desembarazarse de la influencia natural de Damasco. De hecho, toda su historia política ha sido en gran medida una lucha por cómo escapar de Siria. Su misma existencia se basa en la promesa de un refugio seguro para las minorías montañesas por parte de los poderosos jefes de Damasco, un proyecto que ha estado condenado desde el principio.

La frontera diseñada por los franceses puede haber separado oficialmente a Líbano de Siria pero más de seis décadas de historia moderna muestran que el verdadero jefe de Líbano no es la secta o la facción que gobierna las calles de Beirut. Más bien, es el jefe que se encuentra a la cabeza de Damasco.

Pero mientras Hizbolá se hace con el control de los asuntos exteriores de Líbano, es imperativo que cualquier posición respecto a Siria se sitúe en el contexto de las dinámicas de poder entre los dos Estados y las limitaciones impuestas a Hizbolá. Ningún poder de Líbano podrá jamás dar lecciones a los jefes de Siria sobre cómo determinar su política. Poder e influencia no son una vía de doble sentido entre Damasco y Beirut.

Opciones y limitaciones de Hizbolá

Si bien una Siria democrática podría ser la mejor salida para Líbano no será desde Beirut desde donde emerja ese llamamiento. Hizbolá, como todas las sectas libanesas, está limitada por la agobiante influencia siria en el país. El régimen de Assad ha situado suficientes controles y contrapesos para garantizar que Hizbolá nunca se salga de la línea.

La prioridad número uno de Hizbolá es la unidad de la comunidad chií de Líbano. Esta cuestión es tan necesaria para la supervivencia de Hizbolá que hace mucho tiempo que Siria estableció su control cuando el movimiento de inspiración jomeinista apareció por primera vez en los años 80 e Irán quiso apartar a los chiíes libaneses de las garras del partido Baaz. El empoderamiento de Nabih Berri, jefe del movimiento chií Amal, por parte de Siria es suficiente para asegurar que Hizbolá siga controlado.

El verdadero cambio en Líbano se producirá una vez que el verdadero cambio llegue en Siria. No es el cambio en Siria lo que teme Hizbolá sino el cambio a peor ?la instalación de un [poder] islamista delegado de Arabia Saudí. Sin embargo, Hizbolá y Líbano, por todas las restricciones que impone el poder natural de Siria sobre el país, no pueden permitirse el lujo de consentir que tales limitaciones determinen completamente su política respecto a la crisis. El régimen baasista no puede mantener su dominación por la fuerza por siempre, y es inevitable que una minoría de la dirección en Damasco sucumba a la mayoría en algún momento. Hizbolá, el actor más racional que jamás ha visto Líbano, es sin duda consciente de que a largo plazo la supervivencia de Assad es, en el mejor de los casos, frágil.

Lo que surja de la Siria post dictadura baazista determinará la supervivencia de Hizbolá, y de hecho, la composición de Líbano. La guerra por el futuro ya ha comenzado, y Arabia Saudí no ha perdido tiempo en bombear petrodólares a grupos islamistas y salafistas en Siria con la esperanza de que un espejo saudí alcance el trono. Este escenario es una pesadilla que Hizbolá ha reconocido y se ha comprometido a combatir. Pero la lucha contra tal escenario no se limita a respaldar la represión de Assad contra las protestas, lo que no tiene esperanza de tener éxito a largo plazo. Por el contrario, los intereses de Hizbolá ahora descansan en un futuro alternativo que beneficie tanto a Siria como a los intereses nacionales de Líbano, ya que están entrelazados y no se pueden determinar por separado.

No es y no puede ser simplemente una elección entre una dictadura de Assad o una dictadura suní con respaldo de Arabia Saudí. Existen alternativas entre los grupos de oposición interna en Siria, movimientos que siguen comprometidos con los intereses sirios y libaneses, con Palestina, y con su soberanía colectiva. Poderosos elementos del régimen de Assad todavía creen que pueden salir de la tormenta a través del poder de las armas, como es evidente por la continua detención arbitraria de activistas y por la violencia en curso. Hizbolá no puede caer en el mismo cálculo erróneo y permitir que el régimen siga el camino de la guerra civil, un conflicto que, sin duda, se llevará por delante a Hizbolá y a Líbano.

Hizbolá puede promover las voces que desde el interior del régimen se han comprometido a propiciar reformas ?serias? en el país. Los intereses de Hizbolá no son exactamente los mismos que los del régimen de Assad, y la necesidad de estrategias que tienen que ver con las perspectivas sirias a corto y largo plazo requieren remodelarse conforme al previsible resultado de que el partido Baaz se verá obligado a hacer concesiones en algún momento. Esto no requiere un completo abandono de Assad ?como se ha indicado anteriormente, esta es una posición fija impuesta a Hizbolá y a Líbano. Sin embargo, dentro de los límites de la relación, Hizbolá ?con su poderoso patrón iraní de su parte? puede promover las voces que dentro del régimen se han comprometido a aplicar plenamente el plan de Kofi Annan; proporcionar serias reformas en el país, y poner fin a la arrogancia del imperio de la fuerza. También se pueden cultivar lazos con los grupos de oposición interna de Siria que quieren hallar una solución política y pacífica y promover la reconciliación entre ellos y los elementos del régimen dispuestos a forjar una nueva Siria, debilitando a los elementos de la oposición respaldados por Arabia Saudí.

La seguridad de Líbano depende del enfoque de Hizbolá hacia Siria. Hizbolá debe abordar las preocupaciones de todos los libaneses, incluidos los marginados y empobrecidos suníes, si se quiere que Líbano se mantenga estable y asegurarse de que la violencia no le abata desde el interior del país. Ello requiere un reajuste de su enfoque hacia la crisis siria, reajuste que se acomode a la creciente amenaza de islamistas suníes radicales en casa. Evitar una guerra civil siria constituye un interés a corto plazo para Hizbolá y, de hecho para Líbano, ahora que el país ha sabido lo que podría ocurrir. Garantizar  que emerja una Siria próspera y estable que respete los derechos y los deseos de su pueblo y que sea fiel a la soberanía de Siria constituye el interés a largo plazo de Hizbolá y de Líbano. Si una Siria próspera, estable y sana equivale realmente a un Líbano próspero, estable y sano, entonces Hizbolá no tiene más remedio que planificar un futuro sin el Baaz.

Antoun Issa es el editor de las secciones de Noticias y Opinión de Al-Ajbar en lengua inglesa.  

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