lunes, 6 de enero de 2014

Declaración de la XIII Comisión Política del Congreso de los Pueblos.

COLOMBIA

Nuestro propósito para el nuevo año:
ENRUMBAR EL PAÍS POR UN CAMINO CIERTO DE PAZ Y VIDA DIGNA

En los territorios de Bakatá, donde se concentran históricamente las rabias y las ilusiones de la gente de estas latitudes, nos encontramos nuevamente la diversidad de procesos sociales y políticos que nos articulamos en Congreso de Pueblos para ratificar nuestro compromiso de seguir caminando juntos en el horizonte de una Colombia para la vida digna.


Se trata de la XIII Comisión Política en la que hicimos un examen del año que termina, a partir de lo cual proyectamos nuestra acción en los principales escenarios en donde el futuro del país está debatiéndose entre las penurias neoliberales y el Buen Vivir.
Les comunicamos a los colombianas y colombianas, que el balance de nuestra presencia en el crucial momento político por el que pasa nuestro país ha sido bastante satisfactorio. Podemos decir con orgullo: el Congreso de los Pueblos estuvo en el seno de las importantes luchas sociales que durante todo el año surcaron el territorio y la conciencia nacional, sembrando aquí y allá, con la pedagogía del hacer, las semillas de esperanzas renovadas que alientan la voluntad transformadora de cada vez mayores sectores sociales del país.
Constatamos que un nuevo sentimiento de vida se empieza a instalar en el alma del pueblo colombiano; porque las protestas sociales no demandaron solamente reivindicaciones agrarias, laborales, ambientales, educativas, culturales; la justicia, la salud, la vivienda, los servicios, el transporte. Todas ellas expresaron de diferentes maneras la intención de un nuevo país; en todas ellas se desplegó la democracia protagónica de los pueblos, la que construye soberanías, derechos y libertades.
Las manifestaciones sociales de este año, desde el paro cafetero en febrero, precursor del gran Paro Agrario, pasando por el paro de los mineros y la minga indígena, hasta la Bogotá indignada por el zarpazo a la democracia que propició la derecha dictatorial, evidenciaron la absoluta crisis del modelo económico y político que ha tratado de imponerse. Una situación objetiva que la élite gobernante se niega a reconocer, poniéndole trancas a las puertas de la Paz. La solución política del conflicto armado implica abrir todas las posibilidades para que el pueblo colombiano pueda decidir sobre el camino que se requiere transitar hacia una paz sostenible y eficaz, una paz que supere la crisis que en todos los órdenes padece esta sociedad que nos angustia.
En esta perspectiva, los pueblos en Congreso insistimos en cuatro lógicas que es necesario remover: nuestro bienestar y nuestra felicidad no dependen del mercado internacional ni de los imperios; una economía para el buen vivir no puede sostenerse en el extractivismo de nuestros bienes naturales, ni en la ambiciosa acumulación; garantizar la autonomía alimentaria es un asunto de sobrevivencia estratégica y no un artículo de libre comercio; y, esencialmente, la libre voluntad de los pueblos, bien acotejada, siempre señalará el horizonte de la cultura donde impera la vida.
En consecuencia, la XIII Comisión Política del Congreso de los Pueblos llama a los colombianos y colombianas a que en el nuevo año avancemos en esos propósitos; a que concentremos mentes, espíritus y quehaceres comunes en estas líneas de acción política:
1.    Una gran movilización nacional unitaria, que remueva las trabas y triquiñuelas que el gobierno quiere imponer para seguir eludiendo las demandas y mandatos populares. Desde ya empezamos el aprestamiento para esta movilización del año 2014, que debe permitirnos avanzar en una paz con justicia social y condiciones reales de democracia, soberanía y vida digna.
2.    La participación efectiva en la solución política del conflicto armado y en la construcción de la Paz. Para eso necesitamos un movimiento social por la paz, dotado además de una Agenda propia, en lo que el Congreso Nacional para la Paz realizado en abril aportó un acumulado de mandatos. Las luchas sociales que adelantamos no son ajenas a la construcción de una nación en Paz, en ellas están inmersas nuestras aspiraciones de justicia. Por ello validamos los espacios que nos agrupan en esos objetivos: la Ruta Social Común para la Paz y el Clamor Nacional por la Paz, desde donde seguiremos convocando, junto con otros procesos, a quienes nos sentimos comprometidos y comprometidas en esta tarea histórica.
3.    La construcción de un modelo minero y energético alternativo capaz de frenar la destrucción ambiental y social que está causando la locomotora transnacional. Precisamos recuperar la soberanía sobre los bienes naturales, revertir las concesiones, ordenar comunitariamente los territorios, mejorar las condiciones laborales, reducir los precios de los combustibles, elevar la rentabilidad para el país, potenciar la producción agrícola e industrial de la nación y garantizar los derechos sociales. Apoyamos la iniciativa de encontrarnos para eso en un Congreso Nacional.
4.    La restitución histórica de la tierra y de la soberanía agroalimentaria. Vamos a recuperar las tierras que nos han despojado y a colocarlas al servicio de la producción agrícola del pueblo colombiano. Debemos hacer parte decisiva de la cadena alimentaria, desde las semillas hasta el consumo y el reciclaje, en los campos y en las ciudades, sin las imposiciones de los TLC. Las culturas campesina, indígena y negra, son esenciales para nuestra autonomía alimentaria y el territorio es su sostén. Invitamos a que tejamos esas perspectivas de acción en la Cumbre Agraria, Étnica y Popular convocada para los días 22, 23 y 24 de febrero.
5.    El fortalecimiento de la unidad del pueblo en la proyección de un movimiento social y político, que exprese la más amplia articulación de las luchas populares en torno a la construcción de un nuevo país. Estamos superando la soledad de nuestros conflictos con el modelo, porque estamos aprendiendo a rebasarlo colectivamente desde la diversidad que somos. Esa trama de visiones y voluntades hay que tupirla más para hacerla más resistente. Necesitamos cohesionarnos en los espacios que hemos configurado alrededor de la paz, de lo minero-energético, de lo agroalimentario, en los movimientos de las mujeres y de los jóvenes, en la minga indígena, en la MANE y la Comosocol.
6.    Y en este año que se avecina, debemos colocar nuestros esfuerzos por hacer de las ciudades el escenario de articulación del movimiento urbano nacional. En el diseño de una propuesta de ciudad y de una agenda común, los procesos sociales urbanos del país han asumido el reto de convocar un Foro Alternativo al Foro Mundial Urbano que realizará la institucionalidad internacional en Medellín, en el mes de abril. Ahí urgimos estar todos y todas.
Recordamos también en este balance de año, que la agresividad con la que el establecimiento y sus aparatos represivos negaron las justas demandas sociales y políticas, nos dejaron heridas, encierros y ausencias definitivas, como las de la compañera Adelina Gómez Gaviria en el Cauca y el compañero Jesús Rodríguez en Nariño. Un movimiento en contra de la criminalización y la militarización de la protesta social, también es un compromiso ineludible para quienes consideramos legítimas las causas del pueblo.
Se trata en fin de continuar y cualificar en todos los aspectos la trayectoria que nos marcaron las luchas sociales de este año, para asumirlas en el año que viene con horizontes más amplios, estrechando propuestas y voluntades; para desarrollar acciones conjuntas que nos permitan materializar nuestros anhelos de vivir en una Colombia digna, soberana, democrática y en paz, como nos la merecemos.

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